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¿QUE ES EL HOMBRE?
Desde que Satanás le dijo a la mujer la primera gran
mentira; “No morirás”; el mundo ha tenido la creencia de que el alma es
inmortal. Todas las religiones antiguas y modernas; nos enseñan que
algún día habrá un pago por nuestras obras; sean buenas o malas.
Tenemos temor a morir por muchas razones, pero una de ellas es también el
hecho de que Dios no creó al hombre para morir. La muerte no tiene
razón de ser.
Porque el plan original de Dios, era
que el hombre viviera eternamente; de que gozara de la vida eterna que
proviene de Dios. Fue el pecado lo que introdujo la muerte a nuestro mundo;
“porque la paga del pecado es muerte” (Ro. 6: 23), “Por consiguiente, vino
la reconciliación por uno, así como el pecado entro en el mundo por un
hombre, y por el pecado la muerte, y la muerte así paso a todos los hombres,
pues que todos pecaron” (Ro. 5: 12). La muerte es nuestro enemigo;
pero gracias a Dios que este enemigo, al igual que Satanás, la serpiente
antigua, ha sido derrotado por el sacrificio, resurrección e intersección de
Cristo Jesús, nuestro salvador: “Para que, de la manera que el pecado reinó
para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna
por Jesucristo Señor nuestro” (Ro. 5: 21). Al final de la redención;
la muerte va a ser destruida para siempre: “Y cuando esto corruptible fuere
vestido de incorrupción, y esto mortal fuere vestido de inmortalidad,
entonces se efectuará la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte con
victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu
victoria?” (1Co. 15: 54-55, Os. 13: 14). “Y el infierno y la muerte
fueron lanzados en el lago de fuego. Esta es la muerte segunda” (Ap.20: 14).
Ninguna religión o
filosofía moderna es realmente nueva; hoy hay millones de personas que creen
en la reencarnación, pero esta creencia no es nueva; viene de los egipcios y
babilonios, son las mismas ideas remontadas de la gran mentira: “No
morirás”.
Hay personas que creen en
que hay vida después de la muerte porque ven en la TV, programas con
personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte; donde todas
describen lo mismo; ven un largo túnel y una luz, y al salir; se encuentran
con mucha paz y tranquilidad y son recibidos por familiares y amigos que
murieron. Se sienten tan a gusto que no quieren volver. La
reencarnación asegura que uno debe de pasar por varios procesos o etapas
hasta alcanzar el estado perfecto y llegar a ser como un dios (otra mentira
dicha por Satanás en el Edén)
Muchos afirman que venimos
de una civilización cósmica; de que hay cuatro grandes razas: azul, roja,
negra y blanca y que cuando todas ellas estén en armonía entonces la tierra
será un paraíso. En la mayoría del mundo cristiano; se piensa que
cuando uno muere va directamente al cielo si fue bueno; al purgatorio si fue
medio bueno, o al infierno si fue malo. ¿De dónde se derivan todas
estas teorías? Analice el lector las mentiras de Satanás en el principio; en
el Edén y entenderá sus orígenes.
Desde el principio del
pecado original; que es la desobediencia a Dios; el hombre no quiere
enfrentarse a Dios. Busca cualquier excusa para no comparecer delante
de su creador; notemos que cuando la pareja pecó, descubrió que estaba
desnuda; pero ¿desnuda de qué? Desnudos de la gloria de Dios que los
cubría. La Biblia nos enseña que cuando Dios creó al hombre lo “vistió
de su gloria” (Salmos 8), al igual que los ángeles; que no usan ropas
humanas; sino que están vestidos de un manto de luz. Como lo recalca
el hecho de que en Las Escrituras los ángeles de Dios están vestidos de un
manto resplandeciente (Luc. 24:4). Pero al hombre pecar, “fue
destituido de la gloria de Dios” (Ro. 3:23). Moisés tuvo que taparse el
rostro; pues el pueblo no lo podía ver porque su rostro era resplandeciente,
y ¿Por qué?, porque había estado en la presencia de Dios; y la gloria de
Dios lo había envuelto y por eso su rostro brillaba; estaba vestido de la
gloria de Dios. (Ex. 34:27-35).
Al desobedecer a Dios;
violando su palabra; el hombre pecó y se hizo enemigo de Dios, pues el
pecado nos hace enemigos de Dios (Ro. 5:10, Co. 1:21), la gloria de luz que
cubría al hombre y que provenía de Dios se retiró, en ese triste instante,
el hombre comprendió que algo extraño había pasado, algo había cambiado, ya
nada era igual. Pensaron que al comer del árbol entrarían en un estado
mas elevado, que alcanzarían un nivel más avanzado, pero como lo dice la
propia mujer: “La serpiente me engañó” (Gén. 3:13), descubrieron que no eran
iguales a Dios; sintieron vergüenza y sobre todo temor a la sentencia
que pesaba sobre el pecado “El día que de él comieres, morirás” (Ge. 2:17),
“porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna
en Cristo Jesús Señor nuestro” (Ro.6:23). La pareja ahora se esconde
de Dios (Gén. 3:8), siente vergüenza porque ahora no tienen en sus cuerpos
algo hermoso que Dios les había dado.
Entró la tristeza y el
temor a un mundo que era perfecto, que estaba en armonía con todo el
universo, la pareja notó el cambio inmediatamente, no sólo en ellos, sino en
la propia naturaleza; los mismos animales que antes jugaban e iban al
llamado del hombre ahora se alejaban de él, pues sentían temor de él (Gén. 9:2),
la tierra y toda la creación quedó sujeta al pecado (Ro. 8:20-22), y empezó a
producir cardos y espinas.
