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La Ley de Dios
"Los Diez Mandamientos"

EL ARCA DE DIOS

   La Santa Biblia es la Palabra de Dios; y es en base a ella que debemos vivir cada instante de nuestras vidas. Ella es el único mapa de que dispone el ser humano para ir al cielo.  Es interesante que por de miles de años, no importa la cultura ni el avance en la civilización, las verdades, y enseñanzas de este libro sagrado están y seguirán estando vigentes.

   Cuando estudiamos la Palabra de Dios, vamos a ella con un corazón abierto a sus enseñanzas, tomando en cuenta que es la máxima autoridad en asuntos morales, doctrinales y religiosos.  Debemos pedir de Dios su Santo Espíritu, quien inspiró a sus escritores a que descienda a nosotros y nos haga entender las santas verdades y que las grabe en nuestros corazones.

Hay una regla de estudio bíblico y es que cuando un escritor del Nuevo Testamento hace una referencia de algún suceso o una historia del Antiguo Testamento; esa historia o suceso, que pasó o que se aplicaba al Israel antiguo, se aplica a la iglesia, al pueblo de Cristo hoy.

   Por ejemplo; en Mateo 24, Jesús compara su segunda venida en poder gloria y majestad como en los días de Noé, y los días de Lot.  Entonces debemos entender que aunque estas son historias reales del Antiguo Testamento, las condiciones en que se encontrará el mundo poco antes de la segunda venida de Jesús serán similares a las condiciones que imperaban en los días de Noé y Lot.

   Todas las historias y sucesos del Antiguo Testamento, además de ser historias son profecías que se cumplieron en la vida de Jesús y muchas se cumplirán con su iglesia.

Además de la comparación de Noé y el diluvio; encontramos muchas historias que son también profecías.  El sacrifico de Isaac por su padre Abrahán, ilustra el sacrificio de Jesús por su Padre Celestial. Las doce tribus de Israel, representaban el completo pueblo de Israel, así mismo el Señor Jesús eligió a doce discípulos que representaran a todo el pueblo de Israel, y así como una de las tribus (la tribu de Dan), fue cortada y en su lugar fue colocada otra, así también uno de los discípulos fue cortado (Judas) y en su lugar fue colocado otro.

   El nacimiento de Moisés, que fue profetizado por José antes de morir, el decreto de Faraón para matar a todos los niños, y Moisés tiene que ser escondido en Egipto para que no muera, es simbólico y profético del nacimiento de Jesús, el cual fue profetizado por muchos profetas.  Herodes manda a matar a todos los niños menores de dos años, y Jesús es escondido en Egipto para que no muera. ¿Coincidencias?, en la Biblia no hay coincidencias, todo está divinamente trazado para que se cumpla todo lo que Dios ha dicho.  Estos son unos pocos ejemplos, pero la Biblia está llena de ellos; el punto que queremos recalcar es que cuando en el Nuevo Testamento se hace referencias al Antiguo Testamento, esas referencias que ocurrieron en y para el Israel antiguo, también tienen su cumplimiento en y para la iglesia de hoy.  Veamos:

   “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de Larica espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto.  Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.

Ni seáis idolatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar.Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil. Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes.
Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.” (1 Cor. 10:1-12)

   Según estos versículos, toda la historia del pueblo de Israel es un ejemplo para nosotros, “a quienes han alcanzado los fines de los siglos”, por eso recalcamos una vez mas; cuando en el Nuevo Testamento se hace referencias del Antiguo Testamento, esas referencias son importantes para la iglesia de hoy.

Con esto en mente ahora vayamos a nuestro estudio del Arca de Dios.

   Leamos 1 Juan 3: 4-8: “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley. Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.
Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido.
Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.”

   Estos versículos son muy significativos. La Biblia nos dice que el pecado se originó con el diablo pues él peca desde el principio. Lo que quiere decir que el pecado no se originó cuando Adán y Eva pecaron en el huerto del Edén como enseñan muchos, es más; La Biblia nos enseña que el pecado se originó en el cielo. En Ezequiel 28: 13-16: “En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisolito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación. Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector.”

Si unimos estos versículos con Isaías 14: 12-14: “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones.Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte. Sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.”

   Entendemos claramente que la Biblia nos enseña que el pecado no sólo se originó con el diablo desde el principio porque él pecó; sino también que fue en el cielo, no en la tierra, mucho antes de que Dios creara a Adán y Eva. El pecado entró a nuestro mundo cuando nuestros primeros padres Adán y Eva pecaron; pero ya el diablo había pecado en el cielo. La pregunta es: Si el pecado se originó en el cielo; y la Biblia dice que el pecado es infracción (violación, quebrantamiento, trasgresión como dicen algunas versiones) de la ley, ¿significa esto que el diablo violó, infringió, transgredió, quebrantó la ley en el cielo?

Entonces; según la Biblia en el cielo hay una ley que el diablo infringió.

Satanás quiso sentarse en el monte de Dios, en el monte del testimonio, lo que indica que el trono de Dios, desde donde El gobierna todo el universo está en el monte del testimonio en el cielo.
   Por consiguiente, si en el cielo hay una ley; podríamos preguntar: ¿Cuál ley?

