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El Estado de los Muertos
Un Estudio acerca de la inmortalidad del Alma y textos difíciles de la Biblia

¿QUE NOS SUCEDE AL MORIR?

   Volvamos otra vez al relato de Génesis 2:7: “Formó, pues, Jehová Dios la hombre del polvo de la tierra, y alentó en su nariz soplo de vida; y fue el hombre en alma viviente.”

   La Biblia describe que Dios formo al hombre en la misma forma que un alfarero hace su  obra.  Dios, toma barro o lodo. (Job.10:9; 33:6; Isa.64:8); y hace, forma una figura humana de tamaño natural, y va formando los órganos; el cerebro, los intestinos, ojos, lengua, etc.  Después que la figura del hombre esta formada, sopla aliento de vida en las narices del hombre, y todos los órganos del hombre empiezan a funcionar con el aliento de vida; el corazón empieza a latir cuando parte del agua que tenia el barro se convierte en sangre (como el primer milagro de Jesús en esta tierra: convertir el agua en vino, el cual representa su sangre derramada por nuestros pecados. (Ju. 2:7-8); y la sangre es bombeada por el corazón al resto del cuerpo.  El cerebro empieza a funcionar y Adán, abre los ojos y por primera vez observa su entorno.

   Empieza a sentir la brisa del Edén; a escuchar los pájaros y el sonido del agua corriendo por el río.  Siente el calor del sol, observa todo lo que le rodea; ve a los animales y se percata de que ellos no son como él.  El es diferente; a lo mejor todavía no se ha visto reflejado en la superficie de un manantial, pero él ve sus manos, sus pies, toca su cabeza, su cuerpo y comprende; que aunque él no es el único ser viviente en el Edén; él es diferente.

   La creación del hombre es algo asombroso; incomprensible para nuestras mentes finitas.  Adán fue creado adulto, no tuvo niñez; y también fue creado sin personalidad, sin identidad.  Sin carácter.

   Adán, lo mismo que Eva; empezó a crear su identidad, su individualidad, su personalidad, su carácter; cuando comienza su mente a procesar, a analizar toda la información que recibía de sus sentidos.  Recibe información de su Creador, de que él es un hombre, de que fue creado por Dios para gobernar toda la creación, de que todo cuanto él veía a su alrededor era suyo como muestra del gran amor de Dios.

Su mente, poderosa, perfecta, diseñada por Dios para funcionar miles de veces mejor que la nuestra, empieza a almacenar todo lo que oye, ve, palpa y siente.  Va creando en su cerebro las memorias permanentes.  Reacciona a cada estimulo externo con un pensamiento y acción interna; y poco a poco va el hombre formando su carácter.  Lo mismo pasa con la mujer; y ambos crean identidades, personalidades diferentes. Ambos crean su propia individualidad.

   El mismo proceso ocurre con nosotros hoy; al nacer un niño, su cerebro reacciona a cada estimulo que recibe; y al cabo de los primeros cinco años, el niño ha creado su propia identidad, su carácter, el cual tiene pocas modificaciones a  lo largo de su vida. “Instruye al niño en su camino, aun cuando fuere viejo no se apartará de el.” (Pro. 22:6).

    “Cada cabeza es un mundo”. Dice el refrán, cada uno de nosotros somos diferentes, vemos las mismas cosas en la mayoría de los casos diferentes; y apreciamos las cosas también diferentes.  Tenemos nuestra propia identidad, personalidad, nuestro propio carácter, que formamos a través de toda la información que nos llega del mundo exterior y a las reacciones internas provocadas por esa información.  Aprendemos a amar, a odiar, a tener prejuicios; aun después de adultos tenemos temor de la oscuridad, a sabiendas de que no esta el “cuco”; porque en algún momento de nuestras vidas, relacionamos la oscuridad con el famoso “cuco”.  Aprendemos a murmurar, a envidiar, a matar, todos nuestros sentimientos, emociones y aún la forma de pensar es aprendida.

  Y al igual que Adán, cuando fue creado; debemos de aprender a amar a nuestro creador.

Dejad a los niños, y no les impidáis venir a mi; porque de los tales es el reino de los cielos.” (Mat.19:14); “Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos. Y dijo: De cierto os digo, que si no os volviereis, y fuereis como niños, no entrareis en el reino de los cielos.” (Mat. 18: 2-3).  “Respondió Jesús, y díjole: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios.” (Ju. 3:3).  Debemos de ser como niños, “nacer de nuevo”, ser “recreados” otra vez por Dios.  Para que él nos reeduque, nos enseñe a amarlo, amar a nuestro prójimo, a sacar los prejuicios y complejos de nuestras vidas, a sentir y a pensar en forma diferente.  A construir un nuevo carácter. 

Y es estudiando la palabra de Dios, como aprendemos la educación del cielo.  Meditando en sus enseñanzas como comenzamos a pensar diferente, a poner nuestra mente en otra esfera, en cosas nuevas y más nobles; y de esa forma, esos nuevos pensamientos, van creando en nosotros nuevos sentimientos, nuevas emociones, y nuestro Dios, a través de su Santo Espíritu, va construyendo en nosotros un nuevo carácter.  Y nos empiezan a gustar nuevas cosas, nuestra conversación se hace diferente, comienza una nueva relación con Jesús, y comenzamos a conocerlo en una forma que no entendíamos antes, nos llega un deseo inmenso de hablar con Dios a través de la oración; y el nos contesta a través de su palabra, la Santa Biblia; y las verdades del evangelio; las historias de sus paginas cobran vida y nos dan vida interna también.

   Nos sentimos libres, porque Jesús nos ha liberado, porque hemos conocido la verdad: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará.” (Ju. 8:32).  Se fueron al pasado los complejos, los prejuicios, las envidias, el temor, la ansiedad; porque ha nacido en nosotros la esperanza de la salvación.  Jesús, al reeducarnos, no sólo nos libera de nuestra vida pasada, sino también del pecado: “Jesús les respondió; De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, es siervo de pecado. Y el siervo no queda en casa para siempre; el hijo queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.” (Ju. 8:34-36).  Debemos de formar un carácter digno del cielo, porque es lo único que llevaremos al cielo de esta tierra; porque Dios, en la resurrección nos dará un cuerpo nuevo (1Co. 15).

