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LA PITONISA DE ENDOR
La
historia de la pitonisa de Endor es otra de las historias
bíblicas que es usada para tratar de apoyar la doctrina de
la inmortalidad del alma, de la retribución inmediata del
individuo al morir y de que los muertos no están muertos;
sino que todo lo saben.
Esta historia se
encuentra relatada en el capitulo 28 del libro de Primera de
Samuel.
El rey
Saúl está desesperado porque Dios no le habla a través de
los métodos que Dios mandó, y está muy asustado porque los
Filisteos están a punto de acabar con él y su reino.
En su desesperación, el rey Saúl visita a una pitonisa o
médium o canalizador como se le llama hoy en día, para que
le diga lo que tiene que hacer. El rey le pide a la
pitonisa que le traiga del más allá al profeta de Dios
Samuel, y ella con su poder sobrenatural, hace que Samuel
suba de la tierra.
Samuel le pregunta a
Saúl por qué lo ha hecho venir y a continuación le describe
cual va a ser su suerte. Y realmente lo que le predijo
Samuel al rey se cumplió.
Muchos
cristianos hoy toman esta historia como base bíblica de que
los muertos están conscientes al morir, de que la muerte,
como también enseñan todas las filosofías religiosas es una
transición a un estado superior, pero al estudiar con
cuidado esta historia a la luz de lo que dicen Las
Escrituras podemos entender su verdadero significado.
Realmente lo que se
describe aquí es una sección espiritista; que, aunque la
mayoría de ellas son fraudes; se ha demostrado que en muchas
de ellas realmente se siente la presencia de un poder que la
ciencia y la tecnología no pueden explicar.
La ciudad
de Endor estaba ubicada en la ladera septentrional del
collado de More, frente al campamento de los filisteos, a
11,2 Km; unas 7 millas de donde estaba Saúl con sus fuerzas en
el monte de Gilboa. Todavía tiene el mismo nombre hoy
en día, Endór.
Para el
tiempo que el rey Saúl decide consultar a la pitonisa, ya
había desobedecido a Dios reiteradas veces, y hasta había
descuidado sus responsabilidades administrativas en su
intento de exterminar a su rival David. Saúl había
matado a todos los sacerdotes de Dios que simpatizaban con
David (1Sam. 22: 6-18); estaba desesperado porque los
filisteos lo estaban acosando y como si fuera poco, a estas
altura estaba poseído por un demonio (1Sam. 16:14-16);
y como si fuera poco, Dios no le respondía por ninguno de
los medios que él había establecido (1Sam. 28:6): “Y
consultó Saúl a Jehová; pero Jehová no le respondió, ni por
sueños, ni por Urim, ni por profetas.” Debemos de
aclarar que en 1Cron. 10:14 se afirma que Saúl no
consultó a Jehová, pero no hay discrepancia entre estas dos
declaraciones. Con frecuencia las palabras hebreas son más
abarcantes que las nuestras en su significado. La palabra
“consultar” puede incluir como en 1Cron. 10:14 todo
el proceso de (1) pedir información, (2) recibir una
respuesta, (3) actuar de acuerdo con la respuesta. En el
versículo que ahora consideramos, Saúl no efectuó esta clase
de consulta. La palabra “consultó” se usa en un
sentido más restringido. Saúl trató de conseguir información
de Dios, pero el Señor no le contestó.
En esta
situación deplorante y angustiosa se encontraba Saúl, y en
su desesperación decide apartarse del todo del mandamiento
de Dios y consultar a “los muertos por los vivos”.
Vamos a
analizar los versículos (3-19).
El verso 3 nos dice que
ya “Samuel era muerto” y estaba en el sepulcro, según el
relato Samuel sabe lo que le pasará a Saúl; pero la Biblia
dice “los muertos nada saben” (Ecl. 9:5-6); Dios había
prohibido el método que usó Saúl: “Y el hombre o la mujer
en quienes hubiere espíritu pitónico o de adivinación, han
de ser muertos; los apedrearán con piedras, su sangre sobre
ellos.” (Lev. 20:27; Lev. 20:6; Deut. 18:11; 2 Rey. 21:6;
23:24; 2 Cro. 33:6; Isa. 8:19; 19:3).