Santiago 2:10-12 nos da la respuesta: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No mataras. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley. Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad.”

   Entonces; no sólo pecamos cuando infringimos, transgredimos, quebrantamos la ley, o uno de sus puntos; sino que seremos juzgados por esa ley. Pero volvemos a preguntar: ¿Cuál ley? Analicemos esto más detalladamente y observemos lo que la Biblia dice.

   “Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinai, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios.” (Exo. 31:18).

Notemos que Dios le da a Moisés dos tablas de piedras que contienen los Diez Mandamientos de Dios. Estas dos tablas son llamadas también las tablas del testimonio, y fueron escritas por Dios, escritas físicamente con el dedo de Dios.Moisés no escribió los Diez Mandamientos, no encontró las tablas en el monte. Dios no le dictó a Moisés los Diez Mandamientos, Dios le entregó personalmente a Moisés las tablas del testimonio, los Diez Mandamientos escritos por Dios mismo.

   Es interesante notar que la Biblia menciona sólo dos cosas hechas por Dios físicamente.

En Génesis notamos que Dios llamó a la existencia todo lo que fue creado en la semana de la creación; menos al hombre. Nuestro Creador no llama al hombre a la existencia; sino que con sus propias manos forma el cuerpo del hombre, lo esculpe completo físicamente y luego sopla el “aliento de vida” en sus narices y el hombre llega a ser un “alma viviente”.

Lo mismo sucede con los Diez Mandamientos. Dios no se lo dicta a Moisés, ni le dice a Moisés que escriba lo que Moisés crea que es correcto. Dios mismo desciende del cielo, así mismo como descendió del cielo para crear al hombre, desciende  y escribe físicamente en las tablas del testimonio, los Diez Mandamientos, escritos con el dedo de Dios. Parece ser que esto es tan importante que Dios no lo relegó al hombre (Moisés) para que lo escribiera.

   Pero; ¿Qué es el dedo de Dios?

Notemos lo que nos dice la Biblia en Mateo y Lucas:

 “Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros.” (Lucas 11:20). Comparémoslo con el versículo paralelo

“Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios.” (Mat. 12:28).
Por consiguiente, según la Biblia el dedo de Dios es el Espíritu Santo.
Por esta razón el apóstol Pablo en Romanos 7:14  llama a la ley de Dios espiritual, pues fue escrita por el Espíritu Santo de acuerdo a la Biblia.

   Notemos el contexto en que fueron dados los Diez Mandamientos:

“Aconteció que al tercer día, cuando vino la mañana, vinieron truenos y relámpagos, y espesa nube sobre el monte, y sonido de bocina muy fuerte; y se estremeció todo el pueblo que estaba en el campamento. Y Moisés sacó del campamento al pueblo para recibir a Dios; y se detuvieron al pie del monte. Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego; y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera.” (Exo. 19:16-18).

Cuando Dios desciende sobre el monte Sinaí para dar su ley al pueblo, el monte tiembla en gran manera frente a la presencia de Dios, pues él desciende en fuego. ¡Qué escena más conmovedora debió de ser esta!
Pero el pueblo debía de estar haciendo algo antes de que Dios les diera la ley:

 “Y Jehová dijo a Moisés: Ve al pueblo, y santifícalos hoy y mañana; y laven sus vestidos, y estén preparados para el día tercero, porque al tercer día Jehová descenderá a ojos de todo el pueblo sobre el monte Sinaí. Y señalaras termino al pueblo en derredor, diciendo: Guardaos, no subáis al monte, ni toquéis sus limites; cualquiera que tocare el monte, de seguro morirá.” (Exo. 19:10-12).

   El pueblo debía de lavar sus vestidos y santificarse para poder recibir de manos de Dios su ley. Dios le da la ley a un pueblo libre, un pueblo que era esclavo en Egipto y no tenia los medios para liberarse por sí mismos. Dios los libera de su esclavitud, y los lleva a un lugar seguro, y cuando están del todo libres de sus viejos amos, entonces es cuando Dios les da la ley, una ley que ahora ellos pueden obedecer, no por obligación porque ya no son esclavos, sino por voluntad propia, porque son libres, por amor a su Creador, Libertador y Redentor, Jehová Dios.

   Recordemos que según el apóstol Pablo esto aparte de ser una historia real también es importante para nosotros hoy, ya que es una historia tipologica para nosotros; pues describe nuestra experiencia cristiana en esta vida; porque al igual que el pueblo de Israel, que era esclavo de Faraón rey de Egipto, el cual es llamado el gran dragón en Ezequiel 29:3:Habla, y di: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, Faraón rey de Egipto, el gran dragón que yace en medio de sus ríos, el cual dijo: Mío es el Nilo, pues yo lo hice.”

Así también nosotros éramos esclavos de Satanás el “gran dragón” (Apo. 12:9); y no podíamos librarnos por nuestros propios medios; pero un día viene Jesús a nuestras vidas y, al igual que el pueblo de Israel que tuvo que celebrar la Pascua en representación del sacrificio de Cristo y su liberación; nosotros lo aceptamos a él como salvador y libertador personal y somos perdonados por su sangre derramada en sacrificio por nosotros.
Luego somos bautizados, como el pueblo de Israel fue bautizado en la nube y en el mar.

