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¿QUE NOS SUCEDE AL MORIR?
Volvamos
otra vez al relato de Génesis 2:7: “Formó, pues, Jehová Dios
la hombre del polvo de la tierra, y alentó en su nariz soplo
de vida; y fue el hombre en alma viviente.”
La Biblia
describe que Dios formo al hombre en la misma forma que un
alfarero hace su obra. Dios, toma barro o lodo.
(Job.10:9; 33:6; Isa.64:8); y hace, forma una figura humana
de tamaño natural, y va formando los órganos; el cerebro,
los intestinos, ojos, lengua, etc. Después que la
figura del hombre esta formada, sopla aliento de vida en las
narices del hombre, y todos los órganos del hombre empiezan
a funcionar con el aliento de vida; el corazón empieza a
latir cuando parte del agua que tenia el barro se convierte
en sangre (como el primer milagro de Jesús en esta tierra:
convertir el agua en vino, el cual representa su sangre
derramada por nuestros pecados. (Ju. 2:7-8); y la sangre es
bombeada por el corazón al resto del cuerpo. El
cerebro empieza a funcionar y Adán, abre los ojos y por
primera vez observa su entorno.
Empieza a
sentir la brisa del Edén; a escuchar los pájaros y el sonido
del agua corriendo por el río. Siente el calor del
sol, observa todo lo que le rodea; ve a los animales y se
percata de que ellos no son como él. El es diferente;
a lo mejor todavía no se ha visto reflejado en la superficie
de un manantial, pero él ve sus manos, sus pies, toca su
cabeza, su cuerpo y comprende; que aunque él no es el único
ser viviente en el Edén; él es diferente.
La
creación del hombre es algo asombroso; incomprensible para
nuestras mentes finitas. Adán fue creado adulto, no
tuvo niñez; y también fue creado sin personalidad, sin
identidad. Sin carácter.
Adán, lo
mismo que Eva; empezó a crear su identidad, su
individualidad, su personalidad, su carácter; cuando
comienza su mente a procesar, a analizar toda la información
que recibía de sus sentidos. Recibe información de su
Creador, de que él es un hombre, de que fue creado por Dios
para gobernar toda la creación, de que todo cuanto él veía a
su alrededor era suyo como muestra del gran amor de Dios.
Su mente, poderosa,
perfecta, diseñada por Dios para funcionar miles de veces
mejor que la nuestra, empieza a almacenar todo lo que oye,
ve, palpa y siente. Va creando en su cerebro las
memorias permanentes. Reacciona a cada estimulo
externo con un pensamiento y acción interna; y poco a poco
va el hombre formando su carácter. Lo mismo pasa con
la mujer; y ambos crean identidades, personalidades
diferentes. Ambos crean su propia individualidad.
El mismo
proceso ocurre con nosotros hoy; al nacer un niño, su
cerebro reacciona a cada estimulo que recibe; y al cabo de
los primeros cinco años, el niño ha creado su propia
identidad, su carácter, el cual tiene pocas modificaciones a
lo largo de su vida. “Instruye al niño en su camino, aun
cuando fuere viejo no se apartará de el.” (Pro. 22:6).
“Cada
cabeza es un mundo”. Dice el refrán, cada uno de nosotros
somos diferentes, vemos las mismas cosas en la mayoría de
los casos diferentes; y apreciamos las cosas también
diferentes. Tenemos nuestra propia identidad,
personalidad, nuestro propio carácter, que formamos a través
de toda la información que nos llega del mundo exterior y a
las reacciones internas provocadas por esa información.
Aprendemos a amar, a odiar, a tener prejuicios; aun después
de adultos tenemos temor de la oscuridad, a sabiendas de que
no esta el “cuco”; porque en algún momento de nuestras
vidas, relacionamos la oscuridad con el famoso “cuco”.
Aprendemos a murmurar, a envidiar, a matar, todos nuestros
sentimientos, emociones y aún la forma de pensar es
aprendida.
Y al igual que
Adán, cuando fue creado; debemos de aprender a amar a
nuestro creador.
“Dejad a los niños, y
no les impidáis venir a mi; porque de los tales es el reino
de los cielos.” (Mat.19:14); “Y llamando Jesús a un niño, lo
puso en medio de ellos. Y dijo: De cierto os digo, que si no
os volviereis, y fuereis como niños, no entrareis en el
reino de los cielos.” (Mat. 18: 2-3). “Respondió
Jesús, y díjole: De cierto, de cierto te digo, que el que no
naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios.” (Ju. 3:3).
Debemos de ser como niños, “nacer de nuevo”, ser “recreados”
otra vez por Dios. Para que él nos reeduque, nos
enseñe a amarlo, amar a nuestro prójimo, a sacar los
prejuicios y complejos de nuestras vidas, a sentir y a
pensar en forma diferente. A construir un nuevo
carácter.
Y es estudiando la
palabra de Dios, como aprendemos la educación del cielo.
Meditando en sus enseñanzas como comenzamos a pensar
diferente, a poner nuestra mente en otra esfera, en cosas
nuevas y más nobles; y de esa forma, esos nuevos
pensamientos, van creando en nosotros nuevos sentimientos,
nuevas emociones, y nuestro Dios, a través de su Santo
Espíritu, va construyendo en nosotros un nuevo carácter.
Y nos empiezan a gustar nuevas cosas, nuestra conversación
se hace diferente, comienza una nueva relación con Jesús, y
comenzamos a conocerlo en una forma que no entendíamos
antes, nos llega un deseo inmenso de hablar con Dios a
través de la oración; y el nos contesta a través de su
palabra, la Santa Biblia; y las verdades del evangelio; las
historias de sus paginas cobran vida y nos dan vida interna
también.
Nos
sentimos libres, porque Jesús nos ha liberado, porque hemos
conocido la verdad: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os
libertará.” (Ju. 8:32). Se fueron al pasado los
complejos, los prejuicios, las envidias, el temor, la
ansiedad; porque ha nacido en nosotros la esperanza de la
salvación. Jesús, al reeducarnos, no sólo nos
libera de nuestra vida pasada, sino también del pecado:
“Jesús les respondió; De cierto, de cierto os digo, que todo
aquel que hace pecado, es siervo de pecado. Y el siervo no
queda en casa para siempre; el hijo queda para siempre. Así
que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.”
(Ju. 8:34-36). Debemos de formar un carácter digno del
cielo, porque es lo único que llevaremos al cielo de esta
tierra; porque Dios, en la resurrección nos dará un cuerpo
nuevo (1Co. 15).