También debemos
notar que a lo largo de su vida Samuel obedeció a Dios y era
un verdadero profeta de Dios, y es incomprensible que Samuel
le respondiera a Saúl por métodos que él sabía que Dios
había prohibido. Además Saúl sabía que lo que estaba
haciendo era incorrecto, en su insensato apresuramiento Saúl
recurrió a la fuente de información que él mismo había
condenado: “Y Saúl había echado de la tierra los
encantadores y adivinos.” (1 Sam. 28:3). El hombre
que una vez estuvo lleno de celo espiritual, ahora se
entregó a la superstición pagana de invocar los supuestos
espíritus de los difuntos en procura de ayuda. Porque él
sabía que estaba haciendo mal, se disfrazó:
“Entonces Saúl dijo
a sus criados: Buscadme una mujer que tenga espiritu de
pitón, para que vaya a ella, y por medio de ella pregunte.
Y sus criados le respondieron: He aquí hay una mujer en
Endor que tiene espíritu de pitón. Y disfrazóse Saúl,
y púsose otros vestidos, y fuese con dos hombres, y vinieron
a aquella mujer de noche; y él dijo: Yo te ruego que me
adivines por el espíritu de pitón, y me hagas subir a quien
yo te dijere.” (1 Sam. 28:7-8).
El versículo 13 nos declara que
la mujer exclama: “¿Por qué me has engañado? Que tú eres
Saúl.”, indudablemente los espíritus le informaron a la
mujer de la identidad de Saúl; la información era de origen
sobrenatural; pero no procedía de Dios. El había
mostrado su aborrecimiento por la práctica de la nigromancia
al condenar a muerte a cuantos la practicaban, como lo
expresan los versículos arriba citados.
De modo que la
comunicación debe haber procedido de otra fuente. Hay
quienes sostienen que los espíritus de los muertos vuelven
para comunicarse con los vivos. Para ellos, el espíritu de
Samuel respondió a la invocación de la médium. Pero
una comunicación de Samuel hablando como profeta,
indirectamente habría sido una comunicación de Dios, y se
declara expresamente que el Señor rehusaba comunicarse con
Saúl (1 Sam. 28:6).
La enseñanza de que los espíritus de los
muertos vuelven para comunicarse con los vivos se basa
en la creencia de que el espíritu del hombre existe en
estado consciente después de la muerte y que, en realidad,
ese espíritu es el hombre mismo. La Biblia enseña
claramente que, al morir, el espíritu vuelve a Dios que lo
dio (Ecl. 12:7), pero el A.T enfáticamente niega que
ese espíritu sea una entidad consciente (Job 14:21; Sal.
146:4; Ecl. 9:5-6). El NT enseña la misma doctrina.
Jesús indicó que será en su segunda venida, y no en el
momento de la muerte, cuando el creyente se reunirá con su
Señor (Ju. 14:1-3). De lo contrario, Jesús
podría haber consolado a sus discípulos afligidos con el
pensamiento de que pronto les sobrevendría la muerte y que
asi inmediatamente irían a las mansiones celestiales para
estar con él. Para confortar a los que habían llevado a sus
amados al descanso, Pablo declaró expresamente que los que
vivieran no iban a preceder a los muertos, sino que todos se
reunirían con el Señor en el mismo momento (1 Tes.
4:16-17)
“¿Por
qué me has engañado? Que tú eres Saúl. Y el rey le dijo: No
temas. ¿Qué has visto? Y la mujer respondió a Saúl: He
visto dioses que suben de la tierra.”
¿De dónde viene Samuel?
Samuel sube de la tierra. Pero, ¿Cómo es esto
posible?, ya que Samuel es salvo: “Conforme a la fe
murieron todos éstos sin haber recibido las promesas, sino
mirándolas de lejos, y creyéndolas, y saludándolas, y
confesando que eran peregrinos y advenedizos sobre la
tierra.”; “Que si se acordaran de aquella de donde salieron,
cierto tenían tiempo para volverse. Empero deseaban la
mejor, es a saber, la celestial; por lo cual Dios no se
avergüenza de llamarse Dios de ellos, porque les había
aparejado ciudad.”; “¿Y qué más digo? Porque el tiempo me
faltará contando de Gedeon, de Barac, de Sansón, de Jefté,
de David, de Samuel, y de los profetas.”; “Y todos éstos,
aprobados por testimonio de la fe, no recibieron la
promesa.”(Heb. 11:13, 15, 16, 32, 39).