Y al salir de las aguas bautismales, renacemos a una nueva vida donde el pecado y el viejo hombre han sido sepultados en las aguas, como salió el pueblo de Israel del mar al otro lado a una nueva vida, y sus antiguos amos, sus enemigos fueron sepultados en las aguas. ¡Qué maravillosa es la Palabra de Dios! Todo tiene sentido, todo encaja perfectamente. El plan de la redención del hombre es un plan perfecto, donde el más mínimo detalle fue tomado en cuenta por Dios. ¡Qué grande y bueno es nuestro Dios!

   Y ahora, libres de Satanás y del pecado; debemos de hacer lo que el pueblo de Israel debía hacer: Lavar nuestras ropas en la sangre de Cristo y por medio de su Santo Espíritu, santificarnos y regocijarnos en nuestro Dios y Redentor. Obedecemos la ley de Dios, no por obligación, sino por amor. “Si me amáis, guardad mis Mandamientos. El que tiene mis Mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.” (Juan 14:15,21).

   Observemos algo mas; cuando Dios desciende al monte Sinaí para dar la ley al pueblo; Dios no desciende solo: “Dijo: Jehová vino de Sinaí, Y de Seir les esclareció; Resplandeció desde el monte de Parán, y vino de entre Diez millares de santos, con la ley de fuego a su mano derecha. Aun amó a su pueblo; todos los consagrados a él estaban en su mano; por tanto, ellos siguieron en tus pasos, recibiendo dirección de ti, cuando Moisés nos ordenó una ley como heredad a la congregación.” (Deut. 33:2-4).

   Cuando Dios descendió para dar escribir los Diez Mandamientos y darlos al pueblo, no vino solo al monte Sinaí, sino que bajó con millares de ángeles. Estos santos aquí no pueden ser seres humanos llevados al cielo por Dios, como algunos sugieren, pues para este tiempo sólo Enoc, era el único ser humano llevado al cielo de esta tierra por Dios.

Vamos a resumir lo que hasta aquí hemos estudiado.

  • El pecado es transgresión o infracción de la ley

  • El pecado se originó con Satanás en el cielo, y no en la tierra.

  • Satanás quiso subir al monte de Dios y sentarse en su trono.

  • Fue juzgado y arrojado del cielo.

  • Vamos a ser juzgado por la ley de libertad.

  • Si violamos uno de los puntos de la ley, nos hacemos culpable de todos.

  • Las tablas del testimonio, los Diez Mandamientos fueron escritos por Dios.

  • Dios desciende al monte Sinaí para darle la ley al pueblo, la ley de “fuego” y hay relámpagos y truenos, y el monte humea y tiembla en gran manera.

  • Dios no baja solo, sino que desciende con sus ángeles, y los ángeles están en el monte Sinaí tocando las trompetas.

   Al darle Jehová a Moisés las dos tablas del testimonio; y Moisés baja al pueblo; pasa algo muy interesante, notemos:

“Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte.” (Exo. 32:19).

El pueblo en vez de estar consagrándose y santificándose como Dios les había mandado, están de fiestas y comilonas. Moisés se llena de ira y rompe las tablas del testimonio que Dios le había dado.
Después Moisés sube otra vez al monte Sinaí con dos tablas de piedra donde él escribe los Diez Mandamientos, pues él los sabía de memoria. ¿Es eso lo que pasó?

“En aquel tiempo Jehová me dijo: Lábrate dos tablas de piedra como las primera, y sube a mí al monte, y hazte un arca de madera; y escribiré en aquellas tablas las palabras que estaban en las primera tablas que quebraste; y las pondrás en el arca. E hice un arca de madera de acacia, y labré dos tablas de piedra como las primeras, y subí al monte con las dos tablas en mi mano. Y escribió en las tablas conforme a la primera escritura, los Diez Mandamientos que Jehová os había hablado en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea; y me las dio Jehová.” (Deut. 10:1-4).

   Moisés rompe las primeras tablas, y Dios le dice que labre dos más que El mismo volverá a escribir las palabras que estaban en las primeras tablas. ¿No hubiera sido más fácil decirle a Moisés que escribiera él lo que estaba escrito en las primeras tablas?
¿Por qué Dios se toma el tiempo de escribir, Dios mismo por segunda vez, con su dedo, los Diez Mandamientos? ¿Qué nos quiere enseñar la Biblia con todo esto…?

   Algo muy importante que debemos notar; es que las tablas fueron colocadas en un arca especial; un arca que fue hecha exclusivamente para colocar dentro de ella las dos tablas de piedra, los Diez Mandamientos. Esta arca se le llamaba el arca del pacto. Veamos:

“Y os acercasteis y os pusisteis al pie del monte; y el monte ardía en fuego hasta en medio de los cielos con tinieblas, y nube y oscuridad; y habló Jehová con vosotros de en medio del fuego, oísteis la voz de sus palabras, mas a excepción de oír la voz, ninguna figura visteis. Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra; los Diez Mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra.” (Deut. 4:11-13).