   Adán murió de 930 años, prueba de que la serpiente Satanás, no habló con la verdad.  Al morir, ya tenía su identidad, personalidad, su carácter individual.  Al igual con cada persona que muere, ya tiene su carácter formado, su identidad, su “genio y figura hasta la sepultura”.  Pero, ¿Qué sucedió con la individualidad de Adán, con su personalidad, con su carácter y con el de todas las personas que han muerto?

Son preservados por Dios en el cielo.  ¿Dónde?  En los libros de las memorias.

   Dios guarda un registro exacto de cada uno de nosotros en el cielo.  Cada acción, cada pensamiento, cada palabra, todo; es registrado en los libros. “Mis huidas has tu contado. Pon mis lágrimas en tu redoma.  ¿No están ellas en tu libro?” (Sal.56:8); “Entonces los que temen a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre.”(Miq. 3:16); “Mas yo os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.  Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.” (Mat. 12:35-36).  “Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.” (Mat. 16:27).

   Analicemos Ap.22:12; “He aquí, yo vengo presto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según fuere su obra.” ¿Qué es lo que determina la recompensa, y cuando ésta será dada?

Leímos en Mateo, capítulos 12 y16, que Jesús pagará a cada uno de nosotros, de acuerdo a nuestras obras, palabras; inclusive nuestros pensamientos y sentimientos ocultos: “El fin de todo discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.  Porque Dios traerá toda obra a juicio, el cual se hará sobre toda cosa oculta, buena o mala.” (Ecl. 12:13-14). 

   La Biblia nos enseña que Dios hará un juicio de toda la humanidad; (Mat. 2:7l; 10:15; 11:22,24; 12:41-42; Mar. 3:29; Ju. 16:8; Ro. 3:19; Heb. 6:2; 2Pe. 2:4,9; 1Ju. 4:17; (Jud. 6); donde cada uno de nosotros; cada persona que haya vivido en este mundo tendrá que comparecer: “Porque es menester que todos nosotros parezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que hubiere hecho por medio del cuerpo, ora sea bueno o malo.” (2Co. 5:10).  Cuando empieza el juicio en el cielo; no estamos presentes físicamente allá; pero estamos presentes, a través de nuestros registros, nuestros archivos, que se han escrito con todos los detalles concernientes a cada instante de nuestras vidas.

Daniel 7:9-10 nos dice: “Estuve mirando hasta que fueron puestas sillas, y un Anciano de gran edad se sentó, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su silla llama de fuego, y sus ruedas fuego ardiente.  Un rió de fuego procedía y salía de delante de él, millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él.  El Juez se sentó, y los libros se abrieron.”

   Por eso es que la falsa doctrina de la inmortalidad del alma, y de que los muertos no están muertos; es diabólica.  No solamente, niega la resurrección de los muertos; la pronta segunda venida de Cristo Jesús; sino, también el juicio.  Si creemos que una persona al morir, se va al cielo o al infierno; o si va a reencarnar en otra forma de vida; ¿para qué un juicio; si esa persona ya fue recompensada cuando murió?  Entonces, si no hay un juicio por parte de Dios; ¿para que prepararnos, no sólo para estar esperando a Cristo en su segunda venida; sino también para el juicio?  Y algo peor también; un juicio se lleva a cabo porque ha habido un quebrantamiento, una violación a la ley; pero; ¿Cuál ley?  La ley de Dios. Entonces, al negar, la existencia del juicio de Dios; también negamos la existencia o vigencia de la Ley de Dios.  “Así hablad, y así obrad, como los que habéis de ser juzgados por la ley de libertad.” (Sant. 2:12). Es en base a la obediencia o desobediencia, a la santa ley de Dios, que el juicio es llevado a cabo; pero Satanás, no sólo engaña al hombre en cuanto a la inmortalidad del alma y del verdadero estado de los muertos, sino; también en cuanto a la vigencia de la ley de Dios.  Las grandes mentiras expresadas por la serpiente en el Edén, tienen como propósito, apartar a toda la humanidad del verdadero camino hacia Dios, de su verdadero carácter.  Satanás proyectó a Dios en el Edén, como mentiroso, engañador, egoísta y tirano; que demanda de sus criaturas una obediencia absoluta porque si no, viene el castigo.

   Cuantas personas ven al Creador de esa misma manera hoy.  ¿Cuantos se preguntan por que Dios no creó al hombre con la facultad de no pecar?  Pero no queremos entender que Dios nos ama tanto que nos creó con libre albedrío, nos dotó de voluntad propia, nos hizo seres humanos y no robots, que son programados para hacer lo que el programa almacenado en la memoria les dicta.  ¿Quién quiere ser una computadora?  Que es el aparato más estúpido que existe; pues solamente tiene una sola función: hacer lo que se le dice; ejecutar el trabajo para lo cual fue hecha; sin sentimientos ni emociones; inclusive sin el conocimiento de su propia existencia.  Nuestro Creador, al dotarnos de voluntad propia, del poder para elegir, de sentir, de pensar por nosotros mismos, de saber que estamos vivos y de desear seguir viviendo, nos demostró cuanto nos ama; y también cuanto nos respeta; respeta nuestras decisiones y deseos: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.” (Ap. 3:20).  El no forza la entrada, está a la puerta de nuestro corazón tocando incesantemente que lo dejemos entrar.  Pero su toque es un toque de amor.  En la antigüedad, en los países orientales, como hoy en día, el cenar con alguien es símbolo de amistad y confianza, de amor, respeto y estimación mutua.  Esa es la clase de relación que nuestro Padre quiere con nosotros.  Dios no nos trata como meras criaturas, sino como parte de él mismo; pues nos ve como “la niña de sus ojos” (Zac. 2:8), porque lo entregó todo por nosotros:(Ju. 3:16); con el fin de que seamos, no criaturas, sino hijos: “Mas a todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su Nombre.” (Ju. 1:12).

