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El Estado de los Muertos
Un Estudio acerca de la inmortalidad del Alma y textos difíciles de la Biblia

LOS ESPIRITUS ENCARCELADOS

"Porque también Cristo padeció una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.

El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como la aspiración de una buena conciencia hacia Dios) por la resurrección de Jesucristo, quien habiendo subido al cielo esta a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades." (1 Pedro 3:18-22).

Este es uno de los pasajes mas malinterpretados en la Biblia. Al analizar este pasaje, debemos tomar en cuenta a quiénes escribió el apóstol Pedro esta epístola o carta; el apóstol Pedro escribe lo que podría llamarse una carta circular dirigida a los "expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia". Estas cinco zonas incluían caso todo lo que hoy llamamos Asia Menor.

La mayoría de los creyentes de esas iglesias eran gentiles; los cristianos de origen judío constituían una minoría. Pedro, como misionero enviado a ellos (Gál. 2:9), tenia un interés especial en los judíos; pero no limitaba sus saludos e instrucciones al grupo minoritario de esas iglesias, lo cual se ve por su declaración de que sus lectores en otro tiempo no habían sido "el pueblo de Dios", y que eran idolatras convertidos (1 Ped. 2:10; 4:3-4).

El apóstol, que fue el primero en bautizar gentiles y en defender su categoría de igualdad con los demás en la iglesia, sin duda consideraba a todos los cristianos, tanto de origen judío como gentil, como unidos en Cristo Jesús, y no hacia distinciones al dirigirse a ellos. No se puede determinar la fecha precisa cuando se escribió esta epístola. Probablemente fue escrita desde Roma, como lo sugiere el nombre "Babilonia".

Esto puede significar que fue escrita cerca del fin de la vida del apóstol. El hecho de que no haya ninguna referencia en las cartas que Pablo escribió desde Roma, a que Pedro hubiera estado en esa ciudad, sugiere que Pedro no llegó allí sino hasta en los días del arresto final de Pablo alrededor del año 66 d. C. Aunque no se puede afirmar nada definitivo en cuanto a la fecha cuando fue escrita 1 Pedro, lo que se ha dicho sugiere como fecha probable los años 64-66 del siglo I. La epístola refleja presencia de una actitud poco amistosa hacia los cristianos (Cap. 2:12; 4:12-16). Esto podría sugerir el tiempo de la persecución de Nerón, la que comenzó en el año 64 d. C. Por esto debemos tomar en cuenta que las personas a las cuales esta carta fue dirigida entendieron lo que el apóstol escribió para ellos; notemos:

"Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo; Gracia y paz os sean multiplicadas." (1 Ped. 1:1-2).

Al estudiar la Biblia debemos de no agregarle lo que no dice. Debemos de dejar y permitir que la Biblia sea su propio interprete; si creemos realmente en lo que decimos de que "sola escritura" y que creemos cien por ciento en la Biblia y sólo la Biblia, entonces dejemos que ella nos instruya, y no agreguemos en el pasaje lo que no está en el pasaje, ni lo que el pasaje ni siquiera insinúa o sugiere. Cuando le ponemos nuestra propia opinión a la Biblia, estamos tomando una autoridad que ni Dios ni la Biblia nos otorga. Uno de los principios bíblicos para la correcta interpretación bíblica es entender y convencernos de que la Biblia es su propio interprete.

Leamos otra vez los versículos 18-19: ""Porque también Cristo padeció una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados."

Notemos varias cosas:

Estos versículos no dicen que esto sucedió estando el cuerpo de Jesús en el sepulcro; no se usa la palabra "alma"; no dicen que Jesús se fue para abajo, al infierno; no dicen que Jesús predicó el Evangelio; no dicen que los espíritus encarcelados son de los muertos.

Si estos versículos no dicen nada de esto; entonces, ¿Cómo es que se usan para tratar de demostrar y apoyar la doctrina de la inmortalidad del alma, y que los muertos no están muertos, sino que pasan a otro tipo de vida, o en el infierno o en el cielo; o que Dios les va a dar una segunda oportunidad?

La respuesta es que le agregamos al texto lo que no esta, le agregamos nuestras opiniones y creencias preconcebidas.