Adán murió
de 930 años, prueba de que la serpiente Satanás, no habló
con la verdad. Al morir, ya tenía su identidad,
personalidad, su carácter individual. Al igual con
cada persona que muere, ya tiene su carácter formado, su
identidad, su “genio y figura hasta la sepultura”.
Pero, ¿Qué sucedió con la individualidad de Adán, con su
personalidad, con su carácter y con el de todas las personas
que han muerto?
Son preservados por
Dios en el cielo. ¿Dónde? En los libros de las
memorias.
Dios
guarda un registro exacto de cada uno de nosotros en el
cielo. Cada acción, cada pensamiento, cada palabra,
todo; es registrado en los libros. “Mis huidas has tu
contado. Pon mis lágrimas en tu redoma. ¿No están
ellas en tu libro?” (Sal.56:8); “Entonces los que temen a
Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y
oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los
que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre.”(Miq. 3:16);
“Mas yo os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los
hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.
Porque por tus palabras serás justificado, y por tus
palabras serás condenado.” (Mat. 12:35-36). “Porque el
Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus
ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”
(Mat. 16:27).
Analicemos Ap.22:12; “He aquí, yo vengo presto, y mi galardón conmigo,
para recompensar a cada uno según fuere su obra.” ¿Qué es lo
que determina la recompensa, y cuando ésta será dada?
Leímos en Mateo,
capítulos 12 y16, que Jesús pagará a cada uno de nosotros,
de acuerdo a nuestras obras, palabras; inclusive nuestros
pensamientos y sentimientos ocultos: “El fin de todo
discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus
mandamientos; porque esto es el todo del hombre.
Porque Dios traerá toda obra a juicio, el cual se hará sobre
toda cosa oculta, buena o mala.” (Ecl. 12:13-14).
La Biblia
nos enseña que Dios hará un juicio de toda la humanidad;
(Mat. 2:7l; 10:15; 11:22,24; 12:41-42; Mar. 3:29; Ju. 16:8; Ro. 3:19; Heb. 6:2; 2Pe. 2:4,9; 1Ju. 4:17;
(Jud. 6); donde
cada uno de nosotros; cada persona que haya vivido en este
mundo tendrá que comparecer: “Porque es menester que todos
nosotros parezcamos ante el tribunal de Cristo, para que
cada uno reciba según lo que hubiere hecho por medio del
cuerpo, ora sea bueno o malo.” (2Co. 5:10). Cuando
empieza el juicio en el cielo; no estamos presentes
físicamente allá; pero estamos presentes, a través de
nuestros registros, nuestros archivos, que se han escrito
con todos los detalles concernientes a cada instante de
nuestras vidas.
Daniel 7:9-10 nos dice:
“Estuve mirando hasta que fueron puestas sillas, y un
Anciano de gran edad se sentó, cuyo vestido era blanco como
la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su silla
llama de fuego, y sus ruedas fuego ardiente. Un rió de
fuego procedía y salía de delante de él, millares de
millares le servían, y millones de millones asistían delante
de él. El Juez se sentó, y los libros se abrieron.”
Por eso es
que la falsa doctrina de la inmortalidad del alma, y de que
los muertos no están muertos; es diabólica. No
solamente, niega la resurrección de los muertos; la pronta
segunda venida de Cristo Jesús; sino, también el juicio.
Si creemos que una persona al morir, se va al cielo o al
infierno; o si va a reencarnar en otra forma de vida; ¿para
qué un juicio; si esa persona ya fue recompensada cuando
murió? Entonces, si no hay un juicio por parte de
Dios; ¿para que prepararnos, no sólo para estar esperando a
Cristo en su segunda venida; sino también para el juicio?
Y algo peor también; un juicio se lleva a cabo porque ha
habido un quebrantamiento, una violación a la ley; pero;
¿Cuál ley? La ley de Dios. Entonces, al negar, la
existencia del juicio de Dios; también negamos la existencia
o vigencia de la Ley de Dios. “Así hablad, y así
obrad, como los que habéis de ser juzgados por la ley de
libertad.” (Sant. 2:12). Es en base a la obediencia o
desobediencia, a la santa ley de Dios, que el juicio es
llevado a cabo; pero Satanás, no sólo engaña al hombre en
cuanto a la inmortalidad del alma y del verdadero estado de
los muertos, sino; también en cuanto a la vigencia de la ley
de Dios. Las grandes mentiras expresadas por la
serpiente en el Edén, tienen como propósito, apartar a toda
la humanidad del verdadero camino hacia Dios, de su
verdadero carácter. Satanás proyectó a Dios en el
Edén, como mentiroso, engañador, egoísta y tirano; que
demanda de sus criaturas una obediencia absoluta porque si
no, viene el castigo.
Cuantas
personas ven al Creador de esa misma manera hoy.
¿Cuantos se preguntan por que Dios no creó al hombre con la
facultad de no pecar? Pero no queremos entender que
Dios nos ama tanto que nos creó con libre albedrío, nos dotó
de voluntad propia, nos hizo seres humanos y no robots, que
son programados para hacer lo que el programa almacenado en
la memoria les dicta. ¿Quién quiere ser una
computadora? Que es el aparato más estúpido que
existe; pues solamente tiene una sola función: hacer lo que
se le dice; ejecutar el trabajo para lo cual fue hecha; sin
sentimientos ni emociones; inclusive sin el conocimiento de
su propia existencia. Nuestro Creador, al dotarnos de
voluntad propia, del poder para elegir, de sentir, de pensar
por nosotros mismos, de saber que estamos vivos y de desear
seguir viviendo, nos demostró cuanto nos ama; y también
cuanto nos respeta; respeta nuestras decisiones y deseos:
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno oyere mi
voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él
conmigo.” (Ap. 3:20). El no forza la entrada, está a la
puerta de nuestro corazón tocando incesantemente que lo
dejemos entrar. Pero su toque es un toque de amor.
En la antigüedad, en los países orientales, como hoy en día,
el cenar con alguien es símbolo de amistad y confianza, de
amor, respeto y estimación mutua. Esa es la clase de
relación que nuestro Padre quiere con nosotros. Dios
no nos trata como meras criaturas, sino como parte de él
mismo; pues nos ve como “la niña de sus ojos” (Zac. 2:8),
porque lo entregó todo por nosotros:(Ju. 3:16); con el fin de
que seamos, no criaturas, sino hijos: “Mas a todos los que
le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios,
a los que creen en su Nombre.” (Ju. 1:12).
