|
EL PAPEL DE ISRAEL EN LAS PROFECIAS DEL ANTIGUO
TESTAMENTO
ESTE artículo estudia el problema
fundamental de la interpretación de las porciones proféticas del AT en lo
que atañe a su mensaje al antiguo Israel y a la iglesia de hoy. Se considera
el papel asignado al Israel literal como pueblo escogido de Dios, la manera
en que el plan divino había de cumplirse y el resultado que final mente tuvo
ese plan, así como también la transferencia final de los privilegios y
responsabilidades del Israel histórico al Israel espiritual, es decir, a la
iglesia cristiana. Para llegar a una interpretación valida de los mensajes
de los profetas del AT es esencial comprender claramente los diversos
aspectos de este problema. Cualquier interpretación que no tome debidamente
en cuenta estos asuntos, viola los principios de la interpretación bíblica.
Pocos pasajes bíblicos son tan comúnmente mal entendidos,
o tal vez interpretados en formas tan dispares, como los que contienen las
promesas divinas formuladas por medio de los profetas del antiguo Israel. Es
un hecho histórico innegable que hasta hoy la mayor parte de estas
predicciones no se ha cumplido. A fin de explicar este aparente enigma, los
comentadores de la Biblia han propuesto diversas explicaciones:
1. La escuela modernista de interpretación bíblica niega
totalmente la posibilidad de una profecía que se proyecte hacia el futuro, y
afirma que las "predicciones" fueron escritas después de haberse realizado
lo que se había "predicho", o que tales "predicciones" sólo reflejaban las
esperanzas que el profeta y su pueblo acariciaban para el futuro.
2. La escuela futurista de interpretación bíblica afirma
que muchas de las promesas de restauración y liderazgo mundial que le fueron
formuladas al antiguo Israel, están aun por cumplirse en relación con el
establecimiento del Estado moderno de Israel.
3. EI movimiento anglo-israelita enseña que los pueblos
anglosajones son los descendientes de las así llamadas "tribus perdidas"
del reino del norte, y que las promesas se cumplirán en buena medida en
favor de sus descendientes actuales.
4. Una escuela menos definida basa su interpretación de
las partes proféticas del AT en la teoría de que el profeta, si bien
presentaba mensajes a la gente de su época, también a veces se trasladaba a
un futuro distante, de modo que muchas de sus predicciones no se aplicaban
en absoluto al pueblo literal de Israel, sino que eran exclusivamente para
el Israel espiritual. O sea la iglesia de hoy. Siguiendo esta
interpretación, algunos han llegado al extremo de proponer una migración
cristiana a Palestina.
5. Por lo general, los adventistas del séptimo día creen
que las promesas y las predicciones dadas por medio de los profetas del AT
originalmente se aplicaron al pueblo de Israel literal, y que este habría
visto su cumplimiento si hubiera obedecido a Dios y Le hubiera sido leal.
Pero las Escrituras, en cambio, registran el hecho de que Israel desobedeció
a Dios y Le fue desleal. Por lo tanto, lo que Dios se había propuesto hacer
en favor del mundo por medio del antiguo Israel finalmente lo realizara por
medio de la iglesia que tiene en el mundo hoy, y muchas de las promesas que
originalmente fueron dadas al Israel literal se cumplirán en su pueblo
remanente al final del tiempo.
Los intérpretes modernistas basan su posición en la
suposición a priori de que no es posible conocer el futuro y
desatienden toda evidencia que demuestre lo contrario. Los futuristas pasan
por alto tanto el elemento condicional que se advierte en la profecía,
elemento que fue clara y enfáticamente proclamado por los profetas mismos,
como las declaraciones del NT que afirman que los privilegios y las
responsabilidades del antiguo Israel fueron transferidos a la iglesia por
medio de Cristo. La exposición bíblica que hacen los que apoyan la teoría
anglo-israelita consiste en una mezcla de textos bíblicos, con leyendas,
narraciones folklóricas y especulaciones.
La cuarta escuela de interpretación puede, a veces,
aplicar correctamente a la iglesia de hoy y del futuro algunos pasajes
proféticos del AT, pero no toma en cuenta la aplicación primaria de estos
mensajes a la situación histórica existente entonces, y de modo muy
arbitrario determina que ciertos pasajes escogidos fueron escritos más o
menos exclusivamente para la iglesia de hoy. De un modo u otro, cada uno de
estos intentos de interpretar los mensajes de los profetas del AT soslaya
algunas enseñanzas bíblicas importantes, pasa a por alto principios
fundamentales de exégesis y proporciona un cuadro distorsionado de las
secciones proféticas.
En la sección siguiente se presentan los principios de
interpretación profética que corresponden al número 5, junto con las bases
bíblicas en las cuales se apoyan. Esta es la posición adoptada por este
Comentario.
II. Israel como pueblo escogido de Dios
Al llamar a Abrahán, Dios puso en operación un plan
definido para que el Mesías viniera al mundo y para presentar la invitación
evangélica a todos los hombres (Gen. 12: 1-3). Dios encontró en Abrahán a un
hombre dispuesto a obedecer sin reservas la voluntad divina (Gen. 26:5; Heb.
11:8) y a cultivar en su descendencia un espíritu similar (Gen. 18:19). Por
eso, de un modo especial, Abrahán llego a ser "amigo de Dios" (Sant. 2:23)
y "padre de todos los creyentes" (Rom. 4:11). Dios hizo con el un solemne
pacto (Gen. 15:18; 17:2-7), y su descendencia, el pueblo de Israel, heredó
el sagrado privilegio de ser el representante escogido por Dios en la tierra
(Heb. 11:9), para salvar a toda la raza humana. La salvación vendría "de
los judíos" pues el Mesías seria judío (Juan 4:22), y vendría por
medio de los judíos, pues ellos serian los mensajeros de salvación a
todo el genero humano (Gen. 12:2-3; 22:18; Isa. 42:1, 6; 43:10; Gal. 3:8,
16,18.
Dios celebró en el monte Sinaí un pacto con Israel como
nación (Exo. 19:1-8; 24:3-8; Deut. 7:6-14. Las bases del pacto y sus
propósitos finales eran los mismos que los del pacto con Abrahán. EI pueblo
voluntariamente aceptó a Dios como su soberano, con lo cual la nación
se transformo en una teocracia.
El santuario se convirtió en la morada de Dios entre
ellos (Exo. 25:8); sus sacerdotes fueron consagrados para ministrar delante
de el (Heb. 5: 1; 8:3); sus servicios proporcionaron una lección objetiva
del plan de salvación, y simbolizaron la venida del "Mesías" (1 Cor. 5:7;
Col. 2:16-17; Heb. 9:1-10; 10:1-12). El pueblo podía acercarse a Dios
personalmente y por medio del ministerio de un sacerdocio mediador que los
representaba ante Dios.