   “Y volví y descendí del monte, y puse las tablas en el arca que había hecho; y allí están, como Jehová me mandó.” (Deut. 10:5).

   “En el arca no había mas que las dos tablas que Moisés había puesto en Horeb, con las cuales Jehová había hecho pacto con los hijos de Israel, cuando salieron de Egipto.” (2 Cro. 5:10; 1 Rey. 8:9).

   Estas declaraciones, indican claramente que no había nada en el arca misma excepto las dos tablas de piedra. La urna que contenía el maná, y la vara de Aarón, a las que se alude en Heb. 9:4, originalmente se ordenó que se colocaran “delante del testimonio” (Exo. 16:33, 34; Num. 17:2-10. también fueron colocados delante de ella los “libros de la ley”  (Deut. 31:24-26); los “libros de la ley” son el Pentateuco o los 5 libros escritos por Moisés que son una explicación y aplicación de los Diez Mandamientos, y de todas las leyes sociales, económicas, políticas y religiosas; en base a las cuales era regida la vida de cada individuo del pueblo de Israel; estas leyes se encuentran a partir del capitulo 21 del libro de Éxodo. Claro está, los Diez Mandamientos también están contenidos en “los libros de la ley”.Algunos han entendido que esto se  refiere a un lugar frente al arca. Sin embargo las palabras pueden significar delante de las tablas del testimonio dentro del arca. No necesitan estar en pugna estas declaraciones, pues esos objetos pueden haber sido sacados durante la agitada historia de Israel y no haber estado en el arca en este tiempo.

   La Biblia llama a los Diez Mandamientos “el pacto” en estos versículos; pero también los llama “las tablas del testimonio” (Exo. 31:18). Por eso, el arca donde fueron colocadas las dos tablas de piedra de los Diez Mandamientos se le llama “el arca del pacto”; “el arca del testimonio”. (Heb. 9:3-4).

   Cuando Adán y Eva pecaron, fueron destituidos de la gloria de Dios (Rom. 6:23), una de las consecuencias inmediatas del pecado fue una separación entre Dios y el hombre.

Ya el hombre no podía vivir en armonía con Dios, y el Creador se ve obligado a sacarlo de su hogar original. Pero el amor de nuestro Dios por nosotros es tan grande (Juan 3:16), que él decide venir a vivir con nosotros, sacrificarse por nosotros, justificarnos, santificarnos, redimirnos y glorificarnos, hasta que podamos vivir otra vez en armonía para siempre con él. El hombre fue sacado del huerto del Edén, para ser errante en esta tierra, y Dios decide morar con el hombre. Por eso encontramos en Éxodo 25:8 “Y harán un santuario para mi, y habitaré en medio de ellos.” Nuestro Dios decide habitar con el hombre aquí en la tierra, y manda a construir un santuario terrenal, parecido al modelo que está en el cielo (Exo. 25:9; Heb. 9:24).

El santuario terrenal era la casa en esta tierra donde habitaba Dios según leímos en Éxodo 25:8. ¿Dónde se manifestaba la presencia de Dios en el santuario?

Y pondrá el propiciatorio encima del arca, y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré. Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel.” (Exo. 25:21-22).

“Y cuando entraba Moisés en el tabernáculo de reunión, para hablar con Dios, oía la voz que le hablaba de encima del propiciatorio que estaba sobre el arca del testimonio, de entre los dos querubines; y hablaba con él.” (Num. 7:89).

   Cuando Dios descendía al santuario para hablar con Moisés, Dios descendía sobre el arca del pacto, el arca del testimonio, el arca que fue hecha para en ella ser colocadas las tablas de piedra de los Diez Mandamientos.

   Jehová Dios es el Rey de reyes y Señor de señores, es el Amo absoluto de todo el universo. Y como Rey de todo el universo, nuestro Gobernante celestial se sienta siempre en un trono. ¿Será posible que el arca del pacto fuera el trono de Dios en esta tierra…?

¿Podrá ser posible que los Diez Mandamientos sean el fundamento del gobierno de Dios en todo el universo?  Satanás pecó en el cielo porque infringió la ley de Dios.
¿Es posible que la ley que Satanás y sus ángeles quebrantaron en el cielo sean los Diez Mandamientos?
 La Biblia nos enseña que sí.

   Analicemos por un momento la historia del arca del pacto, pues el arca del pacto tenía un poder tremendo, como nos dice la Biblia:

   “Cuando el arca se movía, Moisés decía: Levántate, oh Jehová, y sean dispersados tus enemigos, y huyan de tu presencia los que te aborrecen.

Y cuando ella se detenía, decía: Vuelve, oh Jehová, a los millares de millares de Israel.”
 (Num. 10:35-36). Estudie también Josué 6.