El hombre no quiso
enfrentar a Dios, no quiso hacerse responsable por sus actos, ni afrontar
las consecuencias de los mismos; y huyó, se escondió de la presencia de Dios
porque temió por su vida. Ahora el hombre y la mujer, se visten
de una vestidura confeccionada por sus propias manos, de su propia hechura,
y ellos mismos se visten. (Gén. 3:7). Pero a pesar de sus propias
vestiduras aún se sienten desnudos delante de Dios, y cuando se
encaran con Dios empiezan a culparse el uno al otro; e indirectamente culpan
a su mismo Creador también. (Gén. 3: 11-13)
Lo mismo sucede hoy; no
queremos enfrentarnos a Dios; y nos vestimos de nuestras propias
“vestiduras”, nuestras propias justicias y culpamos a otros por nuestros
errores y actos. Si hoy le pegamos a la mujer; fue que lo vimos en nuestro
padre. Si somos agresivos o enfermos sexuales; la culpa la tiene el
hecho de que fuimos violados o maltratados cuando pequeños. Culpamos a
todos y aun hasta a Dios por nuestros propios errores y buscamos infinidades
de excusas para no querer mejorar. Inventamos y creemos fábulas y teorías,
que nos hablan de cómo alcanzar el cielo y la gloria pero sin el deseo de
obedecer a Dios ni hacer su voluntad.
Nuestro temor a morir lo
escondemos y mitigamos creyendo en la inmortalidad del alma, en que al morir
pasamos a un mundo mejor; que la muerte realmente no es el fin, sino la
transición a otra esfera de vida mas elevada; donde viviremos como espíritus
desencarnados, porque nuestras almas deben de ser liberadas de este cuerpo
malo. (Esto fue lo que enseñaron Sócrates y Platón, ¿acaso son ellos dioses
para creer en sus palabras?). Creer en que antes éramos una vaca y que
ahora estamos disfrutando de otro grado mayor y que al morir pasaremos a
otro aun mayor; como enseñan los que creen en la reencarnación es creer la
segunda mentira que Satanás le dijo a la mujer “serán abiertos vuestros
ojos, y seréis como dioses, sabiendo el bien y el mal”. En otras
palabras, seréis como Dios.
Sólo Jehová Dios es
inmortal (1 Ti. 1:17, 1 Ti. 6:16), El es el único que tiene vida en sí mismo;
pues es el único Dios. Y al creer que tenemos un alma inmortal, nos
hacemos igual a Dios; creyéndole a Satanás, a las criaturas antes que al
Creador (Ro. 1:25).
Es en la Santa Biblia que debemos
creer; porque es la Palabra de Dios, el único libro que nos revela la verdad
y nos enseña como Dios nos quiere dar lo que una vez le dio al hombre:
felicidad, paz, amor, el gozo de la vida eterna y de disfrutar de la
compañía de su Creador para siempre; sin tener que escondernos ni
avergonzarnos ya mas.
Notemos que Dios vistió al
hombre dos veces; cuando fue creado a imagen y semejanza de Dios; (¿notamos
que este versículo nos dice que el hombre fue creado a semejanza e imagen de
Dios? Entonces; Dios no es un espíritu desencarnado que no tiene forma
o figura, ni que permea todo en el universo, que esta en una piedra, en una
hoja o en el aire, como enseñan muchas religiones hoy en día. El
relato bíblico es bien claro al decir: “En el principio….Dios” (Gén. 1:1);
este versículo afirma que Dios es antes de todo lo que existe y que es, en
forma excluyente, la única causa de todo lo demás. Este versículo es
el fundamento de todo pensar correcto en cuanto al mundo material.
Aquí resalta la impresionante verdad que, al formar al mundo, Dios no se
valió de materia preexistente.
El panteísmo, la antigua
herejía que despoja a Dios de personalidad al diluirlo por todo el universo,
haciéndolo así sinónimo de la totalidad de la creación, también queda
expuesto y refutado en Gén 1:1. No hay base para la doctrina del
panteísmo cuando uno cree que Dios vivió sereno y supremo antes de que
hubiera una creación y, por lo tanto, está por encima y aparte de lo que ha
creado. Ninguna declaración podría ser más apropiada como introducción
de las Santas Escrituras. Al principio nosotros conocemos a un Ser
omnipotente, que posee personalidad, voluntad y propósito, existiendo antes
que todo lo demás y que, por lo tanto sin depender de nadie mas,
ejerció su voluntad divina y “creo los cielos y la tierra”
Nuestro Dios es un ser
personal, social, el Cáp.6 de Isaías nos declara que él vio a Dios.
Moisés, en el monte Sinaí vio las espaldas de Dios; fue visto por más de
setenta personas (Ex. 24:9-11.), Moisés hablaba con Dios cara a cara (Ex. 33:
11), Jacob vio y luchó con Dios (Gén. 32: 22-30), Daniel en visión vio al
Dios del universo sentado en su trono. Juan en el Apocalipsis, también
vio la figura de Dios; o sea nuestro Creador; tiene cuerpo, manos; pies,
etc. El hombre fue hecho a “imagen y semejanza” de Dios, a la forma de
Dios.
El hombre fue vestido la
segunda vez, cuando Dios lo vistió de túnicas de pieles (Gén. 3:21). No
les dio las túnicas de pieles; sino que él mismo los vistió. Así mismo
debemos de ser vestidos por la justicia de Dios; por nuestro mismo Creador;
debemos de vestirnos con la justicia de Cristo (Ro. 10:4, 2Co. 5:21, Ef. 4:24).
No es nuestra justicia
propia la que nos salva y redime; es la justicia de Cristo; otorgada;
imputada; “vestida” sobre nosotros lo que nos salva. Y es por i.e. en
su palabra que somos “vestidos de justicia”.
Después de la pareja ser
vestida de pieles por Dios; fue sacada del Edén.
Génesis 3:22 nos dice: “y dijo Jehová
Dios: He aquí el hombres es como uno de Nos sabiendo el bien y el mal.