    Muchos han predicado hasta el extremo el gran amor de Dios y se olvidan de su justicia; predican que él nos acepta como somos, y que podemos estar siempre seguros de su amor por nosotros. “Cristo te ama; él murió por tí, eres salvo, te acepta como tú eres.”

Y esto es cien por ciento cierto; pero ésto es sólo la mitad del mensaje de Dios. Frente a Dios; decir una verdad a medias es mentir. Se ha sobre predicado tanto el amor de Dios, que muchos hoy se preguntan, ¿Cómo es posible que si Dios nos ama tanto nos condene? ¿Qué nos dé la retribución de nuestros pecados?  Si Dios “es amor”, él no nos va a condenar con la muerte eterna.  ¿Ves?  Volvemos otra vez a las mentiras de Satanás en el Edén: “no moriréis”; "Dios no los va a condenar, él los ama tanto que pasará por alto sus pecados."

 Dios nos acepta como somos, donde y como estamos; pero no nos deja como somos: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.” (1 Ju.1:9). Jesús nos acepta como somos; pero, no nos deja como somos;  también nos limpia, nos justifica por la fe en él: (Ro. 5:1); también nos santifica: (1 Ju. 3:1-3).

Es verdad que Dios nos ama tanto que entregó su único hijo en la cruz (Ju. 3:16), por sacrificio de nuestros pecados.  Pero por ese sacrificio de amor, Jesús pagó las exigencias de la quebrantada ley de Dios; nos olvidamos que Jesús tuvo que morir en la cruz en el lugar de Adán y Eva y el nuestro; porque ellos y nosotros hemos violado la ley de Dios, la cual requiere la muerte del pecador.  En la cruz, el amor y la justicia se encontraron.

   El mismo Creador, quien dio su ley a nuestros primeros padres y a nosotros, tuvo con su muerte en la cruz, que pagar los requerimientos de su propia justicia.  Dios es amor, es verdad; y también es justo.  La justicia de Dios demanda la muerte del violador de su santa ley que es la base de su gobierno, y esa justicia fue satisfecha por Jesús con su muerte por nosotros en la cruz.  La cruz nos es la prueba real de que Dios es amor.  Pero también la prueba real de no dejará impune al transgresor de su ley.

Si Dios permitió que su propio Hijo, sin culpa, sin pecado; muriera  y pagara la deuda del pecado.  ¿Qué nos hace pensar que podemos vivir hoy mancillando la ley de Dios impunemente; aprovechándonos, para beneficio propio, del amor de Dios, para vivir como nos de la gana?  “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros, y ha enviado a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.”(1Ju. 4:10). “Nosotros le amamos a él. Porque él nos amó primero.”  (1Ju. 4:19).

   Amor con amor se paga; Dios, nos amó primero, y su amor despierta en nosotros amor hacia él.  Pero nunca el hecho de que Dios nos ame; es una carta de licencia para vivir sin obediencia.  Reclamamos las promesas de Dios en base al amor que él nos tiene; sabemos que es su amor, hacia nosotros, lo que impulsa a nuestro Creador a bendecirnos y protegernos, y al final darnos la vida eterna, y ¿esperamos que  Dios nos dé todo eso y continuar viviendo una vida pecaminosa?  Eso no es tan sólo presunción; es chantaje. La salvación es gratuita para cada uno de nosotros; pero a Dios le costó un alto precio.  La muerte que debíamos pagar tú y yo, él la pagó al entregar su vida por nosotros.

Y es la Santa Ley de Dios, aun vigente, la base de su juicio.

   Sólo una mente como la de Satanás pudo haber elaborado una doctrina con tanta falsedad y engaño, con el fin de que se pierdan millones de personas.  El tiene un engaño preparado para cada generación; antes del primer advenimiento de Jesús, engañó a la nación judía a esperar un rey literal, quien los libraría de sus enemigos literales, para establecer un reino mesiánico literal, cuando Jesús les había dicho: “mi reino no es de este mundo”.  Aún cuando todas las profecías bíblicas apuntaban, señalaban el día, la ciudad, el momento en que el Mesías iba a venir al mundo; “a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.” (Ju. 1:11).  ¿Por qué?; por una falsa interpretación profética.  Satanás estudia la Biblia; no para salvarse, sino para contrarrestar el plan de Dios; y levanta falsos maestros que enseñen falsas doctrinas para alejar al mundo de Dios.  El ya fue juzgado en el cielo, hallado culpable y condenado: “Ahora es el juicio de este mundo, ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.” (Ju. 12:31).  Y su sentencia será ejecutada cuando Jesús venga.

   Los métodos de engaño de Satanás son los mismos: Poner dudas en nuestra mente acerca de Dios; torcer la palabra de Dios; citar fuera de contexto la palabra de Dios; usar a otras personas para hacernos desobedecer a Dios; controlar nuestras emociones y pensamientos.  Son los mismos métodos, no los varía porque siempre les han dado resultados.  Cuando Jesús vino por primera vez; ¿Quién lo estaba esperando?; cuando “la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo.” (Ju. 1:9); nació; ¿Quién lo notó; quién le dio la bienvenida?  Unos pastores que estaban en el campo y unos magos orientales (a propósito; ni siquiera eran judíos), fueron los únicos que se dieron cuenta del mayor suceso que jamás haya ocurrido en esta tierra.  Los pastores lo supieron porque ellos anhelaban la venida del Mesías; los magos lo supieron porque estudiaban las profecías que señalaban el nacimiento del Mesías.  Pero los dirigentes religiosos, quienes eran “doctores de la ley”, maestros que enseñaban a otros, no lo supieron.  Y el pueblo tampoco lo supo porque era enseñado por esos maestros falsos.  Jesús vino a salvar al mundo de sus pecados, a rescatar lo que se había perdido desde el Edén, a reconciliar al hombre con Dios; a unir al mundo con Dios. 