El arca mandaba plagas: “Cuando los filisteos capturaron el arca de Dios, la llevaron desde Eben-ezer a Asdod. Y tomaron los filisteos el arca de Dios, y la metieron en la casa de Dagón, y la pusieron junto a Dagón. Y cuando al siguiente día los de Asdod se levantaron de mañana, he aquí Dagon postrado en tierra delante del arca de Jehová; y tomaron a Dagon y lo volvieron  su lugar. Y volviéndose a levantar de mañana el siguiente día, he aquí que Dagon había caído postrado en tierra delante del arca de Jehová; y la cabeza de Dagon y las dos palmas de sus manos estaban cortadas sobre el umbral, habiéndole quedado a Dagon el tronco solamente.

Por esta causa los sacerdotes de Dagon y todos los que entran en el templo de Dagon no pisan el umbral de Dagon en Asdod, hasta hoy. Y se agravó la mano de Jehová sobre los de Asdod, y los destruyó y los hirió con tumores en Asdod y en todo su territorio. Y viendo esto los de Asdod, dijeron: No quede con nosotros el arca del Dios de Israel, porque su mano es dura sobre nosotros y sobre nuestro dios Dagon.

Convocaron, pues, a todos los príncipes de los filisteos, y les dijeron: ¿Qué haremos del arca del Dios de Israel? Y ellos respondieron: Pásese el arca del Dios de Israel a Gat. Y pasaron allá el arca del Dios de Israel.Y aconteció que cuando la habían pasado. La mano de Jehová estuvo contra la ciudad con gran quebrantamiento, y afligió a los hombres de aquella ciudad desde el chico hasta el grande, y se llenaron de tumores.

Entonces enviaron el arca de Dios a Ecrón. Y cuando el arca de Dios vino a Ecrón, los ecronistas dieron voces, diciendo: Han pasado a nosotros el arca del Dios de Israel para matarnos a nosotros y a nuestro pueblo. Y enviaron y reunieron a todos los príncipes de los filisteos, diciendo: Enviad el arca del Dios de Israel, y vuélvase a su lugar, y no nos mate a nosotros ni a nuestro pueblo; porque había consternación de muerte en toda la ciudad, y la mano de Dios se había agravado allí. Y los que no morían, eran heridos de tumores; y el clamor de la ciudad subía al cielo”.

“Cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió su mano al arca de Dios, y la sostuvo; porque los bueyes tropezaban. Y el furor de Jehová se encendió contra Uza, y lo hirió allí Dios por aquella temeridad, y cayó allí muerto junto al arca de Dios.

Y se entristeció David por haber herido Jehová a Uza, y fue llamado aquel lugar Pérez-uza, hasta hoy.
Y temiendo David a Jehová aquel día, dijo: ¿Cómo ha de venir a mí el arca de Jehová? De modo que David no quiso traer para sí el arca de Jehová a la ciudad de David; y la hizo llevar David a la casa de Obed-edom geteo. Y estuvo el arca de Jehová en casa de Obed-edom geteo tres meses; y bendijo Jehová a Obed-edom y a toda su casa.

Fue dado aviso al rey David, diciendo: Jehová ha bendecido la casa de Obed-edom y todo lo que tiene, a causa del arca de Dios. Entonces David fue, y llevó con alegria el arca de Dios de casa de Obed-edom a la ciudad de David.”  (1 Sam. 5:1-12; 2 Sam. 6:6-11).

   Hemos leído el poder que tenia el arca de Dios; pero hay varias cosas interesantes también.  Cada vez que el pueblo se trasladaba de un lugar a otro, o iba a la guerra, el arca era transportada por los levitas e iba siempre delante del pueblo: (Num. 3:29-31; 4:5-15; Jos. 3:3; 8:33; 1Rey. 8:2,3). ¿Por qué?

En Éxodo 25 leímos que Dios descendía sobre el arca del testimonio, y como Comandante y Rey del pueblo iba delante de él cuando se mudaba y cuando iba a la guerra, como lo hacen los reyes de la tierra al pelear, que van delante de sus tropas. Jehová Dios siempre iba delante del pueblo para protegerlo y para guiarlos directamente a la Canaán terrenal.

   Hay algo singularmente impresionante en la santificación especial de las dos tablas de la ley. Estando así colocadas dentro del arca, y puesto que Dios se encontraba con su pueblo directamente encima de ellas
(Exo. 25:22), la ley está indisolublemente unida con Dios mismo. El sitio más sagrado del templo era el lugar santísimo, y lo más sagrado allí era el arca que contenía la ley de Dios. Puesto que Dios, por su misma naturaleza, es santo y eterno, así también lo es su ley. Todo lo que podía haberse hecho para impresionar a sus hijos con la santidad eterna de su ley fue hecho por Dios en el mobiliario de su santo templo. Esta ley en el antiguo pacto, fue escrita en tablas de piedras; en el nuevo pacto está escrita en el corazón de los rectos (Jer. 31:31-33).

   Ahora bien; tenemos que entender que la Biblia es clara al enseñar que el arca del pacto era el mueble más sagrado e importante que tenía el pueblo de Israel.