Dejemos ahora que la Biblia se explique a sí misma:

Creer que estos versículos están diciendo que Jesús fue y predicó a los espíritus desencarnados para dales una segunda oportunidad afronta varios problemas:

"Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio." (Hebreos 9:27).

La muerte no es el fin del hombre. Un día todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, como dice la Biblia: "Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo." (2 Cor. 5:10).

Estudiemos los pasajes palabras por palabras, notemos una vez más el versículo 18:

"Porque también Cristo padeció una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu." Los que recibieron esta epístola estaban sufriendo persecuciones o se enfrentaban a esa perspectiva inminente (cap. 3:14-17; 4:12-16, 19). Pedro los animaba para que no consideraran ese "fuego de prueba" como una experiencia extraña o inaudita (cap. 4:12) porque "también Cristo padeció... una vez" como nos dice el versículo 18.

Tenían el privilegio de ser "participantes de los sufrimientos de Cristo"; es decir, de encontrar en el sufrimiento una dulce comunión con su Señor y Maestro (1 Ped. 4:13; Juan 5:20). El les había dejado el ejemplo de cómo soportar el sufrimiento (1 Ped. 2:20-23). Además Cristo alcanzó la victoria mediante el sufrimiento (Cap. 1:11; 4:13; 5:1).

Pedro advirtió a aquellos a quienes escribía que no hicieran nada que les trajera sufrimiento (1 Ped. 2:20; 3:16-17; 4:15), sino que estuvieran seguros de que cuando sufrían fuera "por causa de la justicia" (cap. 3:14).

Los lectores de Pedro no debían, pues, avergonzarse por sufrir como cristianos, sino gozarse de que en la revelación de su gloria podrían gozarse con gran alegría.

El versículo 18 repite lo mismo dos veces (paralelismo):

"para llevarnos a Dios (restaurarnos al favor divino)" ¿Cómo Cristo lo hizo?; a través de su muerte y resurrección, debía primero Cristo ir a Dios, como lo dice la segunda parte del versículo; notemos que "muerto" es paralelo a "padeció" y "vivificado en espíritu" es paralelo a su resurrección.

"muerto en la carne"; ¿Qué significa esto? Vayamos a Hebreos 5:7:

"Y Cristo en los días de su carne, ofreciendo ruegos y suplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente"

Entonces "muerto en la carne", en lo que tiene que ver con la naturaleza física que Cristo asumió en la encarnación y que murió en la cruz.

"Vivificado", la palabra griega es "zoopoiéo", que significa (re)vitalizar, dar vida, vivificante, vivificar. Esta palabra se emplea muchas veces para hablar de la resurrección, como en 1 Cor. 15:22: "Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados". Siendo el contexto la resurrección de los muertos como lo expresa el versículo 16: "Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó". También encontramos la misma palabra, siempre refiriéndose a la resurrección en: Ro. 8:11; 1 Cor. 15:28, 45; 2 Co. 3:6, Gal. 3:21.

"En espíritu". Las frases paralelas "en espíritu" y "en carne" parecen rechazar la idea de que aquí se haga referencia al Espíritu Santo. Cuando en otros pasajes del NT se usa, para referirse a Cristo, la expresión "en carne…en espíritu", o su equivalente, se habla de la existencia terrenal de Cristo como ser humano y de su existencia como ser divino después de la resurrección. Podemos comparar esto con la antitesis muy similar de Rom. 1: 3-4

"Acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos."

El hecho de que Cristo verdaderamente murió "en la carne" no significó el fin de su existencia. En la resurrección fue "vivificado" una vez mas. El hecho sublime de que el Cristo crucificado continúa viviendo, se destaca aquí como una seguridad de que aquellos que participan de sus sufrimientos no tienen por qué temer que la persecución que padecen acabará para siempre con su existencia. Cristo triunfó sobre la muerte, y los que sufren con él también están seguros de pasar victoriosamente por las pruebas de fuego de la vida. "Y si el Espíritu de aquel que levantó de lo muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros." Ro. 8:11.

¡Ciertamente "vivificado en espíritu" significa la resurrección de Jesús!

Vers. 19: "en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados."