   ¿Y tú crees que hoy es diferente?  Satanás sigue estudiando las profecías, y él sabe que su fin está cerca, pues la segunda venida de Cristo está a las puertas: “Sed templados, y velad; porque vuestro adversario el diablo, cual león rugiente, anda alrededor buscando a quien devore.” (1Pe. 5:8); “Por lo cual, alegraos, cielos, y los que moráis en ellos.  Ay de los moradores de la tierra y el mar! Porque el diablo ha descendido a vosotros, teniendo grande ira, sabiendo que tiene poco tiempo.” (Ap. 12:12).  ¿Sabe Satanás que Cristo viene pronto? Claro que si!  ¿Sabe que le queda poco tiempo?  Claro que si!  ¿Y qué esta él haciendo?  Lo mismo que hizo en el pasado, levanta maestros religiosos para que enseñen falsas doctrinas y una falsa interpretación profética.  ¿El mundo espera hoy a Jesús?  ¿El mundo cree en el pronto retorno de Cristo?

   Para millones de personas no existe Dios; y al no creer en Dios, ni creen en su venida ni les importa el juicio; para otros millones Cristo ya vino en una “venida invisible”, siendo clara la Biblia al decir: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra se lamentarán sobre él. Así sea.” (Ap. 1:7).

Pero según los que enseñan esta doctrina, uno lo verá con “los ojos del alma”.  ¿Usted sabia que el alma tiene ojos?  No es una burla; pero notemos que el pasaje es claro: “todo ojo le verá”; ¿dice el texto que es con los ojos del alma?  No.  Entonces, ¿Es esto agregarle palabras a la Biblia que no tiene; enseñar algo que la Biblia no dice?  Claro que  si.  Hay más de mil millones de personas en el mundo hoy que son religiosas, pero que creen en muchos dioses, y como son tantos dioses, ninguno de ellos vendrá sino que; uno debe de purificarse para ir a ellos.  Para otros millones de personas, la ciencia, la educación y el orden traerán prosperidad y paz y la tierra será un paraíso.  Otros tantos millones, cristianos; creen que la iglesia será raptada al cielo, y por lo tanto, aunque dicen creer en el segundo advenimiento de Cristo; lo más importante para ellos es el rapto, no creen en la resurrección de los muertos; porque para ellos cuando una persona muere, si fue bueno, va para el cielo; si fue malo, para el infierno a quemarse eternamente, y el juicio. " ¿Cuál juicio?, si Dios te va a dar tu paga cuando te mueras."

   Millones mas, son religiosos; cristianos, no cristianos; porque según ellos, “Dios es el mismo pero con diferentes nombres, no importa lo que tu creas, en no haciéndole daño a nadie”, todo esta bien; estos meditan y le cantan a OM, la energía interior y se van “purificando, haciéndose perfectos”, para alcanzar el “nirvana”; y cuando se les pregunta por Cristo; ¿Cristo?  Mi hermano si todos somos “Cristos”.  Porque para ellos hay muchos Cristos; el primero fue Adán; después del diluvio, Moisés; después Buda; Jesús; Mahoma; y hoy en día hay dos: Maitreya y Shri Sai Baba.  ¿Y el juicio?  "¿Pero, tú estas loco?  El amor lo domina y llena todo; cuando tu alcanza el nirvana ya tu eres dios, y Dios no puede ser juzgado". Eso es lo que enseñan.

   En la antigüedad; todos los caminos conducían a Roma; pero en todo  momento de la historia de la humanidad; no todos los caminos conducen al cielo: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a perdición, y muchos son los que entran por ella.  Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.” (Mat. 7:13-14).

“Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida.  Nadie viene al Padre, sino por mí.” (Ju. 14:6).

“Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro Nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hech. 4:12).

   Sólo en Jesús, hay salvación; sólo por él y a través de él alcanzamos el cielo; pues sólo él es la escalera que conecta al cielo con la tierra. 

   ¿En que se basan todas estas doctrinas?  En la creencia de la inmortalidad del alma, en creer que los muertos no están muertos.  Las grandes mentiras que Satanás dijo en el Edén; “no moriréis; mas sabe Dios que el día que comiereis de él, serán abiertos vuestros ojo, y  seréis como dioses sabiendo el bien y el mal”.  Todas las falsas doctrinas se basan en estas mentiras.  Imagínate un joven en el medio oriente, de descendencia humilde; el quinto o el octavo de su casa; con pocos recursos, como realmente viven millones de personas en esa área.  Con pocas esperanzas de mejorar su situación, económica, sentimental, espiritual; de él y su familia.  Es “educado” (enseñado, ¿recuerdas como se forma el carácter? Aprendizaje); que, si él se coloca en el cuerpo una bomba, y se suicida matando a los enemigos de Alá;  su familia será ayudada económicamente; él será un mártir y su foto la mostraran en cada manifestación que se haga.  Y que se va derechito para el paraíso, sin escala; además Alá le dará como premio 72 vírgenes para el solito. ¡Wao!  ¿Quién no se pone una bomba con esa creencia?

Si esto fuera cierto, el paraíso esta lleno de mujeres.  ¿Qué le darán al que no se suicida?

Además, Alá discrimina, porque a las mujeres que hacen lo mismo no les dan ni un hombre ni siquiera para que les eche fresco.  El Corán no enseña eso.  Estas son interpretaciones y enseñanzas falsas.  Satanás tiene un engaño preparado para cada generación, para cada cultura, religión y para cada uno de nosotros.  Sólo en Cristo está la verdad.  Sólo hay una verdad y esa es la palabra de Dios.

   Otros  millones más; opinan que, el hombre ha evolucionado tanto, que estamos en la era del verdadero conocimiento, que podemos regirnos por nosotros mismos.  Que no necesitamos ningún código de conducta moral, porque nuestra propia razón puede dictarnos lo que es bueno o malo.  No profesan ninguna religión o filosofía en particular; toman lo que suena agradable del cristianísmo, budísmo, las religiones de la India, la astrología (que unos quince años atrás sólo te decía el horóscopo; pero que hoy en día, te mezcla el horóscopo con las enseñanzas de otras religiones.), las filosofía china, en fin hacen un cóctel de teorías y doctrinas confusas.  Estas personas son sus propios dueños. Profesan creer en todo, porque; según ellos; no importa lo que creas, Dios es el mismo pero con diferentes nombres  en las diferentes religiones y todas las doctrinas son buenas, vive como quieras, que tú eres lo suficientemente inteligente para seguir los dictados de tu corazón.  ¿Desde cuando el corazón es confiable para tomar decisiones eternas?