Ahora, pues, porque no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida,
y coma, y viva para siempre”. El hombre debía de seguir comiendo del
árbol de la vida para poder seguir viviendo; lo que significa que la fuente
de su vida continua, estaba fuera de él. No dependía del hombre el
vivir eternamente; dependía de la misericordia de Dios; tenia que “recargar
sus baterías” por así decirlo al comer del árbol de la vida. Ese mismo
árbol de la vida es el que se haya en el Monte de Dios; que en la tierra
nueva dará un fruto diferente cada mes; donde todos los redimidos comerán y
sus hojas servirán para sanar a las naciones, y que el mismo Jesús dará a
los redimidos (Ap. 2:7; 22:1-2). Solo Jehová Dios es inmortal, solo El
tiene vida en sí mismo (Ju. 5:26).
Volviendo al
Génesis; leamos como Dios creó al hombre: (Gen. 1:26) “Y dijo Dios: Hagamos al
hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los
peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en las bestias, y en toda la
tierra, y en todo animal que anda arrastrando sobre la tierra”. Leamos
también (Gen. 2:7) “Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra,
y alentó en su nariz soplo de vida; y fue el hombre en alma viviente”.
El hombre no tiene un alma viviente; el hombre es un alma viviente. En toda
la Biblia este es el concepto que se enseña.
Estos versículos son muy significativos. Para crear los cielos y la
tierra, Dios dijo y fue hecho; mando y existió (Sal.33:9); pero en el caso
de la creación del hombre; Dios lo formó con sus manos; tomó lodo de la
tierra e hizo una figura, con sus pulmones, corazón, hígado, un cerebro en
la cabeza, etc. Se presentan importantes detalles adicionales en cuanto a la
creación de Adán. Se nos permite atisbar, por así decirlo, dentro del
taller de Dios y observar su mano que realiza el misterioso acto de la
creación.
La palabra
“formar”, yatsar, implica el acto de moldear y dar una forma
correspondiente en diseño y apariencia con el plan divino. Se usa esta
palabra al describir la actividad del alfarero (Isa. 49: 5, etc.), del
orfebre que confecciona ídolos (Isa. 44: 10; Hab. 2: 18) y de Dios que forma
varias cosas, la luz entre otras (Isa. 45: 7), el ojo humano (Sal. 94: 9),
el corazón (Sal. 33: 15) y las estaciones (Sal. 74: 17).
La ciencia confirma que el hombre esta compuesto de materiales derivados del
suelo, los elementos de la tierra. La descomposición del cuerpo humano
después de la muerte, da testimonio del mismo hecho. Cuan cierto es
que el hombre fue hecho “del polvo de la tierra” y también que volverá “a la
tierra “de donde fue tomado (Ecl. 12: 7)
Pero esa
figura no tenia vida. Es como un escultor; que de arcilla hace una
figura tamaño natural; esa figura no oye, ni ve ni entiende, no tiene vida;
así fue como Dios creó al hombre. Después de formar esa figura con sus
maravillosas y hábiles manos; el Creador; el que tiene vida en sí mismo; el
que imparte y es la fuente de la vida; sopla en los dos hoyitos que había
hecho en la nariz de la figura de lodo el aliento de vida; porque todo lo
que sale de Dios es amor y vida. Y cuando el tibio aliento de vida de
Dios toca la fría e inerte figura del hombre; y por su nariz entra el
aliento de vida, la figura fría comienza a calentarse, cuando a la forma
inerte del hombre se le comunicó este divino “aliento” de vida, neshamah,
el hombre se convirtió en un “ser” viviente, néfesh.
La palabra néfesh tiene una diversidad de significados; (1) aliento
(Job 41: 21), (2) vida (1 Rey. 17:21; 2 Sam. 18:13); (3) corazón, como
sede de sentimientos (Gén. 34: 3; Cant. 1: 7); (4) ser viviente (o
persona) (Gén. 12: 5, 36: 6; Lev. 4:2), y (5) para hacer resaltar un
pronombre personal (Sal. 3: 2; 1 Sam. 18: 1).
Nótese que
la néfesh es hecha por Dios (Jer. 38: 16); y puede morir (Juec. 16:
30); ser muerta (Num. 31: 19); ser devorada (metafóricamente) (Eze. 22: 25);
ser redimida (Sal. 34: 22) y ser convertida (Sal. 19: 7). Ninguno de estos
casos se aplica al espíritu, rúaj, lo que indica claramente la gran
diferencia entre los dos términos.
El hombre llegó a ser un “ser viviente” cuando Dios le impartió su “aliento
de vida” a la figura (materia) que había moldeado. El molde hecho del
lodo no era un “ser viviente”; el “aliento de vida” no era un “ser
viviente”; fue la unión de la materia con el aliento de Dios lo que produjo
un “ser viviente”. Tan pronto como Dios sopló el aliento de vida en el
hombre, el cerebro entro en acción, el corazón empezó a latir y la sangre a
correr por las venas. El hombre llego a ser consciente. ¿Cómo
ocurrió eso? Esa sensación de existencia no estaba en el polvo de la
tierra, ni en el cuerpo, ni estaba en el soplo de vida. Esa
condición de sentirse consciente se produjo como resultado de la unión del
aliento de vida con el cuerpo humano formado del polvo de la tierra.
El estado de consciencia depende enteramente de la unión del aliento de vida
con el cuerpo.
Veamos una ilustración:
El Agua
esta compuesta de Hidrógeno y Oxígeno; y su fórmula o forma es H2O. El
Hidrógeno no es el Agua; el Oxígeno no es el Agua; estos dos elementos son
los que forman o crean el Agua. Por si solos; tienen características,
usos, y propiedades diferentes a las del Agua; tanto el Hidrógeno como
el Oxígeno pueden, bajo presión llegar a ser líquidos como el agua; pero
nunca por sí solos ser agua.