Pero el arca que Dios mandó a Moisés construir, era una replica o modelo de la original que está en el cielo: “Conforme a todo lo que yo te muestre, el diseño del tabernáculo, y el diseño de todos sus utensilios, así lo haréis” “Mira y hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte.” (Exo. 25:9, 40)

“Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como había ordenado Dios cuando dijo a Moisés que lo hiciese conforme al modelo que había visto.” (Hech. 7:44).

   “Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre. Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es necesario que también éste tenga algo que ofrecer.

Así que, si estuviese sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley. Los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte.” (Heb. 8:1-5).

   Entonces; según la Biblia hay un Santuario en el cielo, del cual y en el cual Cristo es el Sumo Sacerdote y ministra con su sangre por el perdón de nuestros pecados y para la redención del hombre. Pero; ¿Habrá también un arca del pacto? Leamos:

“Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo.” (Ap. 11:19).

Este versículo es muy significativo, pues nos enseña y corrobora lo que leímos en Éxodo, Hechos y Hebreos, de que en el cielo, no en la tierra, está el Santuario original, que fue hecho por Dios y no por hombre. Pero además de eso, nos muestra que en el Santuario original del cielo, está el “arca del pacto”. ¿Y por qué es el arca de su pacto? Y ¿Cuál es el pacto de Dios? La respuesta es que dentro del arca del pacto que está en el cielo, están los Diez Mandamientos. ¿Cómo es esto posible? La razón es muy simple: Los Diez Mandamientos son la base del gobierno de Dios en todo el universo.

La “Ley de Dios”, la “Ley de Fuego”, la “Ley de Libertad”, la “Ley que es santa y buena”, la “Ley por la cual todos seremos juzgados”, escrita por el “Espíritu Santo” es guardada por todas las criaturas de Dios en todo el universo.

   Fue esta Ley la que Satanás y sus ángeles caídos infringieron cuando pecaron en el cielo. Y es esta misma ley que Satanás quiere que nosotros no cumplamos ni obedezcamos, es esta ley que él a través de sus ministros y maestros humanos trata de enseñar que: “fue clavada en la cruz”,  “no hay que guardarla”,  “Cristo lo hizo por nosotros”, “fue abolida” porque el “fin de la ley es Cristo”, “eso era para los judíos”.
Pero no nos dejemos engañar por Satanás y sus falsos maestros, aferremonos a lo que nos enseña la Santa Palabra de Dios. Cuando el templo de Dios fue abierto en el cielo, y se vio el arca de su pacto, ocurrieron varios fenómenos parecidos a los que nos describe Éxodo 19 cuando Dios desciende del cielo al monte Sinaí para darle su ley al pueblo: terremoto, relámpagos, voces y truenos.

   ¿De dónde salen las plagas en el libro de Apocalipsis?

“Después de estas cosas miré, y he aquí fue abierto en el cielo el templo del tabernáculo del testimonio; y del templo salieron los siete ángeles que tenia las siete plagas, vestidos de lino limpio y resplandeciente, y ceñidos alrededor del pecho con cintos de oro.” (Apoc. 15:5-6).

Los ángeles salen con las plagas del templo del arca del pacto, al igual que del arca en la tierra  salieron plagas para destruir

El séptimo ángel derramó su copa por el aire; y salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho está. Entonces hubo relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra.” (Apoc.16:17-18)

   Analicemos estos versículos detenidamente. Cuando el templo de Dios fue abierto en el cielo se ve el arca del pacto, salen los siete ángeles con las siete plagas para derramarlas sobre la tierra. En el templo terrenal construido por Moisés de acuerdo al modelo celestial que Dios le mostró, sólo en el día del juicio el sacerdote podía entrar al lugar santísimo donde estaba el arca del pacto, y cuando salía, salía con una copa en la mano para derramar su contenido sobre el animal que representaba a Satanás (Levítico 16).

El sacerdote siempre ministraba “delante de Jehová”. Entonces, cuando los ángeles salen con sus copas en sus manos alguien se queda dentro del templo en el cielo.

Ese personaje que se queda dentro del templo en el cielo, es el dueño de la voz que dice: “y salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho está” (vers. 17)
Es el mismo que en la cruz del calvario dijo “Consumado es” (Ju. 19:30). ¡Cristo Jesús!

   “y salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho esta”

Entonces según este versículo, Dios está dentro del templo del cielo, pero dentro del templo del cielo hay un trono. Leamos otra vez: “y salió una gran voz del templo del cielo, del TRONO, diciendo: Hecho está”. ¡Cuán profunda y maravillosa es la Biblia!

En el templo, tanto en el terrenal, como en el cielo, se encuentra el arca del pacto, a la cual este versículo la llama TRONO. Entonces, el arca del pacto es realmente el trono de Dios. ¡Dentro del arca del pacto donde se sienta el Señor del universo a gobernar, fueron colocados los Diez Mandamientos que son las bases del gobierno de Dios!

Pero los ángeles salen del templo del cielo con las plagas para aplicar el juicio de Dios sobre la tierra por el pecado de sus moradores. Pero, ¿en base a qué fueron juzgados?
En base a que pecaron y el “pecado es infracción de la ley”. ¡Los Diez Mandamientos!