“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso, ¿Quién lo conocerá?” (Jer. 17:9).

   Pero, ¿En qué se basan estas creencias? “Y seréis como dioses, sabiendo el bien y el mal”.  Esta mentira dicha por Satanás en el Edén, fue creída por nuestros primeros padres; y es creída hoy por millones de personas.

“sigue los dictados de tu corazón; eres un ser racional, no necesitas que alguien te diga lo que es bueno o malo; lo que es correcto o no; tu riges tu propio destino, no necesitas de reglas o normas, de ninguna ley, que controle tu conducta o deseos.  Vives como quieras, al fin y al cabo, somos eternos; la gran mayoría de las filosofías y religiones enseñan que somos inmortales, que somos dioses y evolucionaremos a un estado superior; y la mayoría no puede estar equivocada”.  ¿Pero sabes qué?; la Biblia enseña que  la mayoría nunca ha estado con Dios. “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a perdición, y muchos son los que entran por ella.  Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.” (Mat. 7:13-14).

   Por eso es de vital importancia que entendamos que el alma no es inmortal, que los muertos nada saben.  Creer lo contrario, es negar la doctrina bíblica de la resurrección de los muertos, negar la segunda venida de Jesús en poder y gloria, y negar la existencia de un juicio en el cielo por Dios que se está llevando a cabo en estos momentos.

La doctrina de la resurrección es clara a lo largo de toda la Biblia; cuando Jesús va a resucitar a Lázaro le dice a Marta: “Dicele Jesús: Resucitará tu hermano.  Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.” (Ju. 11:23-24) ¿Cuándo Marta sabia que Lázaro iba a resucitar?  Cuando Jesús venga por segunda vez a pagar a cada uno de nosotros según sean nuestras obras que han sido escritas en los libros.

“Dicele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida.  El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.  Y todo aquel que cree en mí, no morirá eternamente.” (Ju. 1125-26).

¿Aunque esté cómo?  Muerto.  ¿No morirá cómo?  Eternamente.

   Aparte de los libros que contienen una copia exacta de cada instante de nuestra existencia; todo lo que una persona haya sido en esta vida.  Hay otro libro.

Leamos Daniel 12:1: “Y en aquel tiempo se levantara Miguel, el gran Príncipe que está por los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue después que hubo gente hasta entonces; mas en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallaren escritos en el libro.”

   ¿Los nombres de quienes están escritos en el libro?  “Así mismo te ruego también a ti, hermano compañero, ayuda a las que trabajaron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también, y los demás mis colaboradores, cuyos nombres están en el libro de la vida.” (Fil. 4:3).

“Mas no os gocéis de esto, de que los espíritus se os sujetan; antes gozaos de que vuestro nombre está escrito en los cielos.” (Luc. 10:20).

Este es el libro de la vida; y en él están escritos los nombres de todas las personas que una vez en su vida profesaron servir y creer en Dios.  Si usted, alguna vez profesó el nombre de Dios; profesó creer en Cristo; su nombre está escrito en el libro de la vida.

   ¿Pueden los nombres; mi nombre o tu nombre ser borrado del libro de la vida?  “Que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito.  Y Jehová respondió a Moisés: Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro.” (Ex. 32:32). 

“El que venciere, será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.” (Ap. 3:5)

 Si pecamos, y no confesamos nuestros pecados, nuestros nombres serán borrados del libro de la vida.  Tenemos que destacar aquí otra vez; que en el juicio, nosotros no estamos presentes físicamente, sino en la forma de nuestros archivos o registros personales.  Cuando llegue la hora de que seamos juzgados, nuestro nombre será llamado y al Juez se le entregará nuestro archivo personal.  Fijémonos que el versículo de Ap. 3, dice que Jesús confesará nuestro nombre delante de su Padre y de sus ángeles si vencemos.  Se enseña el mismo principio en Lucas 12:8: “Y os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios.”  ¿Por qué y dónde tiene que confesar Jesús nuestro nombre?  Porque se está llevando a cabo un juicio en el cielo.

    Al hacer de Jesús nuestro salvador, también lo hacemos nuestro abogado, quien nos representa en el juicio de Dios y confiesa que somos suyos delante de Dios y sus ángeles, pues hemos sido perdonados y la justicia de Cristo es imputada a nosotros. “Así dijo tu Señor Jehová, y tu Dios, el cual aboga por su pueblo: He aquí he quitado de tu mano el cáliz de aturdimiento, la hez del cáliz de mi furor; nunca más lo beberás.”  (Isa. 51:22). 

“Abogaste, Señor, la causa de mi alma, redimiste mi vida.” (Lam.3:58); “Hijitos míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo el justo.” (1Ju. 2:1).  El es nuestro abogado, que pelea nuestro caso, con su propia vida.  Podemos estar seguros de que si ponemos nuestras vidas en él nos defenderá hasta ganar nuestro caso, pues ya lo hizo una vez entregando su vida por nosotros en la cruz.  No necesitamos dinero para contratarlo, él está siempre presto para ayudarnos, para escucharnos; ¿y sabes que?; la llamada es gratis, no te va a contestar la secretaria sino el mismo Jesús; desde que tu cojas el telefono de la oración, él empieza a escucharte, y cuando le dices, quiero que seas mi abogado, él responde: acepto el caso.

Porque él nos dice: “Y al que a mí viene, no le echo fuera.” (Ju. 6:37).

Imagínate lo que es ir a un juicio, donde todas las pruebas están en nuestra contra, y no tener quien nos ayude, quien crea en nosotros, un abogado que haga nuestra causa suya, y resucitar en el día final y descubrir que estamos perdidos, que hemos desperdiciado las oportunidades que Dios nos otorgó, descubrir que todo lo que creímos fue un engaño, que fuimos llamados a juicio, y hallados falto. Cuando nuestro Dios hizo todo lo posible, lo dio todo, para salvarnos.