Muchos han predicado hasta el extremo el gran amor de Dios y
se olvidan de su justicia; predican que él nos acepta como
somos, y que podemos estar siempre seguros de su amor por
nosotros. “Cristo te ama; él murió por tí, eres salvo, te
acepta como tú eres.”
Y esto es cien por
ciento cierto; pero ésto es sólo la mitad del mensaje de
Dios. Frente a Dios; decir una verdad a medias es mentir. Se
ha sobre predicado tanto el amor de Dios, que muchos hoy se
preguntan, ¿Cómo es posible que si Dios nos ama tanto nos
condene? ¿Qué nos dé la
retribución de nuestros pecados? Si Dios “es amor”, él
no nos va a condenar con la muerte eterna. ¿Ves?
Volvemos otra vez a las mentiras de Satanás en el Edén: “no
moriréis”; "Dios no los va a condenar, él los ama tanto que
pasará por alto sus pecados."
Dios nos acepta como
somos, donde y como estamos; pero no nos deja como somos:
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que
nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.”
(1 Ju.1:9). Jesús nos acepta como somos; pero, no nos deja
como somos; también nos limpia, nos justifica por la
fe en él: (Ro. 5:1); también nos santifica: (1 Ju. 3:1-3).
Es verdad que Dios nos
ama tanto que entregó su único hijo en la cruz (Ju. 3:16),
por sacrificio de nuestros pecados. Pero por ese
sacrificio de amor, Jesús pagó las exigencias de la
quebrantada ley de Dios; nos olvidamos que Jesús tuvo que
morir en la cruz en el lugar de Adán y Eva y el nuestro;
porque ellos y nosotros hemos violado la ley de Dios, la
cual requiere la muerte del pecador. En la cruz, el
amor y la justicia se encontraron.
El mismo
Creador, quien dio su ley a nuestros primeros padres y a
nosotros, tuvo con su muerte en la cruz, que pagar los
requerimientos de su propia justicia. Dios es amor, es
verdad; y también es justo. La justicia de Dios
demanda la muerte del violador de su santa ley que es la
base de su gobierno, y esa justicia fue satisfecha por Jesús
con su muerte por nosotros en la cruz. La cruz nos es
la prueba real de que Dios es amor. Pero también la
prueba real de no dejará impune al transgresor de su ley.
Si Dios permitió que su
propio Hijo, sin culpa, sin pecado; muriera y pagara
la deuda del pecado. ¿Qué nos hace pensar que podemos
vivir hoy mancillando la ley de Dios impunemente;
aprovechándonos, para beneficio propio, del amor de Dios,
para vivir como nos de la gana? “En esto consiste el
amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él
nos amó a nosotros, y ha enviado a su Hijo en propiciación
por nuestros pecados.”(1Ju. 4:10). “Nosotros le amamos a él.
Porque él nos amó primero.” (1Ju. 4:19).
Amor con
amor se paga; Dios, nos amó primero, y su amor despierta en
nosotros amor hacia él. Pero nunca el hecho de que
Dios nos ame; es una carta de licencia para vivir sin
obediencia. Reclamamos las promesas de Dios en base al
amor que él nos tiene; sabemos que es su amor, hacia
nosotros, lo que impulsa a nuestro Creador a bendecirnos y
protegernos, y al final darnos la vida eterna, y ¿esperamos
que Dios nos dé todo eso y continuar viviendo una vida
pecaminosa? Eso no es tan sólo presunción; es
chantaje. La salvación es gratuita para cada uno de
nosotros; pero a Dios le costó un alto precio. La
muerte que debíamos pagar tú y yo, él la pagó al entregar su
vida por nosotros.
Y es la Santa Ley de
Dios, aun vigente, la base de su juicio.
Sólo una
mente como la de Satanás pudo haber elaborado una doctrina
con tanta falsedad y engaño, con el fin de que se pierdan
millones de personas. El tiene un engaño preparado
para cada generación; antes del primer advenimiento de
Jesús, engañó a la nación judía a esperar un rey literal,
quien los libraría de sus enemigos literales, para
establecer un reino mesiánico literal, cuando Jesús les
había dicho: “mi reino no es de este mundo”. Aún
cuando todas las profecías bíblicas apuntaban, señalaban el
día, la ciudad, el momento en que el Mesías iba a venir al
mundo; “a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.”
(Ju. 1:11). ¿Por qué?; por una falsa interpretación
profética. Satanás estudia la Biblia; no para
salvarse, sino para contrarrestar el plan de Dios; y levanta
falsos maestros que enseñen falsas doctrinas para alejar al
mundo de Dios. El ya fue juzgado en el cielo, hallado
culpable y condenado: “Ahora es el juicio de este mundo,
ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.”
(Ju. 12:31). Y su sentencia será ejecutada cuando Jesús
venga.
Los
métodos de engaño de Satanás son los mismos: Poner dudas en
nuestra mente acerca de Dios; torcer la palabra de Dios;
citar fuera de contexto la palabra de Dios; usar a otras
personas para hacernos desobedecer a Dios; controlar
nuestras emociones y pensamientos. Son los mismos
métodos, no los varía porque siempre les han dado
resultados. Cuando Jesús vino por primera vez; ¿Quién
lo estaba esperando?; cuando “la luz verdadera, que alumbra
a todo hombre que viene a este mundo.” (Ju. 1:9); nació;
¿Quién lo notó; quién le dio la bienvenida? Unos
pastores que estaban en el campo y unos magos orientales (a
propósito; ni siquiera eran judíos), fueron los únicos que
se dieron cuenta del mayor suceso que jamás haya ocurrido en
esta tierra. Los pastores lo supieron porque ellos
anhelaban la venida del Mesías; los magos lo supieron porque
estudiaban las profecías que señalaban el nacimiento del
Mesías. Pero los dirigentes religiosos, quienes eran
“doctores de la ley”, maestros que enseñaban a otros, no lo
supieron. Y el pueblo tampoco lo supo porque era
enseñado por esos maestros falsos. Jesús vino a salvar
al mundo de sus pecados, a rescatar lo que se había perdido
desde el Edén, a reconciliar al hombre con Dios; a unir al
mundo con Dios.
¿Y tú
crees que hoy es diferente? Satanás sigue estudiando
las profecías, y él sabe que su fin está cerca, pues la
segunda venida de Cristo está a las puertas: “Sed templados,
y velad; porque vuestro adversario el diablo, cual león
rugiente, anda alrededor buscando a quien devore.”