Dios dirigiría a la nación mediante el
ministerio de los profetas, sus representantes designados. Estos "santos
hombres de Dios" (2 Ped. 1:21), de generación en generación instaron a
Israel a arrepentirse y a practicar la justicia, y mantuvieron viva la
esperanza mesiánica. Por orden divina, se conservaron siglo tras siglo los
sagrados escritos, e Israel llegó a ser custodio de esos oráculos (Amos 3:7;
Rom. 3: 1-2).
El establecimiento de la monarquía hebrea no afectó los
principios básicos de la teocracia (Deut. 17: 14-20; 1 Sam. 8:7). El Estado
todavía había de administrarse en el nombre de Dios y por su autoridad. Aun
durante el cautiverio, y más tarde bajo el dominio extranjero, Israel siguió
siendo en teoría una teocracia, si bien en la práctica no lo fue plenamente.
Solo cuando sus dirigentes formalmente rechazaron al Mesías y declararon
ante Pilato que no tenían "mas rey que Cesar" (Juan19: 15), la nación de
Israel se retiró irrevocablemente de los alcances del pacto y de la
teocracia.
Por medio del antiguo Israel, Dios tenía el plan de
proporcionar a las naciones de la tierra una revelación viviente de su propio
carácter santo, y una muestra de las gloriosas alturas que el hombre puede
a1canzar cuando coopera con los infinitos propósitos de Dios. Al mismo
tiempo permitió que las naciones paganas anduvieran "en sus propios
caminos" (Hech. 14: 16), para proporcionar un ejemplo de lo que el hombre
puede lograr sin Dios. De este modo, durante más de 1.500 anos se llevó a
cabo delante del mundo un gran experimento que tenia el propósito de probar
los meritos relativos del bien y el mal. Finalmente quedó demostrado "ante
el universo que, separada de Dios, la humanidad no puede ser elevada", y que
"un nuevo elemento de vida y poder tiene que ser impartido por Aquel que
hizo el mundo".
III. EI ideal: Cómo había de funcionar el plan
Dios colocó a su pueblo en Palestina, en la encrucijada
del mundo antiguo, y le proporcionó todo lo necesario para que pudiera
llegar a ser la mayor nación sobre la faz de la tierra. Se había propuesto
exaltarlo "sobre todas las naciones de la tierra" (Deut. 28: 1, como
resultado de lo cual "todas las naciones" reconocerían su superioridad y los
llamarían "bienaventurados" (Mal. 3: 10, 12). Como recompensa por practicar
la justicia y los sabios principios celestiales se les prometió prosperidad
sin par, tanto temporal como espiritual (Deut. 4:6-9; 7: 12-15; 28: 1-14.
Esta prosperidad resultada de la plena cooperación con la voluntad de Dios
revelada por medio de los profetas, y de la bendición divina añadida a los
esfuerzos humanos
El éxito de Israel debía basarse en lo siguiente:
1. Santidad de carácter (Lev. 19:2;
ver Mat. 5:48). Sin esto, el pueblo de Israel no estaría en condiciones
de recibir las bendiciones materiales que Dios deseaba concederle.
Sin esta santidad, las muchas ventajas sólo resultarían
en perjuicio para ellos y para otros. Su propio carácter progresivamente
debía ser mas noble y mas elevado y reflejar siempre mas perfectamente los
atributos del perfecto carácter de Dios (Deut. 4:9; 28: 1, 13-14; 30:9-10.
La prosperidad espiritual había de preparar el camino para la prosperidad
material.
2. Las bendiciones de la
salud. La debilidad y la enfermedad habrían de desaparecer enteramente
de Israel si el pueblo se adhería estrictamente a los principios del sano
vivir (Exo. 15:26; Deut. 7:13,15; etc.).
3. Intelecto superior. La cooperación con
las leyes naturales que rigen el cuerpo y la mente daría como resultado una
fuerza mental siempre creciente, y el pueblo de Israel recibiría la
bendición del vigor intelectual, de una aguda perspicacia y de un sano
juicio. En cuanto a sabiduría y entendimiento estarían muy por encima de las
otras naciones. Debían transformarse en una nación de genios intelectuales,
y al fin la debilidad mental no se conocería entre ellos.
4. Habilidades para la
agricultura y la ganadería. Al cooperar el pueblo
con las instrucciones que Dios le daba en cuanto al cultivo del suelo, la
tierra paulatinamente volvería a la fertilidad y la hermosura edénica (Isa.
51:3); se transformaría en una lección objetiva de los resultados que se
alcanzan al actuar en armonía con las leyes morales y naturales. Finalmente
desaparecerían pestes y enfermedades, inundaciones y sequías, y no habría
fracasos en las cosechas (Deut. 7:13; 28:2-8; Mal. 3:8-11).
5. Artesanía excepcional. Los hebreos
habrían de adquirir sabiduría y habilidad en todo tipo de artesanía.
Demostrarían un elevado grado de genio inventivo y habilidad como artesanos
para fabricar todo tipo de utensilios y aparatos mecánicos. Los
conocimientos técnicos permitirían que los productos fabricados en Israel
fueran superiores a los de todos los otros (Exo. 31 :2-6; 35:33, 35).
6. Prosperidad sin par. "Su
obediencia a la ley de Dios había de presentarlos como maravillas de
prosperidad delante de las naciones del mundo", testigos vivientes de la
grandeza y la majestad de Dios (Deut. 8:17-18; 28:11-13)
7. Grandeza nacional.
Dios deseaba proporcionar a cada individuo y a la nación todas las
facilidades para que llegaran a ser la mayor nación de la tierra (Deut.
4:6-8; 7:6, 14; 28:1; Jer. 33:9; Mal. 3:12). Se proponía hacer de ellos una
honra para su nombre y una bendición para las naciones que los rodeaban.
Cuando las naciones de la antigüedad vieran el progreso
sin precedentes de los israelitas, se suscitarían su atención y su interés.
"Aun los paganos reconocerían la superioridad de los que servían y adoraban
al Dios viviente". Deseando obtener para sí las mismas bendiciones,
preguntarían cómo podrían adquirir también ellos esas evidentes ventajas
materiales. Israel les respondería: "Aceptad a nuestro Dios como vuestro
Dios, amadle y servidle como lo hacemos nosotros, y él haría lo mismo en
favor de vosotros". "Las bendiciones así aseguradas a Israel se prometen,
bajo las mismas condiciones y en el mismo grado, a toda nación y a todo
individuo debajo de los anchos cielos" (ver Hech. 10:34-35; 15:7-9; Rom.
10:12-13; etc.). Todas las naciones de la tierra habían de compartir las
bendiciones tan generosamente prodigadas sobre Israel.
Este concepto del papel de Israel se reitera vez tras vez
en todo el AT. Dios había de ser glorificado en Israel (Isa. 49:3) y su
pueblo debía ser testigo suyo (cap. 43:10; 44:8), a fin de revelar a los
hombres los principios de su reino. Ellos habían de publicar sus alabanzas (cap.