Estos dos
elementos se pueden combinar con otros elementos; para formar otras
sustancias; pero sólo la unión de estos dos elementos; bajo las condiciones
y cantidades precisas forman el Agua. Si a la molécula de Agua,
combinamos otra molécula de Oxígeno en vez de una; ya no tenemos Agua;
tenemos otra sustancia completamente diferente, con otras propiedades y usos
diferentes. El Peroxido de Hidrógeno, o Agua Oxigenada. Así es la unión del
polvo de la tierra y el aliento de vida de Dios; el polvo no es el alma
viviente; el aliento de vida; tampoco es el alma viviente. Es la unión
de estos dos elementos; bajo las condiciones precisas lo que se convirtió en
alma viviente. Los animales tienen el mismo aliento de vida del
hombre; y cuando mueren les pasa lo mismo que al hombre; se convierten en
polvo. Pero, sólo fue en la nariz del hombre que Dios sopló (el mismo
aliento de vida); sólo fue con la creación del hombre que Dios tomó las
cantidades y propiedades precisas de materia o polvo para crear una creación
completamente diferente a la de los animales.
El aliento de vida no es un alma; es el otro elemento imprescindible para
crear el alma.
La Santa
Biblia es clara al enseñarnos lo que es la muerte; al morir, no es que el
alma sin cuerpo; desencarnada va a vagar al paraíso, al limbo, al infierno;
o Dios sabrá donde.
Cuando
morimos nos pasa lo mismo que al Agua; podemos descomponer o romper o matar
una molécula de Agua al separar sus dos elementos vitales: H2O = 2H + O;
estos elementos están otra vez libres como Hidrógeno y Oxígeno, pero ya no
son agua. Así también pasa al morir; el polvo vuelve a la tierra y el
espíritu vuelve a Dios quien lo dio (Ecl. 12: 7); el cuerpo se hace polvo en
la sepultura; pero no es el alma. El espíritu (aliento de vida),
retorna a Dios; pero no es alma, es uno de los dos elementos que componen el
alma viviente. Al morir el hombre; hay una separación de los elementos
que lo componen, y con su muerte, muere todo de él: “Porque los que viven
saben que han de morir, mas los muertos nada saben, ni tienen mas paga;
porque su memoria es puesta en olvido. También su amor, y su odio y su
envidia, fenecieron ya; ni tienen mas parte en el siglo, en todo lo que se
hace debajo del sol.” (Ecl. 9: 5-6); “Los ojos de los que me ven, no me
verán más; tus ojos sobre mí, y dejaré de ser. La nube se consume, y se va.
Así el que desciende al sepulcro no subirá, no tornará más a su casa” (Job.
7: 8-10); “Muertos son, no vivirán; han fallecido, no resucitarán.
Porque los visitaste, y destruiste, y deshiciste toda su memoria.” (Isa. 26:
14).
Al morir, el hombre ya no tiene memoria de nada, su amor, odio, envidia,
gustos; todo termina cuando termina la vida. Cuando el proceso se
invierte al morir; el aliento de vida del hombre, esto es el principio de
vida, es retirado y el cuerpo se desintegra en polvo. El corazón deja
de latir. El cerebro ya no funciona. La sangre no circula más.
¿En que ha quedado el estado de consciencia del hombre? Ha
desaparecido. La Biblia resume este proceso diciendo: “Envías tu
espíritu (el aliento), créanse…Les quitas el espíritu, dejan de ser.” (Sal.
104: 29-30). La inteligencia; la parte pensante del hombre, ¿vive en
alguna parte después de la muerte? “saldrá su espíritu, tornase en su
tierra; en aquel día perecerán sus pensamientos.” (Sal. 146: 4).
¿Saben algo los muertos? “Los que viven saben que han de morir, mas los
muertos nada saben.” (Ecl. 9: 5). Los justos que mueren, ¿alaban a
Dios después de morir? “No alabaran los muertos a Jah, ni cuantos descienden
al silencio.” (Sal.115: 17); “Vuelve, oh Jehová, libra mi alma, sálvame por
tu misericordia. Porque en la muerte no hay memoria de ti.” (Sal.6:
4-5); “¿Qué provecho hay en mi muerte, cuando yo descienda al hoyo? ¿Te
alabará el polvo? ¿Anunciará tu verdad?” (Sal.30: 9).
Entonces; ¿Dónde están los muertos? “No os maravilléis de esto; porque
vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los
que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; más los que hicieron mal,
a resurrección de condenación.” (Ju. 5: 28-29), los muertos están en la
tumba, en el sepulcro. (Job. 17: 13). Pero, mientras están en la
tumba; ¿Cuál es la condición de los muertos? “Tampoco, hermanos,
queremos que ignoréis acerca de los que duermen, que no os entristezcáis
como los otros que no tienen esperanza.” (1Tes. 4: 13). La muerte es como un
sueño, dormir sin consciencia.
Juan 11:
11-14 habla de la muerte de Lázaro, que fue resucitado por Cristo. Hablando
de él, Jesús usó indistintamente los términos “sueño” y “muerte”.
Durante su muerte, que duró cuatro días, él no había ido al cielo, ni al
infierno ni al purgatorio. Cuando Jesús lo resucitó, no lo llamó del cielo
ni del infierno. Sencillamente le dijo: Lázaro, ven fuera.” (Ju. 11:
43). “Las aguas el mar se fueron y agotose el río, secóse. Así el
hombre yace, y no se tornará a levantar; hasta que no haya cielo no
despertarán, ni se levantarán de su sueño. Oh quien me diera que me
encubrieras hasta apaciguarse tu ira, que me pusieses plazo, y de mi te
acordaras.”(Job 14: 11-13). Job tenia la esperanza de volver a vivir
cuando se realizara la resurrección (Job 14: 14-15); esperaba ver a Dios en
su carne (Job 19: 23-27). La resurrección es la única esperanza del
hombre de librase de la tumba (1Co. 15: 16-22). En el sermón pentecostal, Pedro declaró que al morir, David no había ido al cielo, sino
que estaba descansando en la tumba (Hec. 2: 29,34). Mientras aún
vivimos preparémonos para encontrarnos con Jesús en su segunda venida.
Esta era la esperanza de Pablo; y puede ser también la nuestra. (2Ti. 4:
6-8).