   Ahora bien; analicemos otra vez Eclesiastés 12:7: “Y el polvo se torne a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.”  Con los siguientes textos:

Lucas 8:52-55; Hechos 7:56-59; Lucas 23:46.

Lucas 8:52-55: “Y lloraban todos, y la plañían. Y él les dijo: No lloréis; no es muerta, sino que duerme.  Y hacían burla de él, sabiendo que estaba muerta.  Mas él, tomándola de la mano, clamo, diciendo: Muchacha, levántate.  Entonces su espíritu volvió, y se levanto al instante.  Y él mandó que le diesen de comer.”  Hay algo interesante aquí; una vez más Jesús compara la muerte con un sueño, y recalca la doctrina de la resurrección de los muertos.  Pero hay algo mas; al resucitar a esta muchacha, Jesús, no le da el espíritu; sino, le devuelve su espíritu; el de ella.

   Hechos 7:56-59: “Y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios.  Entonces dando grandes voces, se taparon sus oídos, y arremetieron unánimes contra él.  Y echándolo fuera de la ciudad, le apedreaban; y los testigos pusieron sus vestidos a los pies de un mancebo que se llamaba Saulo.  Y apedrearon a Esteban, invocando él y diciendo: Señor Jesús, recibe mi espíritu.”

Notemos aquí que Esteban antes de morir, le dice a Jesús que reciba su espíritu; no el espíritu en general, sino; el de él propiamente.   Lucas 23:46: “Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.  Y habiendo dicho esto expiró.”  Jesús, al morir entrega a Dios su espíritu personal.

 Cuando analizamos estos versículos; podemos preguntarnos, cuándo una persona muere, y el espíritu regresa a Dios; ¿regresa a Dios algo mas?  Si tomamos en cuenta que todo lo que hacemos en esta vida, todo lo que somos, es registrado en los libros; podemos concluir que al morir, nuestros registros son cerrados y archivados.

 Cuando Jesús; como lo indica Lucas 8; resucitó a la hija de Jairo; ¿Qué le devolvió Jesús? Cuando Cristo resucitó; ¿Qué le devolvió Dios? Su identidad personal.

Dios guarda nuestra identidad personal para ser devuelta en el día de la resurrección.Cuando Jesús resucita a la niña; ella resucita siendo ella; se recuerda de su último pensamiento; su memoria  y recuerdos vuelven a ella; sigue siendo la misma que antes de morir.  Lo mismo sucedió con Jesús; su identidad fue restituida, se recuerda de Maria y de sus discípulos, de todo lo que les había dicho y de toda su vida. O sea; en la resurrección; nuestra identidad personal, nuestra individualidad nos es devuelta; pues Dios tiene una copia exacta de nosotros en forma de datos registrada en el cielo.

   Adán murió hace casi seis mil años; su cuerpo fue al sepulcro y allí se descompuso y se hizo polvo, de Adán no queda nada.  Pero al morir el archivo de Adán es preservado en el cielo por Dios porque; el espíritu; el carácter del hombre regresa a Dios y allí es preservado.  En la resurrección, cada persona tendrá su propio carácter, Dios a su debido tiempo resucitará a los muertos y les dará de nuevo el aliento de vida y mandará a los huesos secos que vivan.  La misma forma saldrá, pero estará libre de enfermedades y defectos, revivirán llevando los mismos rasgos individuales de tal manera que amigo reconocerá a amigo, los familiares se reconocerán unos a otros.  No hay ninguna ley en la naturaleza que obligue a Dios, a usar las mismas partículas de materia.

Dios les dará a los justos un cuerpo que le plazca a él. Eso lo podemos corroborar en 1Co. 15.  No será así con los impíos; cuando los impíos son resucitados; también resucitarán con su identidad personal, su carácter, pero sus cuerpos no serán transformados, Dios no les dará un cuerpo celestial, sin defectos ni enfermedades, pues ellos resucitarán para condenación.

 Por eso es sumamente importante entender esto; pues cada día que vivimos, debemos confesar nuestros pecados y pedirle a nuestro Creador que nos ayude con su Santo Espíritu, a formar aquí el carácter, la personalidad adecuada para ser llamados justos, santos, hijos de Dios.

  Ilustremos todo esto:

La mayoría de nosotros estamos familiarizados con las computadoras.  Comparemos una persona a una computadora: El Procesador, las memorias (RAM Y ROM), el disco duro; componen el cerebro de la computadora.  El disco duro representa la memoria permanente donde al igual que nuestro cerebro, se almacenan las memorias y recuerdos, que nunca olvidamos; la memoria RAM; representa la memoria inmediata de nuestro cerebro, y el procesador, la parte que pensante de la computadora.

   Digamos que usted va a la tienda y compra una computadora regular; sabemos que hay diferentes tipos de computadoras, dependiendo de la cantidad de memoria, velocidad del CPU, y los componentes internos; pero para nuestra ilustración, empleemos una configuración estándar.  En la tienda, todas las computadoras, tienen los mismos componentes internos, y son externamente de diferentes colores y formas; así como nosotros, internamente tenemos los mismos órganos internos, pero por fuera, somos gorditos, flacos, etc. Volvemos a recalcar; en la tienda, todas las computadoras son iguales, tienen el mismo sistema operativo (Windows’ 98). Usted, al igual que otras personas en la tienda, compra una computadora y se la lleva para su casa.

   Al llegar a su casa, se da cuenta que el vecino, también compró una computadora similar a la suya, así que usted no es el único en la cuadra con computadora.  Después de instalar la computadora, usted empieza a darle una identidad a esa computadora; le instala programas, diseña o configura la pantalla a su gusto; comienza a trabajar con el procesador de palabras para hacer documentos; copia o “salva” (save), todas las fotos de la familia, crea su árbol genealógico, le instala juegos, screen savers, se conecta al Internet.  Y a medida que pasa el tiempo y usted usa más y más su computadora, ésta va adquiriendo, formando una individualidad propia.