¿En el cuál qué?, ¿en espíritu? No. RESUCITADO. Jesús fue y predicó después de su resurrección. El texto nos dice que Jesús en ese estado vivificado, resucitado, fue y predicó a los espíritus encarcelados.

¿A dónde fue; al infierno, al purgatorio? No. El contexto una vez mas, indica que Jesús ascendió al cielo a la diestra del Padre (1 Pedro 3:22; Ap. 2:10).

Entonces, Jesús al resucitar, asciende al cielo y se sienta a la diestra del Padre, donde están sujetos a él los ángeles, autoridades y potestades.

Ahora bien; ¿Qué predicó?, el texto, o el contexto, no dicen que Jesús predicó el Evangelio. La palabra Predicar en este pasaje, en griego khrússo (proclamar, predicar, pregonar, publicar, divulgar), no siempre se usa para proclamar el evangelio: Mat. 10:27; Luc. 12:3; Ap. 5:2. Jesús está proclamando a los espíritus encarcelados, no el evangelio sino otra cosa, que veremos mas adelante.

¿Quiénes son estos espíritus encarcelados? Muchos opinan que estos pasajes apoyan la doctrina de la inmortalidad del alma, del estado consciente de los muertos, y que durante el intervalo entre su crucifixión y resurrección Cristo descendió al hades, el reino figurado de los muertos para predicar a los espíritus desencarnados que allí se encontraban. Pero la lógica de este punto de vista pide que esos "espíritus encarcelados" hubieran estado en alguna especie de purgatorio cuando Cristo les predicó, porque el propósito de su predicación era, a no dudarlo, darles una segunda oportunidad para salvarse y escapar del purgatorio. Pero la mayoría de los protestantes que creen que Pedro enseña aquí que el hombre está consciente en la muerte, se horrorizarían de aceptar las doctrinas del purgatorio y la no menos antibíblica de una segunda oportunidad para salvarse. Los que sostienen que Pedro está apoyando la creencia en la llamada inmortalidad natural del alma, deben también explicar por qué Cristo favoreció a los "espíritus encarcelados" de los pecadores muertos en el tiempo de Noé y no les dio la misma oportunidad a los de otras generaciones.

Las Escrituras enseñan claramente que los seres humanos deben aceptar la salvación en esta vida presente porque su tiempo de gracia personal termina con la muerte (Mat. 16:27; Luc. 16:26-31; Rom. 2:6; Heb. 9:27; Eze. 18:24; Apoc. 22:12).

También enseñan claramente que los muertos están inconscientes (Sal. 146:4; Ecl. 9:5-6; Mat. 10:28; Juan 11:11; 1 Tes. 4:13; Gen. 2:7; Ecl. 12:7).

Por tales razones, creer que esos "espíritus encarcelados" son seres conscientes desencarnados capaces de oír y aceptar el Evangelio, contradice muchas evidentes enseñanzas de las Escrituras. Es bueno advertir que Pedro no enseña que Cristo predicó a esos supuestos espíritus desencarnados. Argumentar que la gente de los días de Noé no tuvo una oportunidad razonable par salvarse, es ignorar el hecho de que Noé fue un "pregonero de justicia" de esa generación (2 Ped. 3:20). "La paciencia de Dios" no hubiera esperado "en los días de Noe, mientras se preparaba el arca" (vers. 20), a menos que aquellos a quienes Dios esperaba tan pacientemente no hubieran tenido la oportunidad de creer y obedecer.

En la Biblia, la expresión "espíritus encarcelados", siempre se aplica a Satanás y sus ángeles: Luc. 11:24-26: "Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde Salí. Y cuando llega, la halla barrida y adornada." Notemos que en este pasaje Jesús llama a los demonios o ángeles caídos espíritus. Efe. 2:2: "En los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia." Una vez mas la Biblia llama a Satanás y sus ángeles caídos espíritus. Jud. 6: "Y a los ángeles que no guardaron sus dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día." Este versículo derrama mas luz sobre nuestro estudio, nos muestra quienes realmente son los "espíritus encarcelados".