¿Cuál es el significado bíblico de la palabra alma? Tres palabras
hebreas en el Antiguo Testamento y una griega en el Nuevo Testamento están
traducidas “alma”. Son las siguientes:
1.
Neshamah, que en Isaías 57: 16 esta traducida: “las almas que yo he
creado”
2.
Nedibah, en Job 30: 15 se traduce: “combatieron como viento mi alma.”
3.
Nefesh, aparece 752 veces en el A. Testamento y está traducida “alma”
y también con 43 otros significados y palabras.
4.
Psuche, palabra griega que en el N.Testamento ocurre 105 veces y se
traduce con seis diferentes significados, uno de ellos es “alma”.
La definición bíblica de la palabra alma es variada. En algunos
lugares se traduce como vida del individuo; en otros lugares como persona
viviente; y se halla traducida hasta como animal. Según la acepción
bíblica; la palabra alma puede referirse a los afectos, al amor del
individuo, al cuerpo muerto de una persona, y al espíritu de un hombre.
Pero en ninguna parte de la Biblia se usa ese término para indicar una
entidad o personalidad que puede vivir una existencia inmortal fuera del
cuerpo. Dios no puso un alma inmortal dentro del hombre.
¿Qué es capaz de hacer el alma?:
1.
Dirige nuestras acciones. Comparando el Salmo 119:167 con
Romanos 7: 25 se advierte que un texto dice que el alma es el agente de la
obediencia, y el segundo texto llama mente a ese agente.
2.
El alma del hombre recibe consejos: Salmo 13 : 2
3.
Rechaza algunas cosas: Job 6: 7.
4.
Puede entristecerse: Job 30: 25.
5.
Puede sentir amargura y tristeza: Job 10: 1; Marcos 14: 33,34.
6.
Puede ser satisfecha: Salmo 63: 5.
Estas son funciones de la mente. La Biblia nos dice que el alma puede
morir: “He aquí todas las almas son mías; como el alma del padre, así el
alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá.” (Ez.18: 4); lo mismo
se expresa en Mateo 10: 28; Santiago 5: 20.
¿Mató Caín al Abel real, o sólo al cuerpo en el cual vivía? “Y habló
Caín a su hermano Abel; y aconteció que estando ellos en el campo; Caín se
levantó contra su hermano Abel, y le mató. Y Jehová dijo a Caín:
¿Dónde esta Abel tu hermano? Y el respondió: no sé, ¿soy yo guarda de mi
hermano? Y el le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano
clama a mí desde la tierra.” (Gén. 4: 8-10). El Señor no le dijo
a Caín: “Abel ha venido al cielo a decirme que tu lo has matado”; sino que
le dijo: “la voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.” En
Hebreos 11: 4 se afirma que Abel estaba muerto.
¿Pueden los muertos comunicarse con los vivos? La teoría de que los
vivos pueden comunicarse con los muertos se llama espiritismo. Este no
es un término bíblico. Los adherentes a esta creencia sostienen que la
inmortalidad natural del hombre es básica.
Si la
comunicación entre los vivos y los muertos estuviera abierta para siempre,
seria incorrecto hablar de que una persona haya muerto. Sin embargo,
la muerte es lo contrario de la vida. la diferencia entre la vida y la
muerte es la relación del hombre con el conocimiento. Y al respecto la
Biblia declara: “Los vivos saben que han de morir; mas los muertos nada
saben.” (Ecl. 9: 5). Ahora bien; si analizamos otra vez el relato del
Génesis, vamos a notar que el primer médium o canalizador, fue Satanás; y el
propósito de usar a la serpiente como médium fue la de engañar a Eva: “La
serpiente engañó a Eva con su astucia.” (2 Co. 11: 3). Desde ese día
el resultado del contacto de cada médium con los espíritus ha sido engañar.
En el Edén, Satanás dominó a la serpiente. Hizo parecer que la
serpiente hablaba. Eva pensó que estaba hablando con la serpiente,
cuando en realidad estaba hablando con el mismo diablo. “La serpiente
antigua” (Ap. 12: 9).
Cuando Satanás consiguió que Adán y Eva actuaran de acuerdo a esa mentira,
opuesta a la verdad de Dios, Satanás llegó a ser como lo dijo Jesús:
“Homicida… desde el principio, y no permaneció en la verdad; …porque es
mentiroso, y padre de mentira.” (Ju. 8:44). Es por eso que Dios nos
amonesta contra el espiritismo, el hablar con los muertos; porque al igual
que Eva; no es un espíritu de un difunto el que nos habla; sino el mismo
Satanás. “No sea hallado en ti quien haga pasar su hijo o su hija por
el fuego, ni practicante de adivinaciones, ni agorero, ni sortílego, ni
hechicero, ni fraguador de encantamientos, ni quien pregunte a pitón, ni
mágico; ni quien pregunte a los muertos. Porque es abominación a
Jehová cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones Jehová tu
Dios las echó de delante de ti.” (Deut. 18:10-12).
Después que una persona muere; no regresará más a su casa, ni a sus
familiares y amigos; ni a molestar, ni a consolar: “La nube se consume, y se
va: así el que desciende al sepulcro no subirá; no tornara mas a su casa, ni
su lugar le conocerá más.” (Job 7: 9-10). Dios, en su palabra nos dice
que estas creencias serán las causas de apostasía y de que millones de
personas sean engañadas. “El Espíritu Santo dice claramente que en los
postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus
engañadores y a doctrinas de demonios.” (1Tim. 4:1)
Esos espíritus y sus médium son espíritus seductores. Están inclinados
al engaño. Llevan a la gente a apartarse de la fe y proclaman
doctrinas de demonios. Son espíritus obradores de milagros. Sus
manifestaciones sobrenaturales apoyan sus engaños y les dan plausibilidad.
(Mat. 7:22-23; 24:24; 2 Tes. 2:9; Ap. 13:13-14; 16:13-14).