   Un día, su vecino, que sabe que usted tiene una computadora similar a la de él, lo llama porque su computadora tiene un virus (se enfermó); y su vecino quiere saber si usted lo puede ayudar.  Usted va a la casa de su vecino, y empieza a bregar con la computadora del vecino; y usted se da cuenta, que aunque usted y su vecino, tienen computadoras similares, compradas en la misma tienda y al mismo precio, con los mismos componentes internos y el mismo sistema operativo; ambas computadoras, son tan diferentes; tan individuales.  Cada computadora tiene una identidad (carácter) diferente.  Y esto es una realidad, no hay dos computadoras iguales, así mismo como no hay dos personas iguales, cada uno de nosotros tenemos nuestra identidad propia, nuestro carácter.

Los años van pasando, y los datos que usted ha almacenado en su computadora, son muchos, la configuración es compleja; usted cliquea un atajo (shortcut) en la pantalla; y sale el documento que usted preparó hace tres años.  Cliquea  otro, y sale el archivo con las fotos de las vacaciones, cliquea otro mas, y la computadora automáticamente, se conecta al Internet, le abre el correo electrónico (e-mail), le manda la foto del recién nacido a la abuela, etc. Usted entiende la idea.

   Un buen día; usted enciende la computadora, y nada pasa; vuelve a apretar el botón, y nada pasa; la computadora murió.  Pero, ¿Qué pasa con toda la información, con todos los datos y configuraciones que usted hizo con la computadora, los documentos, fotos, etc.?  Todo está almacenado en backup, que usted hacía todos los días.

Al igual que la persona, la computadora murió.  Claro que usted se puede comprar otra computadora, pero no tendrá la identidad, la individualidad que tenía ésta. Si usted no tiene la configuración y los datos guardados en un registro; la personalidad de su computadora, se perdió para siempre.

   Pero los datos y la configuración, que su difunta computadora tenia, son muy importantes para usted.  Así que usted decide, no comprar una computadora y empezar todo de nuevo; sino, como usted guarda los registros de su “vieja y fallecida” computadora; usted decide recrearlos.  Va a la tienda, compra todas las piezas y programas necesarios y arma otra caja, le da “forma” a la computadora; después que está armada, le instala otra vez Windows 98 (soplo de vida), agarra los discos de backups, y restaura la vieja configuración, los datos y programas.  Después de restaurar todo, hace una actualización (upgrade), de Windows 98 a Windows XP.  La computadora revivió, usted restauró, la vieja identidad, personalidad de la computadora en un nuevo cuerpo.

Ahora en vez de un disco duro de 400 megabytes, el nuevo es de 5000 gigabytes, más de ocho mil veces su capacidad anterior. El viejo Procesador de 100 Mhz, es sustituido por uno de 10000 Ghz; la memoria interna se ha aumentado a la quinta potencia, etc.  Ahora su computadora, no sólo tiene su personalidad anterior, sino que ahora es capaz de almacenar, aprender, calcular y hacer las cosas miles de veces mejor y más rápido.  Eso es lo que Dios hará, cuando los justos resuciten en la segunda venida de Jesús.  Les devolverá su propia identidad, pero en un cuerpo glorificado, celestial, perfecto, que no se enfermará ni se arrugará con el tiempo.

   “Mas dirá alguno: ¿Cómo resucitaran los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muriere antes. Y lo que siembras, no siembras el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, acaso de trigo, o de otro grano.  Mas Dios le da el cuerpo como quiso, y a cada simiente su propio cuerpo.  Toda carne no es la misma carne; mas una carne ciertamente es la de los hombres, y otra carne la de los animales, y otra la de los peces, y otra la de las aves.  Y cuerpos hay celestiales, y cuerpos terrestres; mas ciertamente una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrestres.  Otra es la gloria del sol, y otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas; porque una estrella es diferente de otra en gloria.  Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, se levantara en incorrupción.  Se siembra en vergüenza, se levantara con gloria; se siembra el flaqueza, se levantara con potencia; se siembra cuerpo animal, resucitara cuerpo espiritual.

El primer hombre es de la tierra, terreno; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo.  Cual el terreno, tales también los terrenos; y cual el celestial, tales tamben los celestiales.  Y como trajimos la imagen del terreno, traeremos también la imagen del celestial.

Esto empero digo, hermanos: Que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni la corrupción hereda la incorrupción.  He aquí, os digo un misterio: Todos ciertamente no dormiremos, mas todos seremos transformados.  En un momento, en un abrir de ojo, a la final trompeta; porque será tocada la trompeta, y los muertos serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados.  Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y testo mortal ser vestido de inmortalidad.

Y cuando esto corruptible fuere vestido de incorrupción, y esto mortal fuere vestido de inmortalidad, entonces se efectuara la palabra que esta escrita: Sorbida es la muerte con victoria. ¿Dónde esta, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1Co. 15:35-55).

   Que maravilloso es nuestro Dios! Cuanto amor derrama sobre sus hijos.

     Por eso es que cada ser humano es sumamente importante para Dios; porque cuando una persona se pierde; su perdida es irreparable.  Dios, puede crear nuevos planetas, nuevas estrellas y nuevos soles, puede, con su palabra crear nuevas galaxias; porque “El dijo y fue hecho, mandó y existió”.  Pero el hombre fue creado por sus manos; fue en la nariz del hombre que Dios sopló aliento de vida; no en los animales, en la tierra o la luna; fue en el hombre.  Nuestro creador vislumbró nuestra tierra en su mente, habló y la tierra se formó de la nada, como todas las cosas; pero con el hombre fue diferente, hubo un contacto físico, un roce. Ninguna parte del hombre  fue llamada a la existencia, sino fue creada por las amorosas manos de Dios.  Desde la punta del dedo, hasta cada hebra de cabello fueron formadas por Dios, tocadas  por él.  Fue al hombre al que Dios le dio parte de su propia vida al soplar el aliento de vida en sus narices; cuan gran amor; que nuestro Creador se tomara el tiempo para formar al hombre; y después de la entrada del pecado; tomara mas tiempo aun, para salvarlo, para redimirlo, para devolverle todo lo que el hombre había perdido. Somos más preciosos para Dios, que miles de soles y planetas, y él hará lo imposible para salvarnos, que ha puesto todos los recursos del cielo a nuestra disposición. Porque fue la intención del Creador, tener una relación personal, emocional, física y espiritual con el hombre.  Y es la misma relación que quiere mantener con nosotros hoy.