2 Ped. 2:4-5: "Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos."

Es interesante notar que Pedro, en esta epístola está hablando de lo mismo que en los versículos que estamos estudiando y el mismo Pedro nos dice también quienes son los "espíritus encarcelados".

Debemos de permitir que la Biblia sea su propio intérprete. Debemos de investigar y escudriñar las escrituras y no tratar de poner ideas u opiniones propias y/o de otros.

La Biblia es y debe ser la máxima autoridad en cuestiones de doctrina para todo el mundo; y no la opinión de ningún hombre por más sabiduría que tenga o buenas intenciones.

Alguien nos podría decir u opinar que los "espíritus encarcelados" son los espíritus de los difuntos o muertos que están en el infierno, pero; esa opinión, idea, creencia, etc. Aunque suene muy plausible, es la opinión de esa persona. Notemos que la Biblia nos da una definición muy diferente y es la enseñanza de la Biblia la que debemos de aceptar.

Entonces, los espíritus encarcelados son Satanás y sus angeles, los cuales han sido encerrados en "prisiones eternas" hasta el día del gran juicio de Dios.

Repasemos un poco: El tema central de 1 de Pedro es que Pedro tenía un propósito pastoral al escribir esta epístola. La urdimbre con la cual se entrelaza la trama del consejo del apóstol, es el peligro de la persecución, la inminencia del "fuego de prueba" (Cáp.4:12) y la certidumbre de los tiempos difíciles en los cuales vivían los creyentes. Teniendo en cuenta tal situación, Pedro procura fortalecer la fe de sus lectores, los exhorta a una conducta intachable, a ser ciudadanos ejemplares, a testificar lealmente por Cristo y a prepararse debidamente para encontrarse con su Señor. Y para ayudarlos a alcanzar estas metas, incluye consejos específicos para los criados (Cáp. 2:18), las esposas (Cáp. 3:1-6), los maridos (Cáp. 3:7), los ancianos (Cáp. 5:1-4) y los miembros mas jóvenes de la iglesia (Cáp. 5:5-9). A través de toda la carta se vinculan un tierno espíritu con un firme sentido de liderazgo, ambos santificados mediante un elevado concepto de Cristo.

Pedro les dice a sus lectores que vendrán persecuciones y padecimientos, pero que tenemos que confiar porque también nuestro Señor pasó por los mismo; fue muerto en la carne (crucificado), vivificado en espíritu (resurrección), y en ese estado glorificado después de su resurrección, fue y predicó a Satanás y sus angeles. Pero, ¿Qué predicó?

Dejemos que la Biblia nos lo indique:

"Anulándole acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz." (Col 2:14-15).

En la cruz, Jesús recuperó lo que se había perdido, trajo juicio sobre Satanás y sus ángeles y le quitó todo dominio que Satanás reclamaba como suyo [en la tentación de Jesús, Satanás le había insinuado de que todos los reinos del mundo eran suyos: "Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mi me ha sido entregada, y a quien quiero la doy." (Luc. 4:6)]. Leamos Juan 12:31: "Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera."

Esto ocurrió en la cruz; el mundo volvió a las manos de su legítimo dueño.

Cristo ganó la victoria sobre el pecado, la muerte y Satanás en la cruz, y al resucitar y ascender a los cielos, va y predica, proclama, divulga su victoria sobre Satanás y sus angeles. En base a su amor, y a través de su misericordia demostrados en la cruz, Cristo libera para siempre al pecador arrepentido de las garras de Satanás. En base a su poder, y a través de su justicia, Cristo asciende al cielo donde se siente a la diestra del Padre (1 Ped. 3:22), y arroja por segunda vez a Satanás de los cielos hacia la tierra como el enemigo derrotado (Ap. 12: 7-9), donde está forzado a permanecer aquí, hasta el día en que se ejecute su sentencia.