Entonces la Biblia nos enseña que los Diez Mandamientos, la Ley de Dios, no sólo está vigente y que hay que guardarla; sino que es la Ley Universal de Dios, por la cual todos seremos juzgados. 

   Es interesante notar que en la mayoría de los casos cuando el arca del templo se ve en el cielo, siempre va acompañado de relámpagos, truenos, voces y terremotos. Los mismos fenómenos que cuando Dios le dio su ley al pueblo.

   El pueblo de Israel debía prepararse para recibir la ley y ser el pueblo santo de Dios, por el cual Dios iba a impartir su santa ley al mundo, y evangelizarlo.Debían de santificar sus vidas, lavar sus ropas para poder recibir en sus vidas la presencia permanente del Rey del cielo y del universo, que iba a morar con ellos físicamente.

¿Debemos nosotros estar haciendo lo mismo hoy?

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados; no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas.

Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, al sonido de trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase mas, porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando; sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel.”(Heb. 12:14-24)

    Nosotros debemos de hacer lo mismo hoy en día. Teniendo fe en Cristo Jesús, “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” (Fil. 1:6).

Nuestro Dios nos acepta tal y como somos, nos tomas en cualquier lugar y estado en que nos encontramos. Pero no nos deja ahí, no nos deja como somos ni en el estado pecaminoso en que estamos. Por la fe en él somos “justificados” (Rom. 5:1), y cuando Dios por fe en Cristo nos justifica, la justicia de Cristo es imputada a nosotros.

Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.” (1 Te. 5:23-24).

    A través de la sangre de Cristo somos limpiados de todo pecado (infracción de la ley); y somos santificados. Apartados por el Señor para vivir vidas santas y permanecer irreprensibles hasta que Cristo venga.

El cristiano debe de vivir “de toda palabra de Dios (Luc. 4:4).

Los Diez Mandamientos no justifican, no santifican, no salvan a nadie. Son el “ayo” que nos llevan a Cristo, pues nos hacen reconocer que somos viles pecadores “destituidos de la gloria de Dios”. Nos señalan que aunque ellos no pueden salvarnos ni limpiarnos, hay uno que puede hacerlo y es Cristo Jesús.

No podemos guardar la ley por nosotros mismos, pues somos pecadores de nacimiento (Sal. 51:5). Dios debe implantar algo dentro de nosotros para poder ser justificados, santificados y hechos para toda buena obra. Y ese poder es su Santo Espíritu que mora en nosotros cuando aceptamos a Jesús como sustituto nuestro por nuestros pecados. El Espíritu Santo nos hace nacer de nuevo, y como nuevas criaturas “para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz. El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.” (Col. 1:10-14).

    Pero para recibir el don del Espíritu Santo hay una condición que mucho de nosotros pasamos por alto: “Si me amáis, guardad mis Mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, el cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.”

“El que tiene mis Mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.” (Juan 14)

No podemos recibir el Espíritu Santo si no guardamos los Mandamientos de Dios, la Santa Biblia es muy clara respecto a esto. Dios no es hombre para que mienta; y podemos hacer a Dios mentiroso de dos formas: (1) Si decimos que no hemos pecado “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.”  (1 Juan 1:10); (2) decir que no podemos guardar la ley “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Fil. 4:13).

  Conclusión:

  •     La Ley Moral de Dios; los "Diez Mandamientos" existen antes que el Edén y fueron dados al hombre
    en el Edén. Si así no fuera, el hombre no hubiera tenido el libre albedrío de pecar.

  • Cuando la pareja comió del fruto, violando de ese modo el mandato de Dios, violaron todos los Diez
    Mandamientos: (1) al comer violaron el mandamiento que dice: "No Matarás", pues ellos se condenaron
    a muerte. (2) "No robarás"; el fruto era de Dios. Ellos tomaron lo que no era suyo.
    (3) "No tendrás dioses ajenos delante de Mí"; al desobedecer a Dios colocaron a Satanás como su dios.
    Continúe usted estudiando más profundamente y se comprenderá que es cierto cuando Biblia dice:
    "Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de
    todos." (Sant. 2:10)

  • En ninguna parte de la Biblia se encuentra que los Diez Mandamientos fueron dados "sólo a los judios"

   En Éxodo 20, el escenario ya se había alistado para la proclamación de la ley moral que, siempre, de allí en adelante, ha permanecido como la norma fundamental de conducta para millones de personas. Nadie negará que este fue uno de los sucesos trascendentales y decisivos de la historia. Tampoco puede nadie negar la necesidad vital que tienen todos los hombres de un código tal de con­ducta debido a sus imperfecciones morales y espirituales y su tendencia a hacer lo que es malo. EI Decálogo descuella por encima de todas las otras leyes morales y espirituales. Abarca toda la conducta humana. Es la única ley que puede controlar con eficacia la con­ciencia. Es un manual condensado de la con­ducta humana que abarca todo lo que atañe al deber humano en todos los tiempos. Nuestro Señor se refirió a los Mandamientos como el camino por el cual se puede alcanzar la vida eterna (Mat. 19: 16-19). Son adecuados para toda forma de sociedad humana; son aplica­bles y están en vigencia mientras dure el mundo (Mat. 5: 17, 18). Nunca pueden vol­verse anticuados pues son la expresión inmu­table de la voluntad y del carácter de Dios.