La muerte
de una persona es el proceso inverso a su creación. Cuando el hombre
fue creado fue hecho del polvo. Después de darle forma, Dios puso en
él el aliento de vida.
El hombre
no era consciente, ni podía pensar, ni moverse hasta que Dios le dio el
aliento de vida. Así, cuando el hombre muere, sale de él el aliento de
vida, deja de pensar, de moverse, queda totalmente inconsciente, y su cuerpo
vuelve al polvo de donde vino.
Exactamente como dice Dios: Al morir el hombre duerme “el sueño de la
muerte” (Sal. 13:3). Y debido a que es un “eterno sueño” (Jer. 51:39) el
hombre queda inconsciente hasta el día de la resurrección (Ju.5:28-29); por
lo tanto, no puede haber comunicación entre los muertos y los vivos.
Si somos inmortales; ¿para qué murió Cristo? La doctrina de la
inmortalidad del alma anula la doctrina de la resurrección y de la segunda
venida de Cristo Jesús. Cuando leemos Juan 14:1-3: “No se turbe
vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mi.
En la casa
de mi Padre muchas moradas hay. De otra manera os lo hubiera dicho.
Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere, y os
aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo; para que donde yo
estoy, vosotros también estéis.”
¿A qué va a
venir Jesús, si cuando morimos nos vamos derechito al cielo?, el versículo
es claro al decir que El vendrá otra vez y tomará los que son suyos.
Pero hay muchas iglesias cristianas que enseñan que cuando morimos nos vamos
directo al cielo y que allá estamos sin forma, en un lugar del cielo como un
almacén, donde Dios va guardando las almas de las personas a medida que van
llegando de la tierra al morir.
El mismo Jesús enseño que el alma es la persona viva; comparemos dos textos
de los labios de Jesús: “Porque ¿Qué aprovecha al hombre, si granjeare todo
el mundo y se perdiere a sí mismo, o corriere peligro de sí?” (Luc. 9:25);
“Porque ¿de qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y perdiere
su alma? O ¿Qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mat. 16:26).
En estos dos versículos, Jesús habla de lo mismo y es claro que el alma es
el individuo; bíblicamente el alma es la persona, es la vida “Oh Jehová,
hiciste subir mi alma del sepulcro, dísteme vida, para que no descendiese a
la sepultura.” (Sal. 30:3). Notemos que el alma en este versículo es la
vida, y que no baja del cielo; sino que sube del sepulcro.
Una y otra vez; en toda las Santas Escrituras se sigue la misma línea de
pensamiento: los muertos nada saben, el hombre ni es inmortal, ni tiene un
alma inmortal, la muerte es un sueño donde estamos inconscientes.
Notemos otro versículo: “Y Jehová dijo a Moisés: He aquí tu vas a dormir con
tus padres, y este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses ajenos de
la tierra adonde va, en estando en medio de ella; y me dejará, e invalidará
mi pacto que he concertado con él” (Deut. 31:16). Jehová le dice a
Moisés que él va a “dormir con sus padres” (morirá), lo mismo que Aarón, el
hermano de Moisés, (Num. 20:12; 27:13), notemos que va a dormir con sus
padres, con sus pueblos, lo que quiere decir que los padres de Moisés, que
habían muerto muchos años atrás, no estaban en el cielo, disfrutando del
paraíso; no estaban en espíritus ,esperando el día que Dios les diera otro
cuerpo, sino durmiendo en el sepulcro. En este versículo, Dios le dice
a Moisés que va a “dormir”, pero leamos el Cap. 34: 4-6: “Y díjole Jehová;
Esta es la tierra que juré a Abrahán, Isaac y a Jacob, diciendo: A tu
simiente la daré. Hétela hecho ver con tus ojos, más no pasarás allá.
Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al
dicho de Jehová. Y enterrólo en el valle, en tierra de Moab, enfrente
de Bet-peor; y ninguno sabe su sepulcro hasta hoy.” En el Cap. 31,
“Moisés va a dormir” y en el Cap. 34, “Moisés muere”, es evidente que la
Biblia compara la muerte como un sueño inconsciente. Pero esto no
termina aquí; leamos lo que nos dice el libro de Judas: “Pero cuando el
arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando sobre el cuerpo de
Moisés, no se atrevió a usar de juicio de maldición contra él, sino que
dijo: El Señor te reprenda” (Judas: 9). Jesús bajó del cielo a
resucitar a Moisés! ¿Cómo es posible esto?.
¿Acaso no
se fue Moisés al cielo cuando murió?; Moisés esta en el cielo hoy, porque
Jesús, después de Moisés morir lo resucitó.
Pero esto tampoco termina aquí; Elías fue trasladado vivo al cielo: “Y
aconteció que, yendo ellos hablando, he aquí, un carro de fuego con caballos
de fuego aparto a los dos, y Elías subió al cielo en un torbellino. Y
viéndolo Eliseo, clamaba: Padre mió, padre mió, carro de Israel y su gente
de a caballo. Y nunca más le vio, y trabando de sus vestidos, rompiolos en
dos partes.” (2 Rey. 2:11-12). Elías se fue al cielo con todo y
cuerpo; no fue su alma inmortal la que salió volando, fue Elías entero, y si
Eliseo no le traba el vestido se va con todo y ropa. En el cielo no
están los espíritus como éter, inmateriales; los seres celestiales tienen
cuerpos y formas.
Pero esta historia aún continua; en la transfiguración de Jesús cuando
estaba en esta tierra, bajan del cielo dos personajes muy peculiares;
leamos: “Y seis días después, Jesús toma a Pedro, y a Jacobo, y a Juan su
hermano, y los lleva aparte a un monte alto. Y se transfiguro delante
de ellos; y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos fueron
blancos como la luz. Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías,
hablando con él.” (Mat. 17:2). Moisés, que había sido resucitado y
llevado al cielo por Jesús; y Elías que había sido trasladado al cielo sin
ver la muerte. Es en base a este suceso que el apóstol Pablo se
refiere al decir: “Tampoco, hermanos, queremos que ignoréis acerca de los
que duermen; que no os entristezcáis como los otros que
no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús
murió y resucito, así también traerá Dios con él a los que durmieron con
Jesús. Por lo cual, os decimos esto en palabra del Señor; que nosotros
que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no seremos
delanteros a los que durmieron. Porque el mismo Señor con aclamación,
con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los
muertos en Cristo resucitaran primero.