43:21) y declarar su gloria entre los gentiles (cap. 66:19), para ser "Luz
a las naciones" (cap. 49:6; 42:6-7). Todos los hombres reconocerían que
Israel tenía una relación especial con el Dios del cielo (Deut. 7:614; 28:
10; Jer. 16:20-21).
Al contemplar la “Justicia" de Israel (Isa. 62: 1-2), los
gentiles reconocerían que aquellos eran "linaje bendito de Jehová" (Isa.
61:9-10; Mal. 3: 12), y que su Dios era el único y verdadero Dios (Isa.
45:14). Ante la pregunta de Israel "¿Que nación grande hay que tenga
dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová?", los gentiles
responderían: "Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es ésta"
(Deut. 4:7, 6).
Al oír hablar de todas las
ventajas con las cuales el Dios de Israel los había bendecido, y "todo el
bien" que les había hecho (Jer. 33:9), las naciones paganas admitirían:
"Ciertamente mentira poseyeron nuestros padres" (cap. 16:19).
Las ventajas materiales gozadas por Israel tenían el
propósito de atraer la atención y captar el interés de los paganos, para
quienes las ventajas espirituales menos evidentes no tenían atractivo
natural.
Ellos se reunirían y vendrían "de lejos" (Isa. 49:18,12,
6,8-9,22; Sal.102:22), "desde los extremos de la tierra" (jer. 16:19), a la
luz de la verdad que resplandecería desde el "monte de Jehová" (Isa. 2:3;
60:3; 56:7; cap. 11:9-10). Las naciones que no habían sabido del
verdadero Dios correrían a Jerusalén por causa de la manifiesta evidencia de
las bendiciones divinas que acompañarían a Israel (cap. 55:5). De un país
extranjero tras otro vendrían embajadores para descubrir, de ser posible, el
gran secreto del éxito de la "nación de Israel, y sus dirigentes tendrían la
oportunidad de dirigir los pensamientos de sus visitantes a la Fuente de
todo lo bueno. Su mente debía ser orientada de lo visible a lo invisible, de
lo material a lo espiritual, de lo temporal a lo eterno. Para una
representación grafica de lo que hubiese sido la respuesta de un pueblo a
la irresistible atracción que hubiera irradiado de un Israel fiel a Dios,
ver (Isa. 19:18-22; Sal. 68:31).
Los embajadores gentiles, al regresar a sus países
habrían aconsejado a sus compatriotas: "Vamos a implorar el favor de
Jehová, ya buscar a Jehová" (Zac. 8:21-22; 1 Rey. 8:41-43).
Habrían enviado mensajeros a Israel para decirles: "Iremos con vosotros,
porque hemos oído que Dios esta con vosotros" (Zac. 8:23). Nación
tras nación se habría unido con ellos (Isa. 45: 14), juntándose con la
"familia de Jacob" cap. 14:1).
Finalmente la casa de Dios en Jerusalén habría llegado a
llamarse "casa de oración para todos los pueblos" (cap. 56:7), "y... en
aquel día... muchos pueblos y fuertes naciones" habrían venido "a buscar a
Jehová de los ejércitos en Jerusalén, y a implorar el favor de Jehová" (Zac.
2: 11; 8:22). Los "hijos de los extranjeros" (1 Rey. 8:41; Exo.
12:19,43) habrían seguido a Jehová "para servirle" y amar su nombre (Isa.
56:6; Zac. 2:11). Las puertas de Jerusalén habrían estado siempre abiertas
para recibir "las riquezas" entregadas a Israel para ayudar a convertir a
otras naciones y pueblos (Isa. 60:1-11; Sal. 72:l0; Isa. 45:14; Hag. 2:7).
Finalmente todas las naciones habrían llamado a
Jerusalén: "Trono de Jehová", y habrían venido a ella para no andar "mas
tras la dureza de su malvado corazón" (Jer. 3: 17). "Todos los que se
volvieran de la idolatría al culto del verdadero Dios, habrían de unirse con
el pueblo escogido. A medida que aumentara el numero de los israelitas,
estos habían de ensanchar sus fronteras, hasta que su reino abarcara al
mundo". (Dan. 2:35).
De este modo Israel habría de florecer, echar renuevos y
llenar de fruto la faz del mundo (Isa. 27:6). Estas promesas de prosperidad
y éxito debían haber hallado su cumplimiento "en gran medida durante los
siglos que siguieron al regreso de los israelitas de las tierras de su
cautiverio.
Dios quería que toda la tierra
fuese preparada para el primer advenimiento de Cristo, así como hoy se esta
preparando el terreno para su segunda venida". A pesar del fracaso final de
Israel, cuando el Salvador nació ( Mat. 2: 1) se había extendido por
todas partes un conocimiento, si bien limitado, del verdadero Dios y de la
esperanza mesiánica. Si la nación hubiese sido fiel a su cometido y valorado
bien el excelso destino que Dios le había reservado, toda la tierra hubiera
aguardado la venida del Mesías con intenso deseo. El Mesías habría venido,
muerto y resucitado. Jerusalén se hubiera convertido en un gran centro
misionero. Y la tierra se habría iluminado con la luz de la verdad para
realizar así una última y espectacular exhortaci6n a los que aun no habían
aceptado la invitaci6n de la misericordia divina.
La invitación de
Dios a las naciones habría sido: "Mirad a mi y sed salvos, todos los
términos de la tierra" (Isa. 45: 22; Zac. 1:7). "Si Jerusalén hubiese
conocido lo que era su privilegio conocer, y hecho caso de la luz que el
cielo le había enviado, podría haberse destacado en la gloria de la
prosperidad, como reina de los reinos, como poderosa metrópoli de la
tierra". Y como noble vid habría llenado de fruto la faz de la tierra (Isa.
27:6). "De haberse mantenido Israel como nación fiel al cielo, Jerusalén
habría sido para siempre la elegida de Dios".
Después de la ultima gran exhortación al mundo para que
reconociera al verdadero Dios, los que persistieran en negarse a ser leales
a Jehová concebirían el "mal pensamiento" de sitiar la ciudad de Jerusalén y
tomarla por la fuerza, para apoderarse de las ventajas materiales que Dios
había derramado sobre su pueblo (Eze. 38:8-12; Jer. 25:32; Joel 3:1, 12; Zac.
12:2-9; 14:2; Apoc. 17:13-14, 17). Durante el sitio, los israelitas
réprobos habrían sido muertos por sus enemigos (Zac. 13:8; 14:2). En
el cuadro profético se representa a Dios como el que convoca a las naciones
en Jerusalén (Joel 3:1-2; Sof. 3:6-8; Eze. 38:16, 18-23; 39:1-7). El
tiene juicio contra ellas porque se han rebelado contra su autoridad (Ger.