   Con buena razón Dio; los entrego a su pueblo tanto oralmente como por escrito (Exo.31:18; Deut. 4: 13). Aunque fue dado al hombre por la autoridad divina, el Decálogo no es una creación arbitraria de la voluntad divina. Más bien es una expresión de la naturaleza divina. El hombre fue creado a la imagen de Dios (Gen. 1: 27), fue hecho para ser santo como él es santo (l Ped. 1:15, 16), Y los Diez Mandamientos son la norma de santidad ordenada por el cielo (Rom. 7: 7-25). La clave de la interpretación espiritual de la ley fue dada con toda claridad por nuestro Señor Jesucristo en el inmortal Sermón del monte (Mat. caps. 5-7).

   EI Decálogo es la expresión no sólo de la santidad sino también del amor (Mat. 22:34-40; Juan 15:10; Rom. 13: 8-10; 1 Juan 2: 4). Si carece de amor cualquier servicio que prestemos a Dios o al hombre, no se cumple la ley. Es el amor quien nos protege de violar los Diez Mandamientos pues, ¿Cómo  podríamos adorar otros dioses, tomar el nombre de Dios en vano y descuidar la observancia del día de reposo, si verdaderamente amamos al Señor? ¿Cómo podemos robar lo que pertenece a nuestro prójimo, testificar contra él o codiciar sus posesiones, si lo amamos? EI amor es la raíz de la fidelidad para con Dios y de la honra y el respeto por los derechos de nuestros prójimos. Este siempre debiera ser el gran motivo que nos mueva a la obediencia.
 Juan l4:15; 15: 10; 2 Cor. 5: 14; Gal. 5: 6).

   Cuando un hombre viene primero Cristo, con pleno conocimiento se abstendrá de todo el mal al cual ha estado acostumbrado. En su origen, con el propósito de ayudar a los pecadores a distinguir entre el bien y el mal, el Decálogo fue dado principalmente en forma negativa. La repetición de la palabra "No" demuestra que hay fuertes tendencias en el corazón que deben ser suprimidas (Jer.17: 9; Rom.7: 17-23; 1 Tim.1: 9, 10)  Pero esta forma negativa abarca un amplio y satisfactorio campo de acción moral que se abre ante el hombre, y permite toda la amplitud de desarrollo del carácter que es posible 

   El hombre sólo está restringido por las pocas prohibiciones mencionadas. El Decálogo cer­tifica de la verdad de la libertad cristiana ­ (Sant.2: 12; 2 Cor. 3: 17). Aunque la letra de la ley, debido a sus pocas palabras pueda parecer estrecha en sus alcances, su espíritu ­es "amplio sobremanera" (Sal. 119:96).

El hecho de que los Diez Mandamientos fueran escritos en dos tablas de piedra, hace resaltar su aplicación a dos clases de obligaciones morales: deberes para con Dios, y deberes para con el hombre (Mat. 22:34-40). Nuestras obligaciones para con Dios están forzosamente ligadas con nuestras obligaciones para con el hombre, pues el descuido de los deberes tocantes a nuestro prójimo rápidamente será seguido por el descuido de nuestros deberes para con Dios. La Biblia no ignora la distinción entre la religión (deberes directamente relacionados con Dios) y la moral (deberes que surgen de las relaciones terrenales), sino que une ambas en un concepto mas profundo: que todo lo que uno hace es hecho, por así decirlo, para Dios, cuya autoridad es suprema en ambas esferas
(Miq. 6: 8; Mat. 25: 34-45; Sant. 1: 27; 1 Juan 4:20).

   Siendo palabras de Dios, los Diez Mandamientos deben distinguirse de las “leyes” (cap. 21: 1) basadas en ellos, e incluidas con ellos, en el “libro del pacto” para constituir ley estatuida de Israel (ver cap. 24:3).
Las dos tablas que comprenden el Decálogo; con exclusión de las otras partes de la ley; que son  llamadas de diversas formas: “el testimonio” (cap. 25: 16), "su pacto" (Deum. 4:13), “las palabras del pacto” (Exo. 34: 28), las “tablas del testimonio" (Exo. 31:18; 3­:15) y “las tablas del pacto”
(Dt. 9:9-11).

   Esas tablas de piedra, y sólo ellas, fueron colocadas dentro del arca del pacto. Fueron así consideradas, en un sentido especial, como el vínculo del pacto. La colocación de las tablas debajo del propiciatorio permite comprender4 la naturaleza del pacto que Dios hizo con Israel. Muestra que la ley es la base, el fundamento del pacto, el documento obligatorio, el titulo de la deuda. Sin embargo, sobre la ley está el propiciatorio, salpicado con la sangre de la propiciación, un testimonio reconfortante de que hay perdón en Dios para los que quebrantan los Mandamientos. El Antiguo Testamento generalmente hace una distinción entre la ley moral y la ley ceremonial

(2 Rey. 21:8; Dan. 9:11)

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