Luego
nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos
arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el aire, y así estaremos
siempre con el Señor.” (1 Tes. 4:13-17). Moisés, representa a aquellos
que murieron en Cristo y que serán resucitados cuando el Señor venga por
segunda vez. Elías representa a aquellos fieles hijos de Dios que
estarán vivos cuando Cristo venga.
Es en la Biblia que debemos de creer; no es en el pastor de la iglesia, o el
cura, o el maestro. Es sólo en la Santa Palabra de Dios. En un
“así ha dicho Jehová”.
Es nuestra
salvación la que esta en juego. Por más cariño o amor que le tengamos
a una persona, ésta no debe de tomar el lugar de Dios y creer más en las
palabras de esa persona que en lo que nos dice nuestro Creador. Puede
una persona tener la mejor intención del mundo; y tratar de darnos su propia
opinión en cuanto a asuntos de religión, pero si no habla de acuerdo y en
base a la palabra de Dios; no debemos creerle. Esto es un asunto de
vida o muerte: la vida eterna o la muerte eterna. La pareja en el edén
le creyó a la serpiente, y cosecharon dolor y muerte. Así mismo hay
millones de personas que se han perdido por creerles a otros.
La Santa Biblia es la palabra de Dios; y tenemos que dejar que ella nos
enseñe la voluntad de Dios, debemos de estudiarla por y con fe; y sobretodo
aceptar sus enseñanzas. Al estudiarla; debemos de hacerlo con el deseo
de aprender de Dios; de su voluntad y su amor. No debemos de forzar
textos para apoyar nuestras opiniones preconcebidas, añadir frases e ideas
que no están escritas en sus páginas.
Dejemos que
nos enseñe las cosas de Dios; para poder moldear nuestro carácter y ser
santificados. Debemos escudriñarla; estudiarla, hacerle preguntas.
Cuando el joven rico se acercó a Jesús, para saber como alcanzar la vida
eterna, Jesús le responde: “Y él le dijo: ¿Qué está escrito en la Ley?
¿Cómo lees?” (Luc. 10:26); o sea que debemos de aprender como estudiar la
Santa Biblia, como la leemos. Tenemos que fijarnos en las palabras, en
los verbos, y en el tiempo de conjugación; en la audiencia a quien se habla,
quien es el que habla y a quien. Recordemos la historia del Etíope
eunuco como lo narra el libro de Hechos 8: 26-39; y notemos algunos puntos
importantes. Nos dice la Biblia que el Etíope venia de adorar en
Jerusalén y leyendo al profeta Isaías. Dios, mando a Felipe a que
instruyera a este hombre que quería ardientemente conocer a Jesús. El
versículo 30 nos dice que Felipe le dijo: “Mas ¿entiendes lo que lees?"; o
sea que el propósito de Dios es que entendamos su palabra; porque cada
persona que quiera saber la voluntad de Dios; conocer sus leyes y el
evangelio eterno de Cristo Jesús; recibirá de Dios el entendimiento de su
palabra. El versículo 35 nos dice: “Entonces Felipe, abriendo su boca,
y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús”.
Esto es muy interesante; primeramente, notemos que Felipe comienza “desde”
esta escritura (hoy diríamos versículos); a explicarle al Etíope, versículo
tras versículo, comparando un texto con texto; permitiendo que la Biblia se
explique ella misma, todo lo que las escrituras decían de Jesús. Y el Etíope
estaba estudiando parte del Antiguo Testamento, y de ahí Felipe le anunció
el evangelio de Jesús. “Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os
parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan
testimonio de mí.” (Ju.5:39). Toda la Biblia habla de Jesús; en cada
página de ella está revelado Cristo Jesús, y el propósito de ellas no es
enseñarnos como alcanzar la vida eterna, sino; darnos a conocer al Dador de
la vida.
El libro de Lucas en el capítulo 24, y a partir del versículo 13;
encontramos dos historias bien significativas. Jesús se llega a dos
de sus discípulos que están tristes por las cosas que habían acaecido.
Jesús, se acerca a ellos y empieza a hablarles; y el versículo 27 nos dice:
“Y comenzando desde Moisés, y todos los profetas, declarables en todas las
Escrituras lo que de él decían”; mas adelante en los versículos 44-45,
leemos: “Y él les dijo: Estas son las palabras que os hable, estando aun con
vosotros; que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están
escritas de mí en la ley de Moisés, y en los Profetas, y en los Salmos.
Entonces les abrió el sentido, para que entendiesen la Escritura.”
Toda la Biblia nos enseña de Jesús; desde Moisés (Job, Génesis, Éxodo,
Levítico, Deuteronomio, Números); todos los profetas (Jueces, Josué,…..Malaquías,
etc.); los Salmos; encontramos la gracia y el completo evangelio de Jesús.
Dios es el que da entendimiento para entender su palabra (vers. 45).