(1Pe. 5:8); “Por lo cual, alegraos, cielos, y los que moráis
en ellos. Ay de los moradores de la tierra y el mar!
Porque el diablo ha descendido a vosotros, teniendo grande
ira, sabiendo que tiene poco tiempo.” (Ap. 12:12).
¿Sabe Satanás que Cristo viene pronto? Claro que si!
¿Sabe que le queda poco tiempo? Claro que si! ¿Y
qué esta él haciendo? Lo mismo que hizo en el pasado,
levanta maestros religiosos para que enseñen falsas
doctrinas y una falsa interpretación profética. ¿El
mundo espera hoy a Jesús? ¿El mundo cree en el pronto
retorno de Cristo?
Para
millones de personas no existe Dios; y al no creer en Dios,
ni creen en su venida ni les importa el juicio; para otros
millones Cristo ya vino en una “venida invisible”, siendo
clara la Biblia al decir: “He aquí que viene con las nubes,
y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los
linajes de la tierra se lamentarán sobre él. Así sea.” (Ap. 1:7).
Pero según los que
enseñan esta doctrina, uno lo verá con “los ojos del alma”.
¿Usted sabia que el alma tiene ojos? No es una burla;
pero notemos que el pasaje es claro: “todo ojo le verá”;
¿dice el texto que es con los ojos del alma? No.
Entonces, ¿Es esto agregarle palabras a la Biblia que no
tiene; enseñar algo que la Biblia no dice? Claro que
si. Hay más de mil millones de personas en el mundo
hoy que son religiosas, pero que creen en muchos dioses, y
como son tantos dioses, ninguno de ellos vendrá sino que;
uno debe de purificarse para ir a ellos. Para otros
millones de personas, la ciencia, la educación y el orden
traerán prosperidad y paz y la tierra será un paraíso.
Otros tantos millones, cristianos; creen que la iglesia será
raptada al cielo, y por lo tanto, aunque dicen creer en el
segundo advenimiento de Cristo; lo más importante para ellos
es el rapto, no creen en la resurrección de los muertos;
porque para ellos cuando una persona muere, si fue bueno, va
para el cielo; si fue malo, para el infierno a quemarse
eternamente, y el juicio. " ¿Cuál juicio?, si Dios te va
a dar tu paga cuando te mueras."
Millones
mas, son religiosos; cristianos, no cristianos; porque según
ellos, “Dios es el mismo pero con diferentes nombres, no
importa lo que tu creas, en no haciéndole daño a nadie”,
todo esta bien; estos meditan y le cantan a OM, la energía
interior y se van “purificando, haciéndose perfectos”, para
alcanzar el “nirvana”; y cuando se les pregunta por Cristo;
¿Cristo? Mi hermano si todos somos “Cristos”.
Porque para ellos hay muchos Cristos; el primero fue Adán;
después del diluvio, Moisés; después Buda; Jesús; Mahoma; y
hoy en día hay dos: Maitreya y Shri Sai Baba. ¿Y el
juicio? "¿Pero, tú estas loco? El amor lo domina
y llena todo; cuando tu alcanza el nirvana ya tu eres dios,
y Dios no puede ser juzgado". Eso es lo que enseñan.
En la
antigüedad; todos los caminos conducían a Roma; pero en todo
momento de la historia de la humanidad; no todos los caminos
conducen al cielo: “Entrad por la puerta estrecha; porque
ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a
perdición, y muchos son los que entran por ella.
Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva
a la vida, y pocos son los que la hallan.” (Mat. 7:13-14).
“Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida.
Nadie viene al Padre, sino por mí.” (Ju. 14:6).
“Y en ningún otro hay
salud; porque no hay otro Nombre debajo del cielo, dado a
los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hech. 4:12).
Sólo en
Jesús, hay salvación; sólo por él y a través de él
alcanzamos el cielo; pues sólo él es la escalera que conecta
al cielo con la tierra.
¿En que se
basan todas estas doctrinas? En la creencia de la
inmortalidad del alma, en creer que los muertos no están
muertos. Las grandes mentiras que Satanás dijo en el
Edén; “no moriréis; mas sabe Dios que el día que comiereis
de él, serán abiertos vuestros ojo, y seréis como
dioses sabiendo el bien y el mal”. Todas las falsas
doctrinas se basan en estas mentiras. Imagínate un
joven en el medio oriente, de descendencia humilde; el
quinto o el octavo de su casa; con pocos recursos, como
realmente viven millones de personas en esa área. Con
pocas esperanzas de mejorar su situación, económica,
sentimental, espiritual; de él y su familia. Es
“educado” (enseñado, ¿recuerdas como se forma el carácter?
Aprendizaje); que, si él se coloca en el cuerpo una bomba, y
se suicida matando a los enemigos de Alá; su familia
será ayudada económicamente; él será un mártir y su foto la
mostraran en cada manifestación que se haga. Y que se
va derechito para el paraíso, sin escala; además Alá le dará
como premio 72 vírgenes para el solito. ¡Wao! ¿Quién no
se pone una bomba con esa creencia?
Si esto fuera cierto,
el paraíso esta lleno de mujeres. ¿Qué le darán al que
no se suicida?
Además, Alá discrimina,
porque a las mujeres que hacen lo mismo no les dan ni un
hombre ni siquiera para que les eche fresco. El Corán
no enseña eso. Estas son interpretaciones y enseñanzas
falsas. Satanás tiene un engaño preparado para cada
generación, para cada cultura, religión y para cada uno de
nosotros. Sólo en Cristo está la verdad. Sólo
hay una verdad y esa es la palabra de Dios.
Otros
millones más; opinan que, el hombre ha evolucionado tanto,
que estamos en la era del verdadero conocimiento, que
podemos regirnos por nosotros mismos. Que no
necesitamos ningún código de conducta moral, porque nuestra
propia razón puede dictarnos lo que es bueno o malo.
No profesan ninguna religión o filosofía en particular;
toman lo que suena agradable del cristianísmo, budísmo, las
religiones de la India, la astrología (que unos quince años
atrás sólo te decía el horóscopo; pero que hoy en día, te
mezcla el horóscopo con las enseñanzas de otras
religiones.), las filosofía china, en fin hacen un cóctel de
teorías y doctrinas confusas. Estas personas son sus
propios dueños. Profesan creer en todo,
porque; según ellos; no importa lo que creas, Dios es el
mismo pero con diferentes nombres en las diferentes
religiones y todas las doctrinas son buenas, vive como
quieras, que tú eres lo suficientemente inteligente para
seguir los dictados de tu corazón. ¿Desde cuando el
corazón es confiable para tomar decisiones eternas?