25:31-33). Dios las juzgaría (Joel 3:9-17) y las destruiría allí (Isa. 34:
1-8; 63: 1-6; 66: 15-18). Cualquier nación o reino que no sirviera a Israel,
perecería (cap. 60: 12). "Habían de ser desposeídas las naciones que
rechazaran el culto y el servicio al verdadero Dios", e Israel heredaría
"naciones" (Isa. 54:3).
De este modo la tierra seria limpiada de los que se
oponían a Dios (Zac. 14:1213). Jehová seria "rey sobre toda la
tierra" (vers. 3, 8-9) Y su dominio se extendería de "mar a mar, y... hasta
los fines de la tierra" (cap. 9:9-10). En ese día, dice el pasaje, "todos
los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán
de año en año para adorar al Rey, Jehová de los ejércitos" (Zac. 14: 16; cf.
cap. 9:7; Isa. 66:23).
IV. El fracaso de Israel en realizar el plan de Dios
Dios proporcionó a los israelitas "toda clase de
facilidades para que llegaran a ser la mas grande nación de la tierra".
Cuando produjo "uvas silvestres" en vez de los frutos maduros del carácter,
Dios preguntó: "¿Que más podía hacer a mi viña que yo no haya hecho en
ella?" (Isa. 5: 1-7). No había otra cosa que Dios pudiera haber hecho en
favor de ellos; pero a pesar de todo fracasaron. Por no "someterse a las
restricciones y mandamientos de Dios", no pudieron "llegar a la alta norma
que él deseaba que ellos alcanzasen", ni recibieron "las bendiciones que el
estaba dispuesto a concederles". Aquellos israelitas que se esforzaron por
cooperar con la voluntad revelada de Dios, recibieron personalmente una
medida de los beneficios que Dios había prometido a la nación.
Esto ocurrió en el caso de Enoc (Gen. 5:24), Abrahán (cap.
26:5), y José (cap. 39:2-6). Así sucedió con Moisés, de quien se dice que
hasta el día de su muerte sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su
vigor" (Deut. 34:7). Lo mismo aconteció con Daniel, "un ejemplo brillante de
lo que el hombre puede llegar a ser, aun en esta vida, si hace de Dios su
fuerza y aprovecha sabiamente las oportunidades y los privilegios que
están a su alcance" ( ver Dan. 1 :8, 20).
Semejantes fueron los casos de Samuel, Elías, Juan el
Bautista (Mat. 3:4), Juan el discípulo amado (Mar. 3: 17), y muchos otros.
La vida de Cristo es el ejemplo perfecto del carácter que Dios quiere que se
reproduzca en su pueblo (Luc. 2:52). "EI ideal que Dios tiene para sus hijos
está por encima del alcance del mas elevado pensamiento humano. EI blanco a
alcanzarse es la piedad, la semejanza a Dios".
La gloriosa era de David y Salomón señaló lo que podría
haber sido el comienzo de la edad de oro de Israel. Un visitante real
exclamo en Jerusalén: "Ni aun se me dijo la mitad" (1 Rey. 10:1-9). La
gloria que caracterizó la primera etapa del reinado de Salomón se debió en
parte a su fidelidad durante ese tiempo, y en parte, al hecho de que su
padre David apreció plenamente los excelsos privilegios y las
responsabilidades de Israel (ver Sal. 51: 10-11; Isa. 55:3; cf. Hech.
13:22).
Antes de que los israelitas entraran en la tierra
prometida, Dios les advirtió que no olvidaran que las bendiciones que
recibirían si cooperaban con él, serían regalos divinos (Deut. 8:7-14), y
que no serían, en primera instancia, el resultado de su propia sabiduría y
habilidad (vers. 17-19). Salomón cometió un gran error cuando no comprendió
cual era el secreto de la prosperidad de Israel, y salvo unas pocas y
notables excepciones, tanto los dirigentes como el pueblo se fueron
hundiendo más y más, generación tras generación, hasta sumergirse en la
apostasía (Isa. 3:12; 9:16;Jer. 5:1-5; 8:10; Eze. 22:23-31; Miq. cap. 3).
EI reino se dividió después de la muerte de Salomón (1
Rey. 11:33-38). Esa división, aunque trágica, sirvió para aislar por un
tiempo al reino de Judá de la marea de idolatría que pronto cubrió al reino
del norte, a Israel (Ose. 4: 17). A pesar de los osados y de los esfuerzos
de profetas como Elías, Eliseo, Amos y Oseas, el reino del norte se
deterioró en forma rápida, y finalmente fue llevado al cautiverio asirio. A
los habitantes de esa nación "no se les prometió una restauración completa
de su poder anterior en Palestina".
Si Judá hubiese permanecido leal a Dios, su cautiverio no
hubiera sido necesario. Vez tras vez Dios advirtió a su pueblo que la
desobediencia daría por resultado el cautiverio (Deut. 4:9; 8:19; 28:1-2,
14, 18; Jer. 18:7-10; 26:2-6; Zac. 6:15; etc.). Les anunció que
progresivamente disminuiría su fuerza y su prestigio como nación, hasta que
todos fueran llevados cautivos (Deut. 28: 15-68; 2 Cron. 36: 16-17). EI
propósito de Dios era que el ejemplo de Israel sirviera como advertencia
para Judá (Ose. 1:7; 4: 15-17; 11: 12; Jer. 3:3-12; etc.); pero no aprendió
la lección, y poco mas de un siglo después su apostasía fue completa Gen.
22:6, 8-9; Eze. 16:37; 7:215; 12:3-28; 36:18-23).
EI reino fue destruido (Eze. 21:25-32), y sus habitantes
arrancados de la tierra que había sido de ellos sólo en virtud de los
alcances del pacto (Ose. 9:3, 15; Miq. 2: 10; Ose. 2:6-13). Aprenderían
en la adversidad, en el cautiverio en Babilonia, las lecciones que no habían
asimilado durante los años de prosperidad (Ger. 25:5-7; 29:18-19; 30:11-14;
46:28; Eze. 20:25-38; Miq. 4:10-12). También impartirían a los paganos
babilonios un conocimiento del verdadero Dios.
Dios no abandono a su pueblo ni aun durante el
cautiverio. Quiso renovar su pacto con el (Jer. 31: 10-38; Eze. 36:21-38;
Zac. 1: 12, 17; 2: 12), incluyendo las bendiciones respectivas (Jer. 33:3,
6-26; Eze. 36:8-15). Todo lo que se había prometido aun podría cumplirse, si
tan sólo le amaban y le servían (Zac. 6: 15; Isa. 54:7; Eze. 36: 11; 43:
10-11; Miq. 6:8; Zac. 10:6). Conforme a su magnánimo propósito, las promesas
del pacto habrían de cumplirse "en gran medida durante los siglos que
siguieron al regreso de los israelitas de las tierras de su cautiverio.
Dios quería que toda la tierra fuese preparada para el primer advenimiento
de Cristo, así como hoy se esta preparando el terreno para su segunda
venida".
