|
EL ANHELO DE PABLO
“Conforme a mi anhelo y esperanza de que en nada seré avergonzado; antes
bien con toda confianza, como siempre, ahora también será magnificado Cristo
en mi cuerpo, o por vida o por muerte. Porque para mi el vivir es Cristo, y
el morir es ganancia. Más si el vivir en la carne resulta para mí en
beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. Porque de ambas cosas
estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo
cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa
de vosotros.” Fil. 1:20-24
Cuando estudiamos la Biblia, tenemos que entender que todo versículo tiene
un contexto y un marco histórico, en el cual el documento, el libro o la
carta, son dirigidos y necesitamos entender el marco histórico y el contexto
para poder comprender el pasaje o versículo.
La Epístola
a los Filipenses fue escrita en Roma durante el primer encarcelamiento de
Pablo en esa cuidad. Habían pasado más de diez años desde que Pablo
predicara por primera vez el Evangelio en Filipos. Lucas describe las
circunstancias de la primera visita del apóstol a Filipos (Hech. 16).
Varios años mas tarde, cuando regresaba a Jerusalén después de terminar su
tercer viaje misionero, Pablo se detuvo otra vez en Filipos. Era el
tiempo de la pascua, y el apóstol la observó con los creyentes. Debe haber
disfrutado de unos días de pacifica y feliz comunión que le fue concedida
junto con aquellos que se encontraban entre los mas amados y leales de todos
sus conversos (Hech. 20:6).
Pablo
regresó a Jerusalén, y poco después fue arrestado y encarcelado en Cesarea
por lo menos durante dos años (Hech. 24:27). Entonces tuvo lugar su
viaje a Roma, donde vivió “dos años entero en una casa alquilada” (Hech.
28:30).
Durante
este encarcelamiento Pablo escribió, sin duda, su epístola a la iglesia de
los filipenses y también las cartas a los colosenses, a los efesios y a
Filemon. Pablo fue aprisionado dos veces, y en su segundo aprisionamiento,
fue muerto.
Notemos Fil. 1:1-2; 13-14: “Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a
todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y
diáconos: gracias y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor
Jesucristo.” “de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo
en todo el pretorio, y a todos los demás. Y la mayoría de los hermanos,
cobrando animo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar
la palabra sin temor.”
Pablo sospechaba que no había llegado el momento
de morir y que pronto iba a se dejado en libertad, y es en este contexto y
marco histórico que debemos de estudiar los versículos 20-24. Las
prisiones de Pablo habían servido para que otros se atrevieran a predicar el
Evangelio sin temor, pero lo que realmente quería y anhelaba Pablo era no
ser avergonzado, es decir, o por fallas en su propia vida o por ser
rechazado por Cristo. No está anticipando tales desastres sino que,
confiando en el triunfo, expresa más bien el deseo de que no ocurran.
Pero, ¿Cuál
realmente era el anhelo y deseo continuo de Pablo?
Leamos:
“porque el continuo anhelar de las criaturas espera la manifestación de los
hijos de Dios.” “y no sólo ellas, mas también nosotros mismos, que tenemos
las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros
mismos, esperando la adopción, es a saber, la redención de nuestro cuerpo.”
(Rom. 8:19,23)
Fijémonos que según el mismo Pablo su anhelo no
es ir al cielo al morir, sino la redención de su cuerpo. Y en los versículos
20-24 Pablo dice que Cristo va a ser magnificado, pero ¿Cómo? Magnificar es
engrandecer o celebrar una grandeza que ya existe. El cristiano no puede
engrandecer más a Cristo, pues en él reside toda grandeza, pero puede
magnificarlo delante de los demás con su testimonio personal, a través de
una vida santificada que testifica a otros del poder de Jesús para cambiar
las vidas. Y Pablo magnifica a Cristo a través de su vida.
El mismo
Pablo nos lo explica dos capítulos mas adelante: “Pero las cosas que para
mí eran ganancias, helas considerado pérdida por amor de Cristo. Y
ciertamente, aun considero todas las cosas pérdida por el eminente
conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido
todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo.”
Pero, ¿Qué pasa si Pablo muere; entonces cómo es
magnificado Cristo?
“De
cierto, de cierto te digo: Cuando eras más mozo, te ceñías, e ibas donde
querías; mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro,
y te llevará a donde no quieras. Y esto dijo, dando a entender de qué
muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, dícele: Sígueme.” (Juan
21:18-19)
Esta fue la
misma experiencia de Pablo, que fue martirizado, los mártires testifican y
glorifican a Dios con sus muertes, como el caso de Esteban en Hechos 7.
Pablo
estaba allí cuando Esteban fue martirizado y la paz y la actitud de Esteban,
les dijeron a Pablo y a muchos de que él tenía algo, creía en alguien que en
esos momentos le estaba dando fortaleza para pasar por la prueba, de que
tenía una fe en Cristo que era verdadera.
La
afirmación de Pablo no es la de un pesimista que dice: “la vida no es digna
de vivirse”, no es la de uno que ya está aniquilado, que ya no puede
disfrutar de la vida, ni la de un santo cansado y agotado por sus tareas,
con deseos de terminar con sus pruebas y persecuciones. Pablo no estaba
amargado, ni era adusto o cínico. La declaración de que para él morir es
ganancia, se refiere a un tema mas elevado que sus propias perspectivas:
“se preocupaba por ensalzar a Cristo. Si su Señor creía que lo mejor era que
diera testimonio mediante su vida y ministerio, representaría debidamente a
Cristo; pero la muerte de un justo también puede ser una poderosa
confirmación de la eficacia del Evangelio de la gracia. El contraste entre
su muerte y la muerte de alguien que muere sin esperanza seria tan notable,
que su influencia beneficiaría al reino de Cristo. Los corazones se
conmueven y se enternecen por la tranquila seguridad y la confianza de aquél
cuya esperanza radica completamente en su Dios, aun en la hora de la muerte.
El cristiano no tiene nada valioso que perder debido a la muerte, pero sí
mucho que ganar. Se libera de tentaciones, pruebas, fatigas y dolores, y en
la resurrección recibe una gloriosa inmortalidad.
Esto
es lo que Pablo expresa en Fil. 1: 20-21. No dice cuando mi alma
salga volando al cielo. Pablo tenía muchas vicisitudes como él mismo lo
expresa en 2 Co. 11:22-33.
Entonces sería un descanso el morir para Pablo.
Fijémonos
otra vez en el contexto de Fil. 1:22-23: “Mas si el vivir en la carne,
esto me será para fruto de la obra, no sé entonces qué elegir.
Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo
deseo de ser desatado, y estar con Cristo, lo cual es mucho mejor.”
Vivir en la
carne es estar vivo; porque para Pablo carne y sangre es esta vida presente.
El seguirá predicando y ganando almas para el Señor: “A causa de la
esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual habéis oído ya por
la palabra verdadera del Evangelio. El cual ha llegado hasta vosotros, como
por todo el mundo; y fructifica y crece, como también en vosotros, desde el
día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad.” (Col. 1:5-6).
Pablo nos presenta dos opciones: Seguir viviendo
o morir; y entre estas dos opciones él no sabe cual escoger. Pero al
final del versículo 23; nos presenta una tercera opción: “partir con
Cristo y estar con él”.
Ahora bien;
¿Cuándo esperaba Pablo partir o ser desatado y estar con Cristo?
“Por lo
cual, os decimos esto en palabra del Señor; que nosotros que vivimos que
habremos quedado hasta la venida del Señor, no seremos delanteros a los que
durmieron.” (1 Tes. 4:15). Pablo esperaba estar con Cristo en su segunda
venida, no cuando él muriera. Pablo escribió esto al principio de su
ministerio, él esperaba estar con Cristo por medio de la traslación de los
vivos; en Filipenses Pablo no dice que quiere morir para estar con Cristo
inmediatamente, o que su alma inmortal va a ir al cielo cuando él muera.
Leamos otra
vez el versículo 24: “Empero quedar en la carne es más necesario por
causa de vosotros”. El anhelo de Pablo era engrandecer, magnificar
a Cristo; en vida predicando el Evangelio y atendiendo a las necesidades de
la iglesia; y si muere, morir testificando por Cristo; o como nos dice al
final del verso 23, estar vivo cuando Cristo venga lo cual es mucho mejor
porque no muere y recibe la redención.
Vayamos a 2 Tim. 4:6-8: “Porque yo ya estoy para ser ofrecido, y el
tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado
la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corana de
justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a
mí, sino también a todos los que aman su venida.”
Es
interesante notar el tono de estos versículos. Pablo escribió esta
epístola estando preso por segunda vez; y en esta ocasión él sabe que va a
morir. Dice que el tiempo de su “partida está cercano”; ¿partida hacia
dónde? No dice aquí para el cielo; Pablo va a ser ofrecido como mártir
por su fe, y su partida es su muerte.
Estos
versículos son bien claros: según estos versículos, ¿Cuándo esperaba Pablo
estar con Cristo? ¿Cuándo Cristo venga o Pablo muera?
El mismo Pablo, en el mismo libro de Filipenses nos dice cuál era su
esperanza:
“A fin
de conocerle, y la virtud de su resurrección, y la participación de sus
padecimientos, en conformidad a su muerte” (Fil. 3:10).
“Mas
nuestra vivienda está en los cielos; de donde también esperamos al Salvador,
el Señor Jesucristo. El cual transformará el cuerpo de nuestra bajeza, para
ser semejante al cuerpo de su gloria, por la operación con la cual puede
también sujetar a sí todas las cosas” (Fil. 3:20-21).
Es evidente que Pablo quería estar con Cristo; su
anhelo era glorificar a Cristo a cada instante de su vida, y si moría;
quería también con su muerte glorificar a su Señor. Pero él sabía que para
estar con Cristo personalmente, Cristo tenía que venir estando él vivo; o
morir y no irse al cielo su alma inmediatamente sino cuando Cristo venga y
resucite a los que duermen en él.
Tomar estos escritos de Pablo y tratar de enseñar con ellos la inmortalidad
del alma, y de que nos vamos derechito al cielo es torcer las Escrituras y
no entender la luz de verdad que Dios nos arroja a través de estos
versículos.
Debemos de
vivir una vida como la de Pablo si queremos ir al cielo y estar con Cristo.
Debemos de glorificar y magnificar al Señor a cada instante de nuestras
vidas, con nuestros actos, nuestras palabras, con nuestro trabajo secular y
el trabajo misionero, glorificar a Dios con todo lo que tenemos y hacemos,
con nuestro tiempo, con nuestro cuerpo. Así fue que vivió Pablo y esta
es la lección que él nos muestra en estos versos. No que el alma es
inmortal. Y si hemos de morir antes de que Cristo venga; aun muriendo
testificamos que creemos en el Rey del universo. ¡Aleluya!
Porque como
lo dijo el propio Pablo: “Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a
nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues
hemos llegado a se espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres” (1
Co. 4:9).
|