Según
estos versículos Samuel es salvo, entonces; ¿Cómo es que
sube de la tierra en vez de bajar del cielo?; también
notemos en estos versículos que Samuel murió y no recibió la
promesa, la recompensa, o sea que todavía él está en el
sepulcro.
Leamos
1 Sam. 28:19: “Y Jehová entregará a Israel también contigo
en mano de los filisteos, y mañana seréis conmigo, tú y tus
hijos; y aun el campo de Israel entregará Jehová en mano de
los filisteos.”
Todas la personas que
creen que el alma es inmortal y que una persona al morir
recibe inmediatamente su recompensa; si fue bueno se
va al cielo y si fue malo al infierno; oseas que los buenos
y los malos se van a lugares separados, deberían leer con
cuidado este versículo, porque lo que el supuesto Samuel le
dice a Saúl, es que Saúl estará mañana en el mismo lugar que
está Samuel, estarán juntos; o seas que los buenos y los
malos se van al mismo lugar al morir y que no hay
diferencias. Y esto inclusive contradice las doctrinas
falsas de la inmortalidad del alma que enseñan la mayoría de
las iglesias.
Pero, ¿sabes qué?, este
versículo contradice esas falsas doctrinas, pero no
contradice la doctrina del espiritismo; ya que el
espiritismo enseña que todos al morir vamos al mismo lugar,
y que no hay diferencias entre malos y buenos. Ambas
doctrinas son abominación a Dios, están en desacuerdo con lo
que enseña claramente la Santa Biblia.
“¿Por
qué me has engañado? Que tú eres Saúl. Y el rey le
dijo: No temas. ¿Qué has visto? Y la mujer respondió a Saúl:
He visto dioses que suben de la tierra. Y él le dijo:
¿Cuál es su forma? Y ella respondió: Un hombre anciano
viene, cubierto de un manto. Saúl entonces entendió que era
Samuel, y humillando el rostro a tierra, hizo gran
reverencia.” (1 Sam. 28:13-14)
Saúl nunca vio a
Samuel, él creyó y aceptó lo que le dijo la pitonisa y creyó
que era Samuel. Es interesante notar que la pitonisa le dice
a Saúl que “He visto dioses que suben de la tierra”
En hebreo, la palabra dioses es ‘elohim, título
usado más de 2500 veces para el verdadero Dios, ésta es la
misma palabra que se encuentra en el Génesis para referirse
a Dios, lo que nos lleva al huerto del Edén, y de la primera
mentira que Satanás le dice a la mujer: “y seréis como
dioses”. Lo que esto implica es que lo que realmente
la pitonisa le dice a Saúl, es que Samuel es Dios.
Saúl le pregunta a la mujer cual es su
forma, y las preguntas de Saúl, junto con las respuestas de
la mujer, en si mismas constituyen una evidencia de que él
mismo no vio la aparición. Cuando ella describió la
aparición, Saúl “entendió que era Samuel”.
Seria contrario a todo principio de rectitud
imaginar que una nigromante recibió autoridad divina para
llamar a Samuel de su lugar de descanso. Seria
completamente inconcebible suponer que Dios, que había
anatematizado la nigromancia (Deut. 18:10-12),
hubiera accedido al pedido de una médium para perturbar a
Samuel, su santo que dormía.
Pero así como Satanás tuvo
poder para presentarse delante de Jesús en el desierto como
un ángel de luz, también él o sus instrumentos, si se les
permitía, podían imitar a Samuel, tanto en la forma como en
la voz. El diablo aprovechó esta oportunidad para mofarse de
Saúl con la ironía de su suerte. El mismo hombre que una vez
había perseguido a los que practicaban la magia negra, ahora
de rodillas imploraba ayuda a ese poder.