“Engañoso es el corazón
más que todas las cosas, y perverso, ¿Quién lo conocerá?” (Jer. 17:9).
Pero, ¿En
qué se basan estas creencias? “Y seréis como dioses,
sabiendo el bien y el mal”. Esta mentira dicha por
Satanás en el Edén, fue creída por nuestros primeros padres;
y es creída hoy por millones de personas.
“sigue los dictados de
tu corazón; eres un ser racional, no necesitas que alguien
te diga lo que es bueno o malo; lo que es correcto o no; tu
riges tu propio destino, no necesitas de reglas o normas, de
ninguna ley, que controle tu conducta o deseos. Vives
como quieras, al fin y al cabo, somos eternos; la gran
mayoría de las filosofías y religiones enseñan que somos
inmortales, que somos dioses y evolucionaremos a un estado
superior; y la mayoría no puede estar equivocada”.
¿Pero sabes qué?; la Biblia enseña que la mayoría
nunca ha estado con Dios. “Entrad por la puerta estrecha;
porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a
perdición, y muchos son los que entran por ella.
Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva
a la vida, y pocos son los que la hallan.” (Mat. 7:13-14).
Por eso es
de vital importancia que entendamos que el alma no es
inmortal, que los muertos nada saben. Creer lo
contrario, es negar la doctrina bíblica de la resurrección
de los muertos, negar la segunda venida de Jesús en poder y
gloria, y negar la existencia de un juicio en el cielo por
Dios que se está llevando a cabo en estos momentos.
La doctrina de la
resurrección es clara a lo largo de toda la Biblia; cuando
Jesús va a resucitar a Lázaro le dice a Marta: “Dicele
Jesús: Resucitará tu hermano. Marta le dice: Yo sé que
resucitará en la resurrección, en el día postrero.”
(Ju. 11:23-24) ¿Cuándo Marta sabia que Lázaro iba a
resucitar? Cuando Jesús venga por segunda vez a pagar
a cada uno de nosotros según sean nuestras obras que han
sido escritas en los libros.
“Dicele Jesús: Yo soy
la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque
esté muerto, vivirá. Y todo aquel que cree en mí, no
morirá eternamente.” (Ju. 1125-26).
¿Aunque esté cómo?
Muerto. ¿No morirá cómo? Eternamente.
Aparte de
los libros que contienen una copia exacta de cada instante
de nuestra existencia; todo lo que una persona haya sido en
esta vida. Hay otro libro.
Leamos Daniel 12:1: “Y
en aquel tiempo se levantara Miguel, el gran Príncipe que
está por los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia,
cual nunca fue después que hubo gente hasta entonces; mas en
aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se
hallaren escritos en el libro.”
¿Los
nombres de quienes están escritos en el libro? “Así
mismo te ruego también a ti, hermano compañero, ayuda a las
que trabajaron juntamente conmigo en el evangelio, con
Clemente también, y los demás mis colaboradores, cuyos
nombres están en el libro de la vida.” (Fil. 4:3).
“Mas no
os gocéis de esto, de que los espíritus se os sujetan; antes
gozaos de que vuestro nombre está escrito en los cielos.” (Luc. 10:20).
Este es el libro de la
vida; y en él están escritos los nombres de todas las
personas que una vez en su vida profesaron servir y creer en
Dios. Si usted, alguna vez profesó el nombre de Dios;
profesó creer en Cristo; su nombre está escrito en el libro
de la vida.
¿Pueden
los nombres; mi nombre o tu nombre ser borrado del libro de
la vida? “Que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme
ahora de tu libro que has escrito. Y Jehová respondió
a Moisés: Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi
libro.” (Ex. 32:32).
“El que venciere, será vestido de
vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la
vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante
de sus ángeles.” (Ap. 3:5).
Si pecamos, y no confesamos
nuestros pecados, nuestros nombres serán borrados del libro
de la vida. Tenemos que destacar aquí otra vez; que en
el juicio, nosotros no estamos presentes físicamente, sino
en la forma de nuestros archivos o registros personales.
Cuando llegue la hora de que seamos juzgados, nuestro nombre
será llamado y al Juez se le entregará nuestro archivo
personal. Fijémonos que el versículo de Ap. 3, dice
que Jesús confesará nuestro nombre delante de su Padre y de
sus ángeles si vencemos. Se enseña el mismo principio
en Lucas 12:8: “Y os digo que todo aquel que me confesare
delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le
confesará delante de los ángeles de Dios.” ¿Por qué y
dónde tiene que confesar Jesús nuestro nombre? Porque
se está llevando a cabo un juicio en el cielo.
Al
hacer de Jesús nuestro salvador, también lo hacemos nuestro
abogado, quien nos representa en el juicio de Dios y
confiesa que somos suyos delante de Dios y sus ángeles, pues
hemos sido perdonados y la justicia de Cristo es imputada a
nosotros. “Así dijo tu Señor Jehová, y tu Dios, el cual
aboga por su pueblo: He aquí he quitado de tu mano el cáliz
de aturdimiento, la hez del cáliz de mi furor; nunca más lo
beberás.” (Isa. 51:22).
“Abogaste, Señor, la causa de
mi alma, redimiste mi vida.” (Lam.3:58); “Hijitos míos,
estas cosas os escribo, para que no pequéis; y si alguno
hubiere pecado, abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo
el justo.” (1Ju. 2:1). El es nuestro abogado, que
pelea nuestro caso, con su propia vida. Podemos estar
seguros de que si ponemos nuestras vidas en él nos defenderá hasta
ganar nuestro caso, pues ya lo hizo una vez entregando su
vida por nosotros en la cruz. No necesitamos dinero
para contratarlo, él está siempre presto para ayudarnos,
para escucharnos; ¿y sabes que?; la llamada es gratis, no te
va a contestar la secretaria sino el mismo Jesús; desde que
tu cojas el telefono de la oración, él empieza a
escucharte, y cuando le dices, quiero que seas mi abogado,
él responde: acepto el caso.
Porque él nos dice: “Y
al que a mí viene, no le echo fuera.” (Ju. 6:37).