   Si Dios no guardara los registros; los "backups"; al morir el hombre, Dios jamás podría recrear la identidad, la individualidad, el carácter del hombre.  Para nuestro Padre es desastroso cuando se pierde un ser humano, es preferible que se pierdan miles planetas, y no uno de nosotros.  ¿Sabes por qué?  Porque Dios, puede volver a recrear los planetas, el sol, la luna y nuestra tierra, como lo hará (Ap. 21:1; Isa. 66:22); pero un ser humano, que muere en sus pecados se perderá para siempre. Porque, Dios destruirá los registros, los backups  de esa persona;  y si los registros son destruidos, no hay forma de volver a recrearlos, hay millones de personas que; al ser engañadas por Satanás, no creen, ni obedecen la palabra de Dios. Y se perderán para siempre.

Lamentablemente, esas personas van a ser resucitadas en el día del juicio, no hicieron de Jesús su abogado, y se encontrarán solos, sin nadie que los defienda. Al no permitir que Jesús “reine sobre nosotros” (Luc. 19:14,27)  se convierten en enemigos de Dios; serán hallados faltos en el juicio y, se cumplirá la sentencia: “porque la paga del pecado es muerte” (Ro.6:23). Y morirán la segunda muerte, que es la muerte eterna (Ap. 20: 14-15).

Sus registros, de su identidad son destruidos para siempre, y nunca mas, al igual que pasará  con Satanás después del juicio; “para siempre dejarás de ser” (Ez. 28:19).

   No somos inmortales; no tenemos un alma inmortal.

   ¿Es esto especulación? Claro que no! La Biblia nos dice que tanto el justo como el impío viven en la memoria de Dios: “El hombre de bien tiene misericordia y presta, gobierna sus cosas con juicio. Por lo cual no resbalará para siempre. En memoria eterna será el justo.” (Sal. 112:5-6); “La memoria del justo será bendita, mas el nombre de los impíos se pudrirá.” (Pro. 10:7).

  “Reprendiste gentes, destruiste al malo, raíste el nombre de ellos para siempre jamás.  Oh enemigo, acabados son para siempre los asolamientos, y las ciudades que derribaste, su memoria pereció con ellas.” (Sal. 9:5-6); “Olvidarase de ellos el seno materno, de ellos sentirán los gusanos dulzura. Nunca mas habrá de ellos memoria, y como un árbol serán los impíos quebrantados.” (Job 24:20); “La ira de Jehová contra los que mal hacen, para cortar de la tierra la memoria de ellos.” (Sal. 34:16); “Venga en memoria cerca de Jehová la maldad de sus padres, y el pecado de su madre no sea borrado. Estén siempre delante de Jehová, y él corte de la tierra su memoria.” (Sal. 109:14-15).

   La Memoria, los Registros de los impíos serán destruidos para siempre, y ya no habrá manera de recrearlos, es por esta causa que la vida de una persona es irreparable, incompensable para nuestro Dios. Esto no es especulación; es la enseñanza de toda la Biblia referente a este tema.  El mismo Satanás, la serpiente antigua, que dijo en el principio “no moriréis”, y que dio paso a la falsa doctrina de un alma inmortal; él mismo, conjuntamente con los impíos será destruido para siempre, como está escrito en Ezequiel 28: 11-19; donde el versículo 19 nos dice de Satanás: “Todos los que te conocieron de entre los pueblos, se maravillaran sobre ti.  En espanto serás, y para siempre dejaras de ser.” “Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno; y todos los soberbios, y todos los que hacen maldad, serán estopa; y aquel día que vendrá, los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, él cual no les dejará ni raíz ni rama.” (Mal. 4:1).

   Pero hoy no todo esta perdido, hoy es el día agradable para la salvación, y con la ayuda de nuestro Redentor, Cristo Jesús, comenzar a construir un carácter, una personalidad agradable a Dios.  Tenemos que aprender aquí, como vivir en el cielo y en la tierra nueva.  Porque sólo aquellos que estén en plena armonía con la voluntad de Dios, que hagan de Jesús su abogado, que anden como Jesús anduvo, serán adoptados por Dios como sus hijos: “Mas a todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre.” (Ju. 1:12); “Mirad cual amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios.  Por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce a él. Muy amados, ahora somos hijos de Dios, y aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él apareciere, seremos semejantes a él, porque le veremos como él es.  Y cualquiera que tiene esta esperanza en él, se purifica, como él también es limpio.” (1Ju. 3:1-3).

   Hay esperanza para nosotros, pongamos nuestra confianza en Dios, y hagamos de él nuestra fortaleza, y las acechanzas del Diablo y sus mentiras no nos dañaran. A través del estudio de la palabra de Dios, el Espíritu Santo nos va santificando, limpiando y ayudando a ser ciudadanos del cielo. Y al igual que con la computadora, que podemos salvar o borrar de la memoria y del disco duro, las cosas malas y negativas que corrompen la computadora; al final de la obra de redención de nuestro Cristo Jesús, nos dice: “Porque he aquí, que yo creo nuevos cielos y nueva tierra, y de lo primero no habrá memoria, ni mas vendrá al pensamiento.

   Cada pensamiento que cause dolor y aflicción será borrado de nuestra mente para siempre, no habrá memoria de un triste pasado.  La memoria y el recuerdo que tendremos del mundo “viejo”, serán las relacionadas con nuestra relación con Jesús y el plan total de la redención.  Y todo el universo, después que el pecado sea erradicado para siempre, y el hombre y el mundo recreados otra vez, entrará otra vez en armonía, y desde los planetas más grandes, hasta los átomos más pequeños, se verá que Dios es amor.

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