“Y Samuel dijo a Saúl: ¿Por
qué me has inquietado haciéndome venir? Y Saúl respondió:
Estoy muy congojado, pues los filisteos pelean contra mí, y
Dios se ha apartado de mí, y no me responde más, ni por mano
de profetas, ni por sueños; por esto te he llamado, para que
me declares qué tengo que hacer.
Entonces Samuel dijo: ¿Y para qué me
preguntas a mí, habiéndose apartado de ti Jehová, y es tu
enemigo?
Jehová pues ha hecho como habló por medio de
mí; pues ha cortado Jehová el reino de tu mano, y lo ha dado
a tu compañero David.
Como tú no obedeciste a la voz de Jehová, ni
cumpliste el furor de su ira sobre Amalec, por eso Jehová te
ha hecho esto hoy.
Y Jehová entregará a Israel también contigo
en mano de los filisteos, y mañana series conmigo, tú y tus
hijos; y aun el campo de Israel entregará Jehová en mano de
los filisteos.” (1 Sam. 28:15-19).
No debemos interpretar estos pasajes como
que significara que realmente habló Samuel. El
escritor tan sólo describe los sucesos tal como parecían.
También la Biblia habla del sol que sale y que se pone, y
así también lo hacemos nosotros, y nadie se engaña o se
confunde porque tan sólo estamos hablando de apariencias. En
realidad el sol no se levanta ni se pone, sino la tierra es
la que gira. En estos versículos que consideramos, el
contexto y una comparación con otros pasajes hacen ver que
las palabras aquí atribuidas al profeta fallecido provenían
de una personificación de Samuel.
Es pues evidente que el espíritu de Samuel
no se comunicó en este momento con Saúl. Queda otra fuente
para esa comunicación. Las Escrituras revelan que
Satanás y sus ángeles pueden impartir informaciones, y
también cambiar su forma (Mat. 4:1-11; 2 Co. 11:13-14).
La aparición que se presentó ante la mujer de Endor era una
personificación satánica de Samuel, y el mensaje impartido
tuvo su origen en el príncipe de las tinieblas.
La Santa Biblia predice un aumento de las
manifestaciones sobrenaturales en los últimos días (Mat.
7:22-23; 2 Tes. 2:9; Apoc. 13:13-14; 16:14). La única
salvaguardia contra estos artificios engañosos es estar tan
bien afianzado en las verdades bíblicas, como para que el
tentador sea reconocido a pesar de su disfraz. Una fe firme
en la verdad del estado inconsciente de los muertos
desbaratará cualquier intento del enemigo para infiltrar su
propaganda por médiums espiritistas y supuestas
comunicaciones con los muertos. Satanás se deleitó
desenmascarando a Saúl y se mofó del extraño proceder del
rey al pedir ayuda al poder que una vez combatió.
De que era Satanás quien hablaba y no Samuel
se desprende del hecho de que le dijo a Saúl que Jehová era
su enemigo. Esta declaración y las de los versículos que
siguen ilustran un engaño característico del diablo. A
partir de su caída, Satanás se ha esforzado para pintar el
carácter de Dios con falsos colores, representa a Dios como
un tirano vengativo que arroja en el infierno a todos los
que no le temen.
Seduce a los hombres para que pequen y luego
presenta su caso como completamente sin esperanza.
Representa a Dios como reacio a perdonar al pecador mientras
exista la más pequeña excusa para no recibirlo. Así presenta
a Dios ante los hombres como su enemigo. Este concepto está
en la raíz de las religiones paganas que enseñan la
necesidad de los sacrificios para apaciguar a un Dios
enojado. Es muy opuesta esta doctrina a las enseñanzas de
las Escrituras, donde se representa a un Dios que ama a
todos y estuvo dispuesto a hacer un sacrificio supremo para
salvar a los culpables (Juan. 3:16)
Debido a que Saúl se rebajó
voluntariamente ayudando al adversario, Satanás usó esta
oportunidad para burlarse de él y desanimarlo. Ante la
batalla inminente, Satanás hizo que Saúl creyera que estaba
irremediablemente perdido.