Es importante observar que todas las promesas del Antiguo
Testamento que anticipaban el tiempo de la restauración de los judíos
fueron dadas antes de su regreso del cautiverio (Isa. 10:24-34; 14:1-7;
27:12-13; 40:2; 61:4-1O;Jer. 16:14-16; 23:3-8; 25:11; 29:10-13; 30:3-12;
32:7-27, 37-44; Eze. 34:11-15; 37; Amos 9:10-15; Miq. 2: 12-13; etc.). Así
comprendió Daniel estas promesas (Dan. 9: 1-8). Reconoció que el cautiverio
confirmaba la "maldición" que había caído sobre ellos por su desobediencia (vers.
11-12), y que por eso Jerusalén estaba desolada (vers. 16-19). Entonces vino
Gabriel para asegurarle que su pueblo seria restablecido y que finalmente
vendría el Mesías (vers. 24-25).
Pero el ángel dijo que el Mesías sería rechazado y que se
le quitaría la vida por causa de las abominaciones de Israel, y Jerusalén y
el templo una vez más quedarían en ruinas (vers. 26-27). Israel, como
nación, tendría su segunda y ultima oportunidad para cooperar con el plan
divino en el lapso comprendido entre el retorno de Babilonia y el rechazo
del Mesías (Jer. 12:14-17). "Setenta semanas" o sea 490 años literales
fueron determinadas para los judíos, "para terminar la prevaricación, y
poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia
perdurable" (Dan. 9:24)
Sin embargo, finalmente se hizo evidente que los judíos
nunca alcanzarían la norma que Dios requería de ellos, lo cual Malaquias
hace notar con toda claridad (cap. 1:6, 12; 2:2, 8-9, 11, 13-14, 17; 3:7,
13-14). El culto rutinario suplantó a la religión sincera (Juan 4:23-24; 2 Tim. 3:5). Se respetaban las tradiciones humanas en lugar de la voluntad
revelada de Dios (Mar. 7:6-9). Lejos de transformarse en la luz del mundo,
el pueblo judío "se encerró en si mismo y se aisló del mundo para
salvaguardarse de ser seducidos por la idolatría". (Deut. 11:26-27; Mar.
7:9). Perdieron de vista el espíritu de la ley por su minucioso apego a la
letra de la misma.
Olvidaron que Dios aborrece la multiplicación de las
formas religiosas externas (Isa. 1:11-18; Ose. 6:6; Miq. 6:7; Mal. 2:13), y
que sólo pide del hombre que haga justicia, ame la misericordia y se humille
ante Dios (Miq. 6:8; Mat. 19:16-17; 22:36-40). Pero en su misericordia,
Dios todavía soportó a su pueblo, y a su debido tiempo vino el Mesías (Mal.
3: 1-3). "Si el pueblo le hubiese recibido, Cristo habría evitado a la nación
judía su condenación" aun en el ultimo momento. Cuando termino el periodo de
prueba de los 490 años, la nación judía aun permanecía obstinada e
impenitente, y por eso perdió su papel de privilegio como representante de
Dios en la tierra.
V. Por qué fracasó Israel
Los israelitas "no quisieron someterse a las
restricciones y a los mandamientos de Dios, y esto les impidió, en gran
parte, llegar a la alta norma que él deseaba que ellos alcanzasen, y recibir
las bendiciones que él estaba dispuesto a concederles". Albergaban la idea
de que eran los predilectos del cielo. Y eran ingratos frente a las
oportunidades que tan bondadosamente Dios les proporcionaba. Perdieron el
derecho a las bendiciones de Dios porque no cumplieron el propósito divino
para el cual los había convertido en su pueblo escogido, y así se acarrearon
su propia ruina.
Cuando vino el Mesías, los
judíos, su propio pueblo, "no le recibieron" (Juan l: 11). Ciegamente
"habían pasado por alto aquellos pasajes que señalaban la humillación de
Cristo en su primer advenimiento y aplicaban mal los que hablaban de la
gloria de su segunda venida.
El orgullo oscurecía su visión [Luc. 19:42].
Interpretaban las profecías de acuerdo con sus deseos egoístas", porque sus
ambiciosas esperanzas estaban fijas en la grandeza mundana.
Esperaban que el Mesías reinaría
como príncipe temporal. (Hech.1:6), que seria libertador y vencedor y que
exaltaría a Israel para que dominase a todas las naciones (Luc.4:19).
No querían tener parte en nada de lo que Cristo patrocinaba (Mat.
3:2-3; Mar. 3:14). Afanosamente buscaron el poder del reino de Cristo, pero
no estuvieron dispuestos a dejarse guiar por sus principios, ni por Cristo
mismo.
Se aferraban a las
bendiciones materiales que tan generosamente le era ofrecida, pero rehusaron
aceptar la gracia espiritual que habría transformado sus vidas y los hubiera
capacitado para ser representantes de Cristo. Produjeron "uvas silvestres" y
no la buena fruta de un carácter semejante al de Dios (Isa. 5:1-7; Gal.
5:19-23); Y porque no produjeron el fruto que de ellos se esperaba,
perdieron el derecho de ocupar su puesto en el plan divino (Rom. 11:20).
Como declinaron rendirse a Dios para ser sus agentes y llevar la salvación a
la raza humana, los judíos, como nación, se transformaron en agentes de
Satanás para la destrucción de su propia raza.
En vez de llegar a ser
portaluces para el mundo, se llenaron de sus tinieblas y reflejaron esta
oscuridad. No realizaron ningún bien positivo. Por el contrario, hicieron un
daño incalculable, y su influencia se transformó en "un sabor de muerte para
muerte". "En vista de la luz que habían recibido de Dios, eran peores que
los paganos, a los cuales se creían superiores". "Rechazaron la Luz del
mundo, y desde ese momento su vida quedó rodeada de tinieblas como de
medianoche".
En estos trágicos acontecimientos se cumplieron final y
totalmente las palabras de Moisés: "Así como Jehová se gozaba en
haceros bien y en multiplicaros, así se gozara Jehová en arruinaros y en
destruiros; y seréis arrancados de sobre la tierra a la cual entráis para
tomar posesión de ella. Y Jehová te esparcirá por todos los pueblos, desde
un extremo de la tierra hasta el otro extremo" (Deut. 28:63-64). En Deut.
8:19-20 se puede ver cuan completo y final fue este rechazo: "Como las
naciones que Jehová destruirá delante de vosotros, así pereceréis, por
cuanto no habréis atendido a la voz de Jehová vuestro Dios". El rechazo de
Jesús por parte de los dirigentes de Israel (Isa. 3:12; 9:16) significó la
cancelación permanente e irrevocable de su categoría especial como nación
delante de Dios.