Imagínate lo que es ir
a un juicio, donde todas las pruebas están en nuestra
contra, y no tener quien nos ayude, quien crea en nosotros,
un abogado que haga nuestra causa suya, y resucitar en el
día final y descubrir que estamos perdidos, que hemos
desperdiciado las oportunidades que Dios nos otorgó,
descubrir que todo lo que creímos fue un engaño, que fuimos
llamados a juicio, y hallados falto. Cuando nuestro Dios
hizo todo lo posible, lo dio todo, para salvarnos.
Ahora
bien; analicemos otra vez Eclesiastés 12:7: “Y el polvo se
torne a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que
lo dio.” Con los siguientes textos:
Lucas 8:52-55; Hechos
7:56-59; Lucas 23:46.
Lucas 8:52-55: “Y
lloraban todos, y la plañían. Y él les dijo: No lloréis; no
es muerta, sino que duerme. Y hacían burla de él,
sabiendo que estaba muerta. Mas él, tomándola de la
mano, clamo, diciendo: Muchacha, levántate. Entonces
su espíritu volvió, y se levanto al instante. Y él
mandó que le diesen de comer.” Hay algo interesante
aquí; una vez más Jesús compara la muerte con un sueño, y
recalca la doctrina de la resurrección de los muertos. Pero hay
algo mas; al resucitar a esta muchacha, Jesús, no le da el
espíritu; sino, le devuelve su espíritu; el de ella.
Hechos
7:56-59: “Y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al
Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios.
Entonces dando grandes voces, se taparon sus oídos, y
arremetieron unánimes contra él. Y echándolo fuera de
la ciudad, le apedreaban; y los testigos pusieron sus
vestidos a los pies de un mancebo que se llamaba Saulo.
Y apedrearon a Esteban, invocando él y diciendo: Señor
Jesús, recibe mi espíritu.”
Notemos aquí que
Esteban antes de morir, le dice a Jesús que reciba su
espíritu; no el espíritu en general, sino; el de él
propiamente. Lucas 23:46: “Entonces Jesús,
clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi
espíritu. Y habiendo dicho esto expiró.” Jesús,
al morir entrega a Dios su espíritu personal.
Cuando analizamos
estos versículos; podemos preguntarnos, cuándo una persona
muere, y el espíritu regresa a Dios; ¿regresa a Dios algo
mas? Si tomamos en cuenta que todo lo que hacemos en
esta vida, todo lo que somos, es registrado en los libros;
podemos concluir que al morir, nuestros registros son
cerrados y archivados.
Cuando Jesús;
como lo indica Lucas 8; resucitó a la hija de Jairo; ¿Qué le
devolvió Jesús? Cuando Cristo resucitó; ¿Qué le devolvió
Dios? Su identidad personal.
Dios guarda nuestra
identidad personal para ser devuelta en el día de la
resurrección.Cuando Jesús resucita a la niña; ella resucita
siendo ella; se recuerda de su último pensamiento; su
memoria y recuerdos vuelven a ella; sigue siendo la
misma que antes de morir. Lo mismo sucedió con Jesús;
su identidad fue restituida, se recuerda de Maria y de sus
discípulos, de todo lo que les había dicho y de toda su
vida. O sea; en la resurrección; nuestra identidad personal,
nuestra individualidad nos es devuelta; pues Dios tiene una
copia exacta de nosotros en forma de datos registrada en el
cielo.
Adán murió
hace casi seis mil años; su cuerpo fue al sepulcro y allí se
descompuso y se hizo polvo, de Adán no queda nada.
Pero al morir el archivo de Adán es preservado en el cielo
por Dios porque; el espíritu; el carácter del hombre regresa
a Dios y allí es preservado. En la resurrección, cada
persona tendrá su propio carácter, Dios a su debido tiempo
resucitará a los muertos y les dará de nuevo el aliento de
vida y mandará a los huesos secos que vivan. La misma
forma saldrá, pero estará libre de enfermedades y defectos,
revivirán llevando los mismos rasgos individuales de tal
manera que amigo reconocerá a amigo, los familiares se
reconocerán unos a otros. No hay ninguna ley en la
naturaleza que obligue a Dios, a usar las mismas partículas
de materia.
Dios les dará a los
justos un cuerpo que le plazca a él. Eso lo podemos
corroborar en 1Co. 15. No será así con los impíos;
cuando los impíos son resucitados; también resucitarán con
su identidad personal, su carácter, pero sus cuerpos no
serán transformados, Dios no les dará un cuerpo celestial,
sin defectos ni enfermedades, pues ellos resucitarán para
condenación.
Por eso es
sumamente importante entender esto; pues cada día que
vivimos, debemos confesar nuestros pecados y pedirle a
nuestro Creador que nos ayude con su Santo Espíritu, a
formar aquí el carácter, la personalidad adecuada para ser
llamados justos, santos, hijos de Dios.
Ilustremos todo esto:
La mayoría de nosotros
estamos familiarizados con las computadoras.
Comparemos una persona a una computadora: El Procesador, las
memorias (RAM Y ROM), el disco duro; componen el cerebro de
la computadora. El disco duro representa la memoria
permanente donde al igual que nuestro cerebro, se almacenan
las memorias y recuerdos, que nunca olvidamos; la memoria
RAM; representa la memoria inmediata de nuestro cerebro, y
el procesador, la parte que pensante de la computadora.
Digamos
que usted va a la tienda y compra una computadora regular;
sabemos que hay diferentes tipos de computadoras,
dependiendo de la cantidad de memoria, velocidad del CPU, y
los componentes internos; pero para nuestra ilustración,
empleemos una configuración estándar. En la tienda,
todas las computadoras, tienen los mismos componentes
internos, y son externamente de diferentes colores y formas;
así como nosotros, internamente tenemos los mismos órganos
internos, pero por fuera, somos gorditos, flacos, etc.
Volvemos a recalcar; en la tienda, todas las computadoras
son iguales, tienen el mismo sistema operativo (Windows’
98). Usted, al igual que otras personas en la tienda, compra
una computadora y se la lleva para su casa.
Al llegar
a su casa, se da cuenta que el vecino, también compró una
computadora similar a la suya, así que usted no es el único
en la cuadra con computadora. Después de instalar la
computadora, usted empieza a darle una identidad a esa
computadora; le instala programas, diseña o configura la
pantalla a su gusto; comienza a trabajar con el procesador
de palabras para hacer documentos; copia o “salva” (save),
todas las fotos de la familia, crea su árbol genealógico, le
instala juegos, screen savers, se conecta al Internet.
Y a medida que pasa el tiempo y usted usa más y más su
computadora, ésta va adquiriendo, formando una
individualidad propia.