En realidad, el Señor podría haber salvado
entonces a Israel tan fácilmente como lo había hecho en
Mizpa (Cap. 7:10). Pero en aquella ocasión los
israelitas habían confesado sus pecados y clamado “a
Jehová”. Si Saúl hubiese confesado su pecado, hubiese
convocado a los israelitas, les hubiese hablado de su
debilidad y los hubiese inducido a renovar su consagración
al Señor, el resultado de la batalla podría haber sido muy
diferente. Al presentar delante del rey la aparente
imposibilidad de recibir perdón, Satanás tuvo éxito en
desanimar del todo a Saúl e inducirlo a su ruina.
¿Por qué Dios permitió que se
escribiera esta historia en su palabra?
Lo que el Señor nos enseña aquí, no es que
las personas cuando mueren están conscientes o que reciben
su recompensa inmediatamente al morir. Ya se ha dicho que la
gran mayoría de las iglesias cristianas se apoyan en esta
historia para “tratar” de demostrar la inmortalidad del alma
y el estado consciente de los muertos.
Creemos que con la explicación detallada
sobre estos versículos, y un estudio consciente de estos
temas en todas las Escrituras se concluye que Samuel no
habló con Saúl, sino Satanás. Pero volvemos a la pregunta:
¿Por qué se escribió esta historia?
Satanás odia la Santa Biblia; porque ella
nos enseña del amor de nuestro Creador, pero también
porque a través de su estudio Satanás es desenmascarado.
Satanás presentó frente a Saúl su caso como
imposible de recibir perdón, de que su futuro y su suerte
eterna ya estaban sellados, y lamentablemente Saúl le creyó.
¿Cuántas personas se han quitado la vida en
un momento de desesperación, creyendo que ni aun Dios podía
perdonarlos? ¿Cuántos millones hay, en estos precisos
momentos, angustiados, desesperados, sintiendo un infinito
peso de culpa y desgracia; que no se sienten dignos del
perdón ni siquiera de Dios?
Millones más hay que se sienten perdidos
para siempre; que alguna vez fueron a la iglesia, que a lo
mejor eran fervorosos cristianos, pero que piensan que Dios
es su enemigo, y que se deleita con sus pesares.
Satanás se burla de ellos. Es posible que no
se aparezca como Samuel o como un profeta de Dios, pero
susurra al oído que han pecado tanto que ya ni Dios los
quiere, y así mata las esperanza de millones de personas de
alcanzar misericordia y el perdón de Dios.
Lo mismo nos pasa a nosotros
también, cuando pecamos, y nos sentimos separados de Dios,
que no queremos orar ni estudiar su palabra, Satanás influye
para disminuir nuestra fe en las promesas de nuestro Padre,
para traer desanimo y desaliento a nuestras vidas. Nos
trata como trató a Saúl, lleva un registro exacto de todos
nuestros pecados y dónde y cómo hemos caído, porque él sabe
en que somos débiles y nos hace caer, y cuando estamos en el
piso, Satanás es un enemigo sucio porque en vez de esperar a
que nos levantemos después de caer, nos pisotea.
Y si tratamos de aferrarnos a las promesas
de ayuda, perdón y protección divinas, nos revuelca en la
cara lo malo que hemos sido, presenta a Dios como nuestro
peor enemigo, justiciero, vengativo; y si decimos que no,
que Dios es amor que él es nuestro amigo, entonces nos dice
que “nosotros” somos los enemigos de Dios y que hemos
perdido toda esperanza.
El caso de Saúl era
desesperado, pero, si se hubiera arrepentido y hubiese sido
sumiso, Dios podría haber convertido sus faltas en peldaños
para el éxito. La experiencia de Saúl ilustra la
verdad: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también
segará” (Gal. 6:7)
Satanás le mintió a Saúl, le dijo que por
sus pecados era que Dios iba a permitir que él se perdiera
para siempre: “Como tú no obedeciste a la voz de Jehová,
ni cumpliste el furor de su ira sobre Amalec, por eso Jehová
te ha hecho esto hoy.