En relación con el cautiverio babilónico, Dios había
anunciado específicamente que esta vicisitud no significaría "del todo" una
destrucción de Israel como pueblo de Dios (Jer. 4:27; 5:18; 46:28). Pero
cuando los judíos rechazaron a Cristo no se les dió tal seguridad de
restauración. EI regreso actual de los judíos a Palestina y el
establecimiento del moderno Estado de Israel no implican una restauración
como pueblo de Dios, ni presente, ni futura. Lo que los judíos pueden hacer
como nación, ahora o en el futuro, no tiene ninguna relación con las
promesas que les fueron hechas. Cuando crucificaron a Cristo perdieron para
siempre su posición especial como pueblo escogido de Dios. Cualquier idea de
que el regreso de los judíos a su antigua patria, es decir al Estado de
Israel, pueda en modo alguno relacionarse con las profecías bíblicas,
significa que se ignoran las declaraciones terminantes del AT de que las
promesas de Dios hechas a Israel fueron todas condicionales.
VI. Naturaleza y propósito de la profecía condicional
La palabra de Dios es segura (Isa. 40:8; 55:11; Rom.
11:29), y finalmente prevalecerá su plan para salvar al hombre (Isa. 46:
10). En el "no hay mudanza, ni sombra de variación" (Sant. 1: 17). "Es el
mismo ayer, hoy, y por los siglos" (Heb. 13:8). Su palabra "permanece para
siempre" (1 Ped. 1:25). Los propósitos de Dios prevalecerán finalmente, y el
plan de salvación tendrá éxito a pesar del fracaso de alguna persona o de
algún grupo. El plan en si mismo nunca cambia porque Dios nunca cambia; pero
la manera en que se cumple puede modificarse porque el hombre puede cambiar.
¡La oscilante voluntad humana es el factor débil e inestable en la profecía
condiciona! Dios puede rechazar a una nación o a un grupo de gente y
sustituirlo por otro, si los que fueron llamados primero se niegan a
cooperar con el (Jer. 18:6-10; Dan. 5:25-28; Mat. 21:40-43; 22:3-10; Luc.
14:24). En Jonás 3:3-10 (2 Rey. 20:1-5) hay una ilustración de la amenaza de
un castigo que no se produjo.
Lo contrario, una bendición prometida que no se cumplió
puede verse en Exo. 6:2-8; Num. 14:26-34. El pacto con Israel fracasó,
no porque Dios no cumpliera con su parte del convenio, sino porque las
hermosas promesas de Israel se desvanecieron como el rocío matinal (Ose.
6:4; 13:3; Heb. 8:6-7). Debe recordarse que Dios no fuerza la voluntad
humana y que la cooperación de Israel era esencial para el éxito del plan
divino para esa nación.
Las promesas de Dios están condicionadas por la
cooperación y la obediencia del hombre. "Las promesas y amenazas de Dios
son igualmente condicionales". Vez tras vez Dios advirtió a Israel que la
bendición va de la mano con la obediencia y que la maldición acompaña a la
desobediencia (Deut. 4:9; 8:19; 28: 1-2, 13-14; Jer. 18:6-10; 26:2-6; Zac.
6:15; etc.). Era necesaria una obediencia continua para que permaneciera el
favor divino, mientras que la desobediencia persistente inevitablemente
culminaría en el rechazo de la nación judía como instrumento escogido por
Dios para llevar a cabo el plan divino (Deut. 28: 15-68).
Debido al fracaso de los judíos como pueblo escogido de
Dios, muchas de las profecías del AT, sobre todo las que afirman la misión
mundial de Israel y la conversión de los gentiles (ver Gen. 12:3; Deut.
4:6-8; Isa. 2:2-5; 42:6; 49:6; 52:10; 56:6-7; 60:1-3; 61:9; 62:2; Zac. 2:
11; 8:22-23; etc.), las que anticipan el descanso eterno en Canaán (Isa. 11
:6-9; 35; 65:17-25; 66:20-23; Jer. 17:25; Eze. 37; 40-48; Zac. 2:6-12;
14:4-11), y las que prometen liberación de los enemigos (Isa. 2:10-21;
24-26; Eze. 38; 39; Joel 3; Sof. 1; 2; Zac. 9:9-17; 10-14; etc.), nunca se
han cumplido ni podrán cumplirse para la nación judía.
Si Israel hubiera alcanzado el noble ideal, todas las promesas que dependían de la obediencia tiempo ha se habrían cumplido. Las
predicciones de desgracias nacionales, del rechazo y la angustia que
habrían de seguir a la apostasía, nunca se habrían realizado. Pero fue por
causa de la apostasía por lo que las predicciones de gloria y honor nacional
no pudieron cumplirse. Sin embargo, en vista de que los propósitos de Dios
son inmutables (Sal. 33:11; Prov. 19:21; Isa. 46:10; Hech. 5:39; Heb. 6: 17;
etc.), el éxito deberá alcanzarse y se alcanzará, pero por medio del ¡Israel
espiritual! Aunque el Israel literal no alcanzó, en general, su excelso
destino, la raza escogida hizo una valiosa contribución, aunque imperfecta,
a la preparación del mundo para el primer advenimiento del Mesías. Además, debe recordarse que, en la carne, el Mesías era judío,
que los primeros cristianos fueron todos judíos y que el cristianismo surgió
del judaísmo. I
VII. EI Israel espiritual reemplaza al Israel literal
Al rechazar formalmente a Jesús, la nación judía puso fin
a su última oportunidad como instrumento especial de Dios para la salvación
del mundo. Según las palabras de Cristo mismo, fue "finalmente" a los judíos
a quienes Dios "envió a su Hijo", pero ellos lo tomaron, "le echaron fuera
de la viña y le mataron" (Mat. 21:37-39). Después de esto, Dios dió "su
viña" (Isa. 5: 1-7) "a otros labradores" que le iban a pagar "el fruto a su
tiempo" ( Mat. 21:41). Cuando se retiró por ultima vez del sagrado
recinto del templo, Cristo dijo: "Vuestra casa os es dejada desierta" (Mat.
23:38). EI día anterior había dicho del templo: "mi casa" (cap. 21: 13),
pero en adelante ya no lo consideraría mas como su casa. Jesús mismo
pronunció sentencia contra ellos: "Por tanto os digo, que el reino de Dios
será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de el"
(Mat. 21:43; 1 Ped. 2:9-1 0).
En Rom. 9-11 se habla de la transición del Israel literal
e histórico al Israel espiritual. Aquí Pablo afirma que el rechazo de los
judíos no significaba que las promesas de Dios hubieran fallado (Rom. 9:6),
y explica en seguida que han de hacerse efectivas por medio del Israel
espiritual. Cita a Ose. 2:23: "Llamare pueblo mió al que no era mi pueblo" (Rom.
9:25-26). EI Israel espiritual incluye tanto a judíos como a gentiles (vers.
24). Pedro concuerda: "En verdad comprendo que Dios no hace acepción de
personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia"
(Hech. 10:35; cap. 11:18). Años mas tarde Pedro se dirige a "los que en
otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios" (1 Pd. 2:
10), gente que ahora es "nación santa, pueblo adquirido por Dios" (vers. 9).