Pedro está comparando aquí, que así también como en el diluvio, Satanás fue forzado a permanecer encarcelado en la tierra cuando el diluvio juntamente con los impíos; así mismo, cuando Cristo ascendió a los cielos después de su victoria sobre la cruz, Satanás fue arrojado a la tierra por segunda vez (Ap. 12:7-9) y ya no volver jamás entrar al cielo representando a este mundo como su príncipe pues Jesús recuperó para siempre el reino perdido por Adán a manos de Satanás: "El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos." "Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche." (Apo. 11:15; 12:10) y que de la misma manera que Noé y su familia fueron salvadas mediante las aguas que son un símbolo del bautismo que ahora tenemos. La salvación "por agua" de esas "ocho personas" y la razón de Pedro para insertarlo, es el clímax de este paréntesis un poco extenso en cuanto a los antediluvianos. La lección que se deduce de este episodio se expresa en el vers. 21: "así como fueron salvados por agua", así también el bautismo ahora nos salva". Pero tanto esos "ocho" antediluvianos como los cristianos son igualmente salvados en virtud de la resurrección de Cristo de los muertos, pues de ora manera no habría esperanza para ninguno de esos grupos.

El apóstol niega que el simple lavamiento del cuerpo tenga poder alguno para limpiar el alma de una persona y expiar sus pecados. Los lavamientos ceremoniales judaicos sólo simbolizaban una limpieza mas profunda del hombre interior, así también el bautismo cristiano es sólo la representación de una experiencia intima.

¡Qué pasaje más Cristo céntrico es este! Cristo es el centro de este pasaje. Pedro nos está relatando que Satanás y sus ángelesfueron sujetos a Cristo para siempre, por la victoria alcanzada por su sacrificio y resurrección. No está hablando de los ángelesde Dios, pues estos siempre han estado sujetos a Cristo.

Cristo victorioso, resucitado, trajo la salvación a la raza humana caída por el pecado y trajo el juicio de Satanás y sus ángelesy ascendió a los cielos proclamando su victoria.

¡Aleluya!

¿Por qué Pedro escribió este pasaje de esta forma?

Cada texto en la Biblia tiene su marco histórico. Este pasaje no era difícil ni complicado para las personas a las cuales Pedro escribió. Podemos estar seguros de que ellos entendieron perfectamente lo que el apóstol quiso decir. Nosotros somos los del problema hoy en día con este pasaje, por eso debemos de analizar el marco histórico de cada pasaje difícil en la Biblia y eso nos ayudará a entender mejor.

Los "espíritus encarcelados" aparecen en tres pasajes de las epístolas católicas o generales: 1 Ped. 3:18-22; 2 Ped. 2:4-9; y Judas 5-7. La interpretación de estos versículos es difícil, no sólo par quienes creen en la inconsciencia del hombre en la muerte, sino para todos los cristianos que creen que las elecciones que se hacen en vida no pueden modificarse después de la muerte.

Para entender estos pasajes difíciles es necesario tener en cuenta su trasfondo en el Antiguo Testamento y en la literatura intertestamental. En Gén. 6 se relata que los "hijos de Dios: vieron la hermosura de las "hijas de los hombres" y las tomaron como esposas (vers. 2). Luego les nacieron hijos "valientes" que fueron "varones de renombre" (vers. 4). No se dan mas detalles, pero lo que sucedió a continuación no debe haber sido del agrado de Dios, pues se dice que el Señor decidió destruir la tierra por medio de un diluvio a causa de la maldad existente (vers. 7).

El libro seudo epigráfico de Enoc, probablemente del último siglo antes de la era cristiana, amplia esta narración. Según este libro (no inspirado), los hijo de Dios son 200 ángeles caídos que bajan a la tierra y buscan esposas humanas. A ellas los ángeles les enseñan las propiedades medicinales de las plantas y también a hacer encantos.

De estos matrimonios nacen gigantes que comen tanto que la gente llega a detestarlos. En vista de esta actitud, los gigantes se comen a la gente. También "pecan contra los animales" y toman sangre (Enoc 6-7).

Entre otras cosas, los ángeles enseñaron a los humanos a hacer espadas, cuchillos y armadura. También les mostraron a las mujeres el uso de diversos cosméticos y joyas. Había entre ellos astrólogos y magos. El adulterio se hizo común (Enoc 8). Finalmente la gente clamo a Dios por causa de los gigantes y de la maldad de los ángeles casados con las mujeres (Enoc 9). En respuesta a este clamor, Dios mando encerrar a los impíos en una oscura prisión donde debían quedar encerrados por setenta generaciones, hasta el día del juicio (Enoc 10).