Y Jehová entregará a Israel también contigo
en mano de los filisteos, y mañana seréis conmigo, tú y tus
hijos; y aun el campo de Israel entregará Jehová en mano de
los filisteos”.
Es verdad que por su desobediencia Dios
había cortado el reino de las manos de Saúl y se lo había
entregado a David; en eso Satanás tenía razón, y era algo
que Saúl también sabía. Pero Satanás le dice a Saúl que
Jehová le quitaría la vida, y que él se perdería porque
Jehová era su enemigo. Cabe aclarar que Satanás no puede
predecir el futuro, pero él revela sus planes que él quiere
hacer si se le permite.
Al desobedecer a Dios y consultar a la
pitonisa, Saúl se había puesto por entero en las manos de
Satanás y éste podía hacer con Saúl lo que quisiera,
inclusive quitarle la vida como lo predijo. Pero Satanás aun
con la verdad habla mentiras; y las razones que les dijo a
Saúl acerca de por qué podía morir no eran del todo
ciertas, pues la Biblia nos dice: “Así murió Saúl por su
rebelión con que prevaricó contra Jehová, contra la palabra
de Jehová, la cual no guardó; y porque consultó al pitón
preguntándole, y no consultó a Jehová; por esta causa lo
mató, y traspasó el reino a David, hijo de Isaí” (1 Cro.
10:13-14).
Le dijo una verdad a medias, le dijo que fue
sólo por lo de Amalec, pero no le dijo la gran abominación
de consultar a la pitonisa.
Hoy en día hay millones de
personas que recurren a los centros espiritistas, van a
“consultar a los muertos por los vivos”. Que creen en
amuletos y prenden velas y limpian la casa con incienso y
amoniaco. Que guardan envases con aceites de colores y
nombres raros en la nevera o en las esquinas de la casas.
El espiritismo esta de moda, y tiene hoy
muchas vertientes y variantes; ya no sólo es ese señor o
señora con un tabaco en la boca y un paño de colores en la
cabeza; ahora están los síquicos, los numerólogos, los
astrólogos, los guías espirituales, los que creen en los
ángeles, la aromaterapia, la meditación con los sonidos, de
todo hay, pero el fin es el mismo: “alejar a los espíritus
malos, hacer una limpieza, porque alguien nos hizo un
trabajo, etc.
Pero estos no son los medios ni los métodos
que dijo Jehová.
Y cualquier persona que lo practique acabará
como Saúl.
Saúl se perdió para siempre, pero todavía
nosotros podemos alcanzar la salvación aceptando a Jesús
quien murió por nosotros y creer en su palabra. Aun
hay esperanza para nosotros, no importa el estado en que nos
encontremos. Nuestro caso no está cerrado por Dios. Hagamos
lo que Saúl no hizo. Arrepintámonos de nuestros pecados y
pongamos nuestro corazón permeable a las influencias del
Espíritu Santo, y nuestros errores serán usados por Dios
para nuestra bendición.
La historia de Saúl es triste, pero tiene
una gran lección para todos nosotros, cristianos y no
cristianos. Saúl fue una vez un profeta de Dios; a
través del Espíritu Santo Dios le cambió el corazón a Saúl (1
Sam. 10:6); Saúl tuvo un gran conocimiento de Dios y de
su voluntad, pero se empezó a alejar de Dios lentamente,
hasta que no pudo ya mas regresar. Lo mismo pasó con
Judas, quien era un buen cristiano, Judas creía y quería a
Jesús, pero al igual que Saúl, desobedeció a Dios; y pudo
más la avaricia y la gloria pasajera que la gloria de Dios.
Podemos
estar en la iglesia por años, podemos ser predicadores,
maestros y haber ganados muchas almas para Dios. Las vidas
de Saúl y Judas ilustran un principio fundamental: “nadie se
va a salvar por su relación pasada con Dios” Podemos haber
alcanzado la cúspide de la santidad y haber estado delante
de la misma presencia del Señor; es nuestra relación
presente la que nos salva. Por eso Jesús nos manda a orar,
velar sin cesar, no “dormir” espiritualmente para que no
entremos en tentación. “Así que, el que piensa
estar firme, mire que no caiga (1Co.10:12).
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