Un día, su
vecino, que sabe que usted tiene una computadora similar a
la de él, lo llama porque su computadora tiene un virus (se
enfermó); y su vecino quiere saber si usted lo puede ayudar.
Usted va a la casa de su vecino, y empieza a bregar con la
computadora del vecino; y usted se da cuenta, que aunque
usted y su vecino, tienen computadoras similares, compradas
en la misma tienda y al mismo precio, con los mismos
componentes internos y el mismo sistema operativo; ambas
computadoras, son tan diferentes; tan individuales.
Cada computadora tiene una identidad (carácter) diferente.
Y esto es una realidad, no hay dos computadoras iguales, así
mismo como no hay dos personas iguales, cada uno de nosotros
tenemos nuestra identidad propia, nuestro carácter.
Los años van pasando, y
los datos que usted ha almacenado en su computadora, son
muchos, la configuración es compleja; usted cliquea un atajo
(shortcut) en la pantalla; y sale el documento que usted
preparó hace tres años. Cliquea otro, y sale el
archivo con las fotos de las vacaciones, cliquea otro mas, y
la computadora automáticamente, se conecta al Internet, le
abre el correo electrónico (e-mail), le manda la foto del
recién nacido a la abuela, etc. Usted entiende la idea.
Un buen
día; usted enciende la computadora, y nada pasa; vuelve a
apretar el botón, y nada pasa; la computadora murió.
Pero, ¿Qué pasa con toda la información, con todos los datos
y configuraciones que usted hizo con la computadora, los
documentos, fotos, etc.? Todo está almacenado en
backup, que usted hacía todos los días.
Al igual que la
persona, la computadora murió. Claro que usted se
puede comprar otra computadora, pero no tendrá la identidad,
la individualidad que tenía ésta. Si usted no tiene la
configuración y los datos guardados en un registro; la
personalidad de su computadora, se perdió para siempre.
Pero los
datos y la configuración, que su difunta computadora tenia,
son muy importantes para usted. Así que usted decide,
no comprar una computadora y empezar todo de nuevo; sino,
como usted guarda los registros de su “vieja y fallecida”
computadora; usted decide recrearlos. Va a la tienda,
compra todas las piezas y programas necesarios y arma otra
caja, le da “forma” a la computadora; después que está
armada, le instala otra vez Windows 98 (soplo de vida),
agarra los discos de backups, y restaura la vieja
configuración, los datos y programas. Después de
restaurar todo, hace una actualización (upgrade), de Windows
98 a Windows XP. La computadora revivió, usted
restauró, la vieja identidad, personalidad de la computadora
en un nuevo cuerpo.
Ahora en vez de un
disco duro de 400 megabytes, el nuevo es de 5000 gigabytes,
más de ocho mil veces su capacidad anterior. El viejo
Procesador de 100 Mhz, es sustituido por uno de 10000 Ghz; la
memoria interna se ha aumentado a la quinta potencia, etc.
Ahora su computadora, no sólo tiene su personalidad
anterior, sino que ahora es capaz de almacenar, aprender,
calcular y hacer las cosas miles de veces mejor y más
rápido. Eso es lo que Dios hará, cuando los justos
resuciten en la segunda venida de Jesús. Les devolverá su
propia identidad, pero en un cuerpo glorificado, celestial,
perfecto, que no se enfermará ni se arrugará con el tiempo.
“Mas dirá
alguno: ¿Cómo resucitaran los muertos? ¿Con qué cuerpo
vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no
muriere antes. Y lo que siembras, no siembras el cuerpo que
ha de salir, sino el grano desnudo, acaso de trigo, o de
otro grano. Mas Dios le da el cuerpo como quiso, y a
cada simiente su propio cuerpo. Toda carne no es la
misma carne; mas una carne ciertamente es la de los hombres,
y otra carne la de los animales, y otra la de los peces, y
otra la de las aves. Y cuerpos hay celestiales, y
cuerpos terrestres; mas ciertamente una es la gloria de los
celestiales, y otra la de los terrestres. Otra es la
gloria del sol, y otra la gloria de la luna, y otra la
gloria de las estrellas; porque una estrella es diferente de
otra en gloria. Así también es la resurrección de los
muertos. Se siembra en corrupción, se levantara en
incorrupción. Se siembra en vergüenza, se levantara
con gloria; se siembra el flaqueza, se levantara con
potencia; se siembra cuerpo animal, resucitara cuerpo
espiritual.
El primer hombre es de
la tierra, terreno; el segundo hombre, que es el Señor, es
del cielo. Cual el terreno, tales también los
terrenos; y cual el celestial, tales tamben los celestiales.
Y como trajimos la imagen del terreno, traeremos también la
imagen del celestial.
Esto empero digo,
hermanos: Que la carne y la sangre no pueden heredar el
reino de Dios; ni la corrupción hereda la incorrupción.
He aquí, os digo un misterio: Todos ciertamente no
dormiremos, mas todos seremos transformados. En un
momento, en un abrir de ojo, a la final trompeta; porque
será tocada la trompeta, y los muertos serán levantados sin
corrupción, y nosotros seremos transformados. Porque
es menester que esto corruptible sea vestido de
incorrupción, y testo mortal ser vestido de inmortalidad.
Y cuando esto
corruptible fuere vestido de incorrupción, y esto mortal
fuere vestido de inmortalidad, entonces se efectuara la
palabra que esta escrita: Sorbida es la muerte con victoria.
¿Dónde esta, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu
victoria?” (1Co. 15:35-55).
Que
maravilloso es nuestro Dios! Cuanto amor derrama sobre sus
hijos.
Por eso es que cada ser humano es sumamente importante para
Dios; porque cuando una persona se pierde; su perdida es
irreparable. Dios, puede crear nuevos planetas, nuevas
estrellas y nuevos soles, puede, con su palabra crear nuevas
galaxias; porque “El dijo y fue hecho, mandó y existió”.
Pero el hombre fue creado por sus manos; fue en la nariz del
hombre que Dios sopló aliento de vida; no en los animales,
en la tierra o la luna; fue en el hombre. Nuestro
creador vislumbró nuestra tierra en su mente, habló y la
tierra se formó de la nada, como todas las cosas; pero con
el hombre fue diferente, hubo un contacto físico, un roce.