Después de esto, Enoc fue designado como el que debía pronunciara el castigo de los ángelesencarcelados por causa de su conducta impía (Enoc 12). Al oír la proclamación de Enoc, los ángeles caídos se arrepintieron y pidieron a Enoc que le presentara a dios el pedido de que en su misericordia los perdonara (Enoc 13).

Pero Dios no acepta la intercesión de Enoc y lo manda a reiterarles a los ángeles caídos el castigo que les aguarda (Enoc 15-16). Este relato fantasioso pasó a ser la interpretación aceptada de Gén. 6 entre muchos judíos y cristianos. Además, la suerte de estos ángeles caídos pasó a servir de ejemplo junto con la suerte de los antediluvianos y los habitantes de Sodoma y Gomorra del castigo que Dios impone a los que desobedecen.

Son evidentes los nexos entre este relato del periodo ínter testamentario y los tres pasajes neotestamentarios que tiene que ver con los "espíritus encarcelados" o ángeles caídos guardados en prisión.

1 Ped. 3:18-22. Este pasaje muestra a Cristo que predica en el espíritu a los espíritus encarcelados que en tiempos de Noé se niegan a obedecer. Este pasaje también afirma que Cristo, gracias a su resurrección, ha subido al cielo a la diestra de Dios, donde los angeles, las autoridades y las potestades le están sujetos (vers. 22).

2 Ped. 2:4-9. En este pasaje se citan tres ejemplos de cómo Dios mantiene a los impíos en reserva hasta el juicio: los ángeles malos, los antediluvianos y los habitantes de Sodoma y Gomorra. Dice que los ángeles están en el infierno, en "prisiones de oscuridad", hasta el juicio.

Judas 5-7. Aquí se afirma que ciertos ángeles no "guardaron su dignidad" y están guardados en prisiones eternas y oscuras. Junto con los hebreos que fueron infieles durante la peregrinación por el desierto, son considerados como ejemplos del castigo divino. Pero aun más interesante que observar los parecidos entre el relato ínter testamentario y los tres pasajes del NT es ver cómo se usó este material, que parece haber sido perfectamente conocido por cristianos y judíos en el siglo I.

En 1 Ped. 3, el apóstol señala la muerte de Cristo por nuestros pecados. Afirma que es apropiado el sufrimiento cuando se lo padece por hacer el bien (vers. 17). Luego sigue l afirmación de que Cristo "proclamó" o "pregonó" a los espíritus encarcelados. Así muestra que no hay por qué tener miedo de los espíritus malignos porque ya han sido condenados. En este sentido, el relato ínter testamentario ayuda a comprender el pasaje, porque Enoc es enviado a anunciar el castigo a los espíritus, no a predicarles salvación.

Pedro sugiere que Cristo ha realizado lo que comúnmente se le atribuía a Enoc. Con su muerte y resurrección ha dado el golpe de gracia a los espíritus malignos. En 2 Ped. 2, los espíritus encarcelados que aguardan el juicio final son sólo un elemento en una serie de ejemplos negativos. Son evidencia de que Dios rescata a los piadosos y castiga a los impíos. Dentro del contexto de una advertencia en contra de falsos profetas y maestros, este pasaje no afirma que sea verdad la leyenda de Enoc. Simplemente la usa como ejemplo.

En Judas 6, la referencia al castigo de los ángeles es incidental. Es parte de una lista de ejemplos, común en el judaísmo de ese periodo, que muestra que Dios tiene preparado el castigo de los falsos maestros que amenazan a los cristianos a quienes Judas escribe. Para algunos, el que un autor inspirado haya podio emplear materiales tomados de una evidente leyenda puede causar dificultad. Sin embargo, corresponde recordar que la parábola del rico y Lázaro (Luc. 16) fue empleada por Cristo mismo para enseñar una lección. Estos tres pasajes parecen entenderse mejor si se supone que los lectores conocían la ampliación intertestamental del relato de Gén. 6. También ocasionan menos dificultad de interpretación cuando se establece que son ejemplos tomados de un pasaje seudo epigráfico conocido, y no afirmaciones teológicas de Pedro y Judas.

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