En Rom. 9:30-31 Pablo afirma la misma verdad al decir que en el plan divino
la iglesia cristiana ha reemplazado a la nación hebrea. En adelante ya no
habrá mas "diferencia entre judío y griego" (cap. 10:12-13).
Pablo subraya el hecho de que el rechazo del Israel
literal como instrumento escogido por Dios para la salvación del mundo no
significa que los judíos ya no puedan ser salvos en forma individual (cap.
9:6; 11:1-2, 11,15), porque él mismo es judío (cap. 9:3; 10:1;
11:1-2); pero han de ser salvos como cristianos, y no como judíos. Es verdad
dice él que la nación de Israel tropezó en la "piedra de tropiezo", que era
Jesús (Rom. 9:32-33; 11:11; 1 Ped. 2:6-8; 1 Cor. 1:23), pero esto no
significa que deban caer. "En ninguna manera", exclama Pablo (Rom. 11: 1,
11, 22).
Los judíos según la carne todavía pueden hallar la
salvación si son injertados en el Israel espiritual, exactamente del mismo
modo en que los gentiles deben ser injertados (vers. 23-24). "Todo Israel"
esta compuesto de judíos y gentiles, y por eso "todo Israel será salvo" (Rom.
11:25-26). Pablo aclara, más allá de toda duda, que cuando habla de "Israel"
como pueblo escogido de Dios, emplea el término en este sentido.
Dice específicamente que por judío" no quiere significar
un judío literal, sino el que está convertido de corazón, sea judío o gentil
(cap. 2:28-29). Todos los que tienen fe en Cristo son una cosa en el
Salvador, y como "simiente" espiritual de Abrahán, son "herederos según la
promesa" (Gal. 3:9, 28-29).
"Lo que Dios quiso hacer en favor del mundo. Por medio de
Israel, la nación escogida" lo realizara finalmente mediante su iglesia que
está en la tierra hoy". Las gloriosas promesas que originalmente le fueron
hechas al Israel literal están hallando su cumplimiento hoy en la
proclamaci6n del Evangelio a todos los hombres (Apoc. 14:6-7). "Las
bendiciones así aseguradas a Israel se prometen, bajo las mismas condiciones
y en el mismo grado, a toda nación y a todo individuo debajo de los anchos
cielos".
"La iglesia en esta generación ha sido dotada por Dios de
grandes privilegios y bendiciones, y él espera los resultados
correspondientes. En la vida de los hijos de Dios, las verdades de su
Palabra han de revelar su gloria y excelencia. Mediante su pueblo, Cristo ha
de manifestar su carácter y los principios de su reino". Ahora le
corresponde al Israel espiritual que antes no era el pueblo de Dios pero que
ahora si lo es anunciar "las virtudes de aquel que os llamo de las
tinieblas a su luz admirable" (1 Ped.2:9-10).
Nunca deberíamos olvidar que "las cosas que se
escribieron antes" fueron escritas para la "enseñanza" de las generaciones
futuras, hasta el mismo fin del tiempo, con el propósito de inspirar
paciencia, consuelo y esperanza (Rom. 15:4). Fueron "escritas para
amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos" (1
Cor.10;11). Los profetas mismos no siempre comprendieron con
claridad los mensajes que daban con referencia al futuro distante, a la
venida del Mesías (1 Ped. 1:10-11). Esas reiteradas predicciones mesiánicas
tenían el propósito de elevar la vista de la gente, de los acontecimientos
pasajeros de sus días a la venida del Mesías y al establecimiento de su
eterno reino, para que pudieran considerar las cosas del tiempo a la luz de
la eternidad.
Sin embargo, esos mensajes, que entonces pertenecían al
futuro distante, no sólo tenían el propósito de inspirar paciencia,
consuelo y esperanza en el momento de ser pronunciados, sino que también
debían servir para los hombres del tiempo de Cristo como evidencia
confirmatoria de que en realidad él era el Mesías. La profunda convicción de
que se habían cumplido los mensajes de los profetas indujo a muchos a que
creyeran en Cristo como el Hijo de Dios.
De este modo los profetas pusieron un firme cimiento para
la fe de la iglesia apostólica, e hicieron así una contribución directa y
vital a la fe cristiana. Por lo tanto, los profetas no sólo ministraron
"para si mismos" y para sus contemporáneos, sino también para todas
las personas sinceras de generaciones posteriores (1 Ped. 1:12). Los que
son testigos del cumplimiento de la profecía siempre tienen el privilegio de
"recordar" y "creer" (Juan 13:19; 14:29; 16:4). Dios determinó que aquellas
profecías que la Inspiración aplica claramente a nuestros días, nos inspiran
paciencia, consuelo y la esperanza de que todo lo predicho por esos santos
varones de la antigüedad pronto hallará su cumplimiento final y completo.
VIII. Conclusión: Principios de interpretación
Por lo general, las promesas y las predicciones del AT
estaban dirigidas al Israel literal, y debían haberse cumplido en relación
con esa nación, siempre que ella fuera obediente. El cumplimiento parcial de
la voluntad de Dios determinó que fuera también parcial el cumplimiento de
las promesas que Dios había hecho con respecto al pacto. Sin embargo, muchas
de esas promesas, sobre todo las que se refieren a la proclamación del
Evangelio a las naciones y al establecimiento del reino mesiánico, no
pudieron cumplirse para los judíos debido a su infidelidad; pero se
cumplirán en la iglesia antes de la venida de Cristo, especialmente en el
pueblo remanente de Dios, y también en la tierra nueva.
Cuando los judíos
rechazaron a Jesús como el Mesías, Dios a su vez los rechazó a ellos, y
comisionó a la iglesia cristiana como su instrumento escogido para salvar al
mundo (Mat. 28: 19-20; 2 Cor. 5: 18-20; 1 Ped. 2:9-10; etc.).
Por lo tanto, las
promesas y los privilegios del pacto fueron todos transferidos
permanentemente del Israel literal al Israel espiritual (Rom. 9:4; Gal.
3:27-29; Deut. 18:15). Aquellas promesas que todavía no se hubieran
cumplido en el Israel literal, no se cumplirían mas, o bien se cumplirían en
la iglesia cristiana, que seria en adelante el Israel espiritual. Las
profecías de esta segunda clase han de cumplirse en principio, pero
no necesariamente en todos sus detalles, debido a que muchos detalles
proféticos se refieren exclusivamente a Israel como una nación literal
situada en la tierra de Palestina. La iglesia cristiana es una "nación"
espiritual esparcida por todo el mundo, y esos detalles evidentemente no
pueden aplicarse a ella en el sentido literal en que se aplicarían al pueblo
de Israel. Las profecías de la primera clase no pueden cumplirse porque
eran estrictamente condicionales, y porque por su misma naturaleza solo se
aplicaban al Israel histórico.
El principio básico mediante el cual podemos afirmar con
certeza cuando una promesa o profecía particular del AT, hecha originalmente
al Israel literal, halla su cumplimiento con respecto al Israel espiritual,
es cuando un escritor posterior e inspirado hace tal aplicación de ella.