Desde los primeros corderos que fueron sacrificados por Adán y Eva; y que
con sus pieles fueron vestidos por Dios; el sacrificio de Abel; porque
“Cristo es el cordero que fue inmolado desde la fundación del mundo” (Ap. 13:10);
la Simiente que fue prometida a los patriarcas; el sacrificio de
Isaac; el simbolismo en el nacimiento de Moisés; el cordero de la Pascua; la
nube que protegió al pueblo de Israel de los egipcios y en el desierto; el
Maná que cayo del cielo, la Roca de donde manó el agua; el Agua que brotó de
la peña; la serpiente que levantó Moisés; la Santa Ley que simboliza el
carácter de Dios; los sacrificios y las leyes ceremoniales que simbolizaban
el sacrificio de nuestro Salvador; el Santuario Terrenal { con el Altar de
sacrificios (símbolo de su muerte redentora); el Lavacro (simbolizando su
resurrección); la Mesa de los Panes de la Proposición (símbolo de su
sustento hacia nosotros y de la Santa Biblia); el Candelabro (símbolo del
Espíritu Santo que es derramado sobre sus hijos por él para vencer al
pecado); el Altar de incienso (símbolo de su intersección por nosotros
frente a Dios); el Arca del Pacto (donde están los Diez Mandamientos, y que
son el fundamento del trono y del gobierno de Dios); la Santa Shekinah,
que se posaba en el Arca y en medio de los querubines }.
Los Salmos, que muchos de ellos profetizan su misión llevada a cabo cuando
estuvo en esta tierra; y la forma en que nos protege ahora; la historia de
Job; el libro de Ester; todas las profecías de todos los profetas.
La Santa
Biblia en su totalidad, nos habla de Jesús. En cada página de ella
encontramos a Jesús; los evangelios; las cartas de pablo, Juan, Santiago,
Judas, Pedro. Hasta el ultimo libro de la Biblia, el Apocalipsis o
Revelación nos habla de Jesús: “La revelación de Jesucristo, que Dios le
dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la
declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan.” (Ap. 1:1).
El tema central de los 66 libros de la Biblia es Jesús.
Muchos hoy enseñan que no tenemos que estudiar el Antiguo Testamento porque
eso era para los judíos, que hoy estamos bajo un nuevo pacto, que el A.
Testamento es letra pero el Nuevo es gracia; y que el Nuevo fue escrito para
los cristianos. Pero los sucesos que hemos leído del Etíope y de
Jesús; Felipe le predicó el evangelio de Cristo al Etíope del libro de
Isaías, Jesús les hizo entender a los discípulos que todas Las Escrituras,
hablan y enseñan el evangelio de Cristo. Y el evangelio de Cristo se
basa en la gracia y la misericordia, pero, ¿Cuáles Escrituras?. El
Antiguo Testamento.
Pablo dice:
“Toda Escritura es inspirada divinamente y útil para enseñar; para reargüir,
para corregir, para instruir en justicia.” (2 Ti. 3:16). ¿Cuál
Escritura es inspirada, si cuando Pablo le escribió esto a Timoteo, el Nuevo
Testamento no existía?.
Jesús dijo: “Escudriñad las Escrituras”. ¿Cuáles eran las Escrituras
que Jesús mandó a escudriñar? No nos dejemos engañar. Este es
uno de los métodos que Satanás siempre ha usado y seguirá usando hasta el
fin: torcer, quitar, agregar, citar fuera de contexto la Palabra de Dios.
Lo hizo con la pareja en el Edén; lo hizo con Jesús en la tentación; lo hizo
con el pueblo de Israel, porque aunque toda la Escritura habla de Jesús;
aunque todas las profecías apuntaban al primer advenimiento del Mesías en la
persona de Jesús; Satanás llevó al pueblo a tergiversar y mal interpretar
las Escrituras y a confiar en “doctores de la ley”. Que cuando Jesús
vino, su propio pueblo no lo estaba esperando, su propio pueblo no lo
reconoció, y su propio pueblo lo rechazó.
Dios es el “mismo hoy, mañana y siempre”. El “no cambia”. No es
que antes él salvaba, y perdonaba de una forma y ahora lo hace de otra
forma. Es por gracia, así fue con Adán y Eva; así fue con Moisés y
Elías, con los apóstoles y con nosotros hoy.
Sólo a
través del estudio de la Santa Biblia es como no seremos engañados y seremos
santificados: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.” (Ju.
17:17).
Pero tampoco Satanás cambia; y así mismo, usando sus mismos métodos:
cambiando y dando una falsa interpretación de las Escrituras que son la
palabra de Dios; haciéndole creer al mundo que puede alcanzar la salvación
con sus “hojas de higuera”, engañando al mundo a creer que puede hablar con
los muertos y que el alma es inmortal. Satanás quiere que el mundo
rechace la doctrina bíblica de la resurrección de los muertos, porque esta
es una doctrina básica del evangelio de Cristo. “Y si Cristo es predicado
que resucitó de los muertos, ¿Cómo dicen algunos entre vosotros que no hay
resurrección de muertos?
Porque si
no hay resurrección de muertos, Cristo tampoco resucitó. Y si Cristo
no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra
fe. Y aun somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos
testificado de Dios que él haya levantado a Cristo; al cual no levantó, si
en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no
resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vuestra
fe es vana; aun estáis en vuestros pecados. Entonces también los que
durmieron en Cristo son perdidos. Si en esta vida solamente esperamos en
Cristo, los mas miserables somos de todos los hombres.” (1 Co. 15:12-19).
¿Lo notamos?. Los muertos esperan la resurrección, así mismo como el
mismo Cristo fue resucitado. Y si no es así; pobre de nosotros aun
estamos en pecados y perdidos. Pero: “Mas ahora Cristo ha resucitado
de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por
cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la
resurrección de los
muertos.
Porque así como en Adán todos mueren, así también en
Cristo todos serán vivificados. Mas cada uno en su orden: Cristo las
primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.” (1Co.
15:20-23).
¿Notamos?; una y otra vez, los muertos resucitarán en su orden cuando Cristo
venga; creer que el alma es inmortal es negar la resurrección de los muertos
y la gloriosa segunda venida de Cristo Jesús; y lo que es mas triste; al
igual que el pueblo de Israel; aunque todas las profecías y señales apuntan
al cercano y seguro retorno de Jesús en gloria a esta tierra; el mundo no lo
está esperando. “Los vivos saben que han de morir, pero los muertos
nada saben.” (Ecl. 9:5).
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