Ninguna parte del hombre fue llamada a la existencia,
sino fue creada por las amorosas manos de Dios. Desde
la punta del dedo, hasta cada hebra de cabello fueron
formadas por Dios, tocadas por él. Fue al hombre
al
que Dios le dio parte de su propia vida al soplar el aliento
de vida en sus narices; cuan gran amor; que nuestro Creador
se tomara el tiempo para formar al hombre; y después de la
entrada del pecado; tomara mas tiempo aun, para salvarlo,
para redimirlo, para devolverle todo lo que el hombre había
perdido. Somos más preciosos para Dios, que miles de soles y
planetas, y él hará lo imposible para salvarnos, que ha
puesto todos los recursos del cielo a nuestra disposición.
Porque fue la intención del Creador, tener una relación
personal, emocional, física y espiritual con el hombre.
Y es la misma relación que quiere mantener con nosotros hoy.
Si Dios no
guardara los registros; los "backups"; al morir el hombre,
Dios jamás podría recrear la identidad, la individualidad,
el carácter del hombre. Para nuestro Padre es
desastroso cuando se pierde un ser humano, es preferible que
se pierdan miles planetas, y no uno de nosotros.
¿Sabes por qué? Porque Dios, puede volver a recrear
los planetas, el sol, la luna y nuestra tierra, como lo hará (Ap. 21:1;
Isa. 66:22); pero un ser humano, que muere en sus pecados se
perderá para siempre. Porque, Dios destruirá los registros,
los backups de esa persona; y si los registros
son destruidos, no hay forma de volver a recrearlos, hay
millones de personas que; al ser engañadas por Satanás, no
creen, ni obedecen la palabra de Dios. Y se perderán para
siempre.
Lamentablemente, esas
personas van a ser resucitadas en el día del juicio, no
hicieron de Jesús su abogado, y se encontrarán solos, sin
nadie que los defienda. Al no permitir que Jesús
“reine sobre nosotros” (Luc. 19:14,27) se convierten en
enemigos de Dios; serán hallados faltos en el juicio y, se
cumplirá la sentencia: “porque la paga del pecado es muerte”
(Ro.6:23). Y morirán la segunda muerte, que es la muerte
eterna (Ap. 20: 14-15).
Sus registros, de su
identidad son destruidos para siempre, y nunca mas, al igual
que pasará con Satanás después del juicio; “para
siempre dejarás de ser” (Ez. 28:19).
No somos
inmortales; no tenemos un alma inmortal.
¿Es esto
especulación? Claro que no! La Biblia nos dice que tanto el
justo como el impío viven en la memoria de Dios: “El hombre
de bien tiene misericordia y presta, gobierna sus cosas con
juicio. Por lo cual no resbalará para siempre. En memoria
eterna será el justo.” (Sal. 112:5-6); “La memoria del justo
será bendita, mas el nombre de los impíos se pudrirá.”
(Pro. 10:7).
“Reprendiste
gentes, destruiste al malo, raíste el nombre de ellos para
siempre jamás. Oh enemigo, acabados son para siempre
los asolamientos, y las ciudades que derribaste, su memoria
pereció con ellas.” (Sal. 9:5-6); “Olvidarase de ellos el
seno materno, de ellos sentirán los gusanos dulzura. Nunca
mas habrá de ellos memoria, y como un árbol serán los impíos
quebrantados.” (Job 24:20); “La ira de Jehová contra los que
mal hacen, para cortar de la tierra la memoria de ellos.”
(Sal. 34:16); “Venga en memoria cerca de Jehová la maldad de
sus padres, y el pecado de su madre no sea borrado. Estén
siempre delante de Jehová, y él corte de la tierra su
memoria.” (Sal. 109:14-15).
La
Memoria, los Registros de los impíos serán destruidos para
siempre, y ya no habrá manera de recrearlos, es por esta
causa que la vida de una persona es irreparable,
incompensable para nuestro Dios. Esto no es especulación; es
la enseñanza de toda la Biblia referente a este tema.
El mismo Satanás, la serpiente antigua, que dijo en el
principio “no moriréis”, y que dio paso a la falsa doctrina
de un alma inmortal; él mismo, conjuntamente con los impíos
será destruido para siempre, como está escrito en Ezequiel
28: 11-19; donde el versículo 19 nos dice de Satanás: “Todos
los que te conocieron de entre los pueblos, se maravillaran
sobre ti. En espanto serás, y para siempre dejaras de
ser.” “Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno;
y todos los soberbios, y todos los que hacen maldad, serán
estopa; y aquel día que vendrá, los abrasará, ha dicho
Jehová de los ejércitos, él cual no les dejará ni raíz ni
rama.” (Mal. 4:1).
Pero hoy
no todo esta perdido, hoy es el día agradable para la
salvación, y con la ayuda de nuestro Redentor, Cristo Jesús,
comenzar a construir un carácter, una personalidad agradable
a Dios. Tenemos que aprender aquí, como vivir en el
cielo y en la tierra nueva. Porque sólo aquellos que
estén en plena armonía con la voluntad de Dios, que hagan de
Jesús su abogado, que anden como Jesús anduvo, serán
adoptados por Dios como sus hijos: “Mas a todos los que le
recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, a
los que creen en su nombre.” (Ju. 1:12); “Mirad cual amor nos
ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios.
Por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce a él.
Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha
manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él
apareciere, seremos semejantes a él, porque le veremos como
él es. Y cualquiera que tiene esta esperanza en él, se
purifica, como él también es limpio.” (1Ju. 3:1-3).
Hay
esperanza para nosotros, pongamos nuestra confianza en Dios,
y hagamos de él nuestra fortaleza, y las acechanzas del
Diablo y sus mentiras no nos dañaran. A través del estudio
de la palabra de Dios, el Espíritu Santo nos va
santificando, limpiando y ayudando a ser ciudadanos del
cielo. Y al igual que con la computadora, que podemos salvar
o borrar de la memoria y del disco duro, las cosas malas y
negativas que corrompen la computadora; al final de la obra
de redención de nuestro Cristo Jesús, nos dice: “Porque he
aquí, que yo creo nuevos cielos y nueva tierra, y de lo
primero no habrá memoria, ni mas vendrá al pensamiento.
Cada
pensamiento que cause dolor y aflicción será borrado de
nuestra mente para siempre, no habrá memoria de un triste
pasado. La memoria y el recuerdo que tendremos del
mundo “viejo”, serán las relacionadas con nuestra relación
con Jesús y el plan total de la redención. Y todo el
universo, después que el pecado sea erradicado para siempre,
y el hombre y el mundo recreados otra vez, entrará otra vez
en armonía, y desde los planetas más grandes, hasta los
átomos más pequeños, se verá que Dios es amor.
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