Por ejemplo, la profecía de la batalla de Gog y Magog (Eze. 38-39) nunca
se cumplió en relación con el Israel histórico; pero Juan el revelador nos
asegura que, en principio, aunque no con todos los detalles (tales como los
de Eze. 39:9-15), esta batalla se efectuará al final del milenio (Apoc.
20:7-9). Pero ir mas allá de lo que afirma la Inspiración ya sea en el
contexto inmediato del pasaje en cuestión en el NT, equivale a colocar la
opinión personal en lugar de un terminante "Así dice Jehová".
En aquellos casos en que la Inspiración no se ha definido
claramente, estamos autorizados para comparar los diferentes pasajes entre
si, haciendo un esfuerzo por entender mas claramente las ideas del
Espíritu. Pero en esto, como en toda exposición bíblica, no deberíamos
afirmar que la Biblia enseña explícitamente lo que sólo es nuestra opinión
particular y limitada, no importa cuan plausible parezca ser. Además, las
profecías del AT deben examinarse en primer lugar a la luz de su aplicación
histórica al Israel literal, antes de intentar hacer una aplicación derivada
al Israel espiritual.
Uno de los principales propósitos del comentador bíblico
es reconstruir el marco histórico dentro del cual fueron hechas las
declaraciones originales de los profetas. El cristianismo es una religión
histórica y sus mensajes inspirados están arraigados en los cerros y los
valles, los desiertos y los ríos del mundo antiguo; y están ligados a
hombres y mujeres de carne y hueso que una vez vivieron en la tierra. No hay
protección más segura contra las vagas especulaciones de los visionarios
religiosos que un claro conocimiento del contexto histórico de las
Escrituras.
Aunque el profeta miraba lo que acontecía en su derredor,
también podía ver mucho más allá de sus días. De un modo misterioso que sólo
Dios conoce, algunas veces las palabras del profeta debían encontrar su
cumplimiento en lo que era entonces un futuro distante. Algunas veces
tenían que ver no sólo con la época en la cual vivía el profeta, sino
también con un día del futuro remoto. Es decir, tenían una aplicación doble.
Del mismo modo, las formas en que Dios trató a los hombres en las crisis
pasadas se citan muchas veces como ejemplos del trato que dará al mundo en
el día final (Deut. 18:15). Por ejemplo, los escritores bíblicos emplean el
castigo que sufrieron las ciudades de Sodoma y Gomorra, ciudades literales
de la antigüedad, para describir los castigos que Dios finalmente traerá
sobre todo el mundo.
El estudioso de la Biblia que desee sacar de ella el
mayor provecho posible, en primer lugar reconstruirá el contexto histórico
de cada pasaje; escuchará al profeta que habla al antiguo Israel, y
procurará comprender lo que sus palabras significaron para la gente que
originalmente las escucho. Pero también procurará captar el significado que
las palabras del profeta puedan tener para tiempos posteriores, sobre todo
para nuestra época. En verdad, esta aplicación secundaria es para nosotros
hoy la más importante. Pero sólo teniendo en cuenta el marco del contexto
histórico original del mensaje se podrá establecer con certeza su sentido y
su valor para nosotros.
Un estudio de los profetas del AT que consista mayormente
en tomar pasajes escogidos de aquí y de allá, sacándolos de su contexto
histórico y aplicándolos arbitrariamente a nuestros días como si el profeta
hubiera hablado exclusivamente para apoyar nuestra posición, esta lleno de
graves peligros.
En verdad, este proceder es la principal causa de las
caprichosas interpretaciones que caracterizan las enseñanzas de ciertos
grupos religiosos.
En esta época, cuando
sopla "todo viento de doctrina", es bueno asegurarse de que la comprensión
de la profecía bíblica descansa sobre un positivo "Así dice Jehová" (Deut.
29:29; Isa. 50:11; Jer. 2:13; Mat. 7:24-28; 1 Cor. 2:4-5,12-13; Efe. 4:14;
Col. 2:2-4, 8; 2 Ped. 1: 16; Apoc. 22: 18). Si así lo hacemos, no caeremos
en las explicaciones caprichosas que algunas veces se dan de ciertas
profecías del AT: Tampoco adoptaremos la explicación puramente literal que
presentan algunos expositores referente al retorno del Israel literal a la
Palestina literal para gobernar al mundo durante mil años, antes de que
termine el tiempo de gracia para los seres humanos. También estaremos a
salvo de otras interpretaciones que no son bíblicas, mediante las cuales se
aplican alegóricamente a la iglesia todos los detalles de las promesas que
originalmente fueron dadas al Israel literal. Estas dos posiciones
exageradas distorsionan el sentido evidente de las Escrituras y no permiten
que la iglesia logre una juiciosa comprensión de los mensajes de los
profetas.
Como un enfoque seguro
para estudiar los pasajes proféticos del AT, se sugieren estas sencillas
reglas:
1. Examínese la profecía en su totalidad. Téngase en
cuenta quién la presentó, a quién estaba dirigida y cuales fueron las
circunstancias que la motivaron. Debe recordarse que, por lo general, la
profecía fue dada originalmente con referencia a las circunstancias
históricas que la motivaron.
La profecía fue ordenada por Dios para responder a las
necesidades de su pueblo en el momento cuando fue dada y para recordarle el
glorioso destino que como nación le aguardaba: la venida del Mesías y el
establecimiento de su reino eterno. Descúbrase lo que el mensaje significó
para la gente de esa época.
(Esta regla no se aplica a las porciones del libro de
Daniel que debían ser cerradas y selladas, ni a otros pasajes cuya
aplicación pudo haber sido limitada por la Inspiración exclusivamente para
nuestros días.)
2. Obsérvense los aspectos
condicionales de la predicción y determínese hasta qué punto esas
condiciones fueron cumplidas, si es que lo fueron.
3. Descúbrase qué aplicación le dan a esta profecía los
autores inspirados posteriores, y sobre esta base determínese el
significado que pueda tener para el pueblo de Dios de este tiempo.
4. Recuérdese que la historia del trato de Dios con su
pueblo en el pasado ha sido registrada para beneficio de todas las
generaciones posteriores hasta el fin del tiempo. Nuestro estudio de los
mensajes, que fueron originalmente proclamados por santos varones de la
antigüedad a la gente de sus días, no debe transformarse en un fin en si
mismo, sino en un medio para descubrir la voluntad de Dios con respecto a
los que quieran servirle de todo corazón ahora, en el final de los siglos.
La voz de Dios hoy nos habla claramente mediante los profetas de antaño.
Si estas reglas se siguen en forma consecuente, la
interpretación que se obtenga puede aceptarse con confianza. En esta forma
el sincero escudriñador de la verdad encontrará mensajes de inspiración,
consuelo y orientación para hoy en los mensajes inspirados de los profetas
de la